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domingo. 26.06.2022

¡Fuera esas manos de Ucrania! ¡Yanky, vete a casa!

Por Enrique Viaña | La secretaria adjunta al departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, acaparó titulares hace unos días cuando hablaba con el embajador de su país en Ucrania y el teléfono fue intervenido mientras decía: "¡Que se joda la UE!"...

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Victoria Nuland | Secretaria adjunta al departamento de Estado norteamericano

La secretaria adjunta al departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, acaparó titulares hace unos días cuando hablaba con el embajador de su país en Ucrania y el teléfono fue intervenido mientras decía: "¡Que se joda la UE!" Obviamente, no le gustaba nada el enfoque europeo en la crisis de Ucrania, pero no estaba claro el por qué. ¿Acaso los europeos eran demasiado radicales? Claro que no; más bien, lo contrario. Más tarde,  Nuland rehusó comentar "conversaciones diplomáticas privada". Las palabras 'privadas' y 'diplomáticas' resultan contradictorias. 'Secretas' o 'confidenciales' habrían sido más adecuadas para describir el tenor de una conversación diplomática. Sin embargo, el uso de 'privadas' fue deliberado. Pretendía sugerir que el exabrupto era meramente suyo, al tiempo que eludía pedir disculpas, lo que habría sido lógico en una representante cualificada del departamento de Estado. En otras palabras, la explicación buscaba desviar la atención de la desagradable visión que el departamento tiene de la posición europea acerca de Ucrania. Lo que añade interés a aclarar el por qué de esa visión.

Unos días después, George Friedman publicó un provocativo análisis del episodio. Friedman es presidente de Stratfor, "compañía que él fundó en 1996 y que ahora es líder en el campo de la inteligencia global", según informa al visitante de su página web una nota biográfica. El artículo fue transcrito en su totalidad por EconMatters, que busca aportar "el análisis económico global y de mercados que cuenta". El análisis de Friedman es sencillo. La estrategia norteamericana en política exterior, sobre todo hacia Rusia y el Oriente Próximo, ha cambiado radicalmente. Después de una década larga de intervenciones militares fracasadas, o casi, de Afganistán en 2001 a Libia en 2011, pasando por Irak en 2003, EEUU ha decidido dejar que otros libren sus guerras. Siria ejemplifica el nuevo enfoque. En Siria, sin embargo, EEUU hizo de la necesidad virtud, ya que fue la oposición rusa lo que, en parte, bloqueó a Norteamérica. Y es el veto ruso a una intervención militar de la ONU, montada sobre el modelo de Afganistán-Libia, lo que evidencia el resurgir de Rusia como gran potencia. Ahora bien, Friedman viene a decir que Rusia, como gran potencia, se opone frontalmente a Norteamérica. Por tanto, su resurgir obliga a Norteamérica a adoptar una nueva estrategia, y Ucrania es el laboratorio para probarla. En lo fundamental, el desencuentro EEUU-UE es acerca de la actitud a mantener hacia Rusia. Alemania, liderando a la UE, mantiene un enfoque de distensión, mientras que EEUU prefiere uno más duro. Eso explicaría las airadas palabras de Nuland. Hasta aquí, la cosa parece normal.

Lo que resulta más interesante del artículo de Friedman es su análisis de las consecuencia de ambas posturas. Reconoce que la elección del presidente Viktor Yanukovich fue correcta, según la mayoría de los observadores. Tanto si gusta como si no, su rechazo a firmar un acuerdo con la UE está dentro de sus competencias constitucionales y es plenamente legal, por tanto. Igual por lo que respecta a su buena disposición ante las seductoras ofertas de Rusia. Que un presidente constitucional, debido a su actuación dentro de prerrogativas constitucionales, sea obligado a dimitir por una revuelta callejera crearía un peligroso precedente. Seguiría una crisis constitucional, con toda probabilidad, en una nación dividida y todavía en construcción. Y eso explica por qué Alemania y la UE se muestran cautas sobre la salida de la crisis y preferirían buscar un acuerdo con Rusia. Friedman toma nota de que una Ucrania estable reforzaría a Rusia, en tanto que una Ucrania inestable, hundida en una crisis constitucional, crearía enormes problemas a Rusia casi en su propia casa. Llevando el argumento de Friedman acaso no demasiado lejos, se diría que si, como consecuencia tanto de la crisis constitucional como de su división irreconciliable, Ucrania se dejara arrastrar a una guerra civil, mucho mejor porque así Rusia no podría ver otra cosa que el peligro a sus puertas. Tendría que renunciar a sus ambiciones de gran potencia por una temporada. Y dado que el resurgir de Rusia como gran potencia causa terror en los países de Europa oriental, una política norteamericana dura, capaz de mantener abierta la crisis de Ucrania, mostraría el compromiso antirruso de Norteamérica y los separaría de Alemania. A eso se lo llama matar dos pájaros de un tiro. Así, ¡que se joda la UE!

El análisis de Friedman puede ser acertado y puede no serlo. Pero tiene sentido. Y él, como norteamericano, aprueba la política que trata de explicar. Que no es otra que la creación deliberada de un Estado fallido, quizá incluso de una guerra civil, en las proximidades de la Unión Europea. Tal política no responde a los intereses y preocupaciones de la Europa del Este. ¿Qué harán Nuland y Friedman y el resto de Norteamérica si Rusia llega a meter sus tanques T-90 y T-72 en Ucrania para impedir una posible carnicería en Ucrania? Los norteamericanos no harán nada. Y así los europeos del Este terminarán con el ejército ruso más cerca y no más lejos. Si todo lo que se puede esperar de la arrogancia de la superpotencia es que arme la bronca para luego achantarse a la vista de una desventaja geopolítica insuperable, dejándonos a nosotros el marrón, repliquemos sin rubor alguno: "¡Fuera esas manos de Ucrania! ¡Yanky, vete a casa!"

¡Fuera esas manos de Ucrania! ¡Yanky, vete a casa!