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martes. 28.06.2022

Ucrania, invierno crudísimo

Por Ignacio Rupérez | Que el conflicto de Ucrania se agrava, se pone de manifiesto por la trágica continuación de incidentes de gran violencia en las calles de Kiev.

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Evidentemente el problema no desapareció con la negativa del Gobierno que encabeza Nikolay Azorov y el Presidente de la República Viktor Yanukovych a la firma de acuerdos con la Unión Europea

Sistema Digital | Que el conflicto de Ucrania se agrava, se pone de manifiesto por la trágica continuación de incidentes de gran violencia en las calles de Kiev, prolongados de manera intermitente desde hace meses y con su momento de mayor crispación política a mediados de noviembre y en la Cumbre de Vilna, marcándose entonces el distanciamiento respecto a Bruselas y la victoria, al menos táctica, de la Rusia de Putin. Evidentemente el problema no desapareció con la negativa del Gobierno que encabeza Nikolay Azorov y el Presidente de la República Viktor Yanukovych a la firma de acuerdos con la Unión Europea, prefiriendo la vinculación a la Unión Aduanera que promueve la Rusia de Vladimir Putin. Ya en el pasado mes de Octubre un sondeo reveló que el 45 por ciento de los ucranianos prefería acercarse a la Unión Europea, frente al 14 por ciento favorable a la fórmula prevista por Moscú para las seis repúblicas ex soviéticas situadas en la periferia rusa. Desde la llamada Revolución Naranja, 2004-2005, Ucrania, en realidad dos ucranias, se debate entre el Este y el Oeste, Moscú y Bruselas, para encontrar su identidad postsoviética como país independiente, moralizar la vida pública y sanear la acción política y gubernamental.

En realidad no se trata de un episodio inesperado, en un país con muy corta experiencia en la independencia y el Gobierno propio, que ha pertenecido al Imperio Ruso y a la Unión Soviética, pero también en parte al Imperio Austro Húngaro, a Polonia, Rumania y Checoslovaquia; en Ucrania, por tanto, confluyen muchas historias y tradiciones políticas que desde Agosto de 1991, cuando se estableció la independencia, han contribuido a reverdecer la polémica ancestral sobre la identidad de la nación, las lenguas y las formas del cristianismo, las relaciones con Rusia y la Europa Occidental, con ese largo etcétera político de indecisión y cinismo propio de una joven democracia post soviética, que con frecuencia lleva a las personalidades ucranianas a actuar como equilibristas entre la Unión Europea y Rusia, para obtener concesiones de uno y otro lado y enfrentarlos entre sí; lo que ocurrió en la Cumbre de Vilna, con un malestar generalizado en las capitales y en las calles de Kiev y otras ciudades ucranianas, el trasfondo de la pugna por el control de la periferia postsoviética y las dificultades en la opción de Ucrania al respecto.

COSTES Y TRAUMAS DE LA INDEPENDENCIA

Por una parte Ucrania, con alta dependencia energética y comercial respecto a Rusia, padece aún los desajustes surgidos al desconectarse de un conjunto político y económico verdaderamente imperial, implantado durante décadas y sometido a la estricta planificación soviética para la política, la producción, el consumo y el ocio; en definitiva, un sistema único de fábrica y mercado, muy centralizado, con una importantísima adjudicación de industrias militares, que fue preciso desmantelar. Con la Rusia de Putin se intentan marcar los límites a tal desgajamiento, sin excluir el chantaje energético, las trabas a la exportación de productos industriales y alimenticios, señalándose la Unión Aduanera con Rusia y otras repúblicas ex soviéticas, en lugar de la zona de libre comercio con la Unión Europea, como el ámbito adecuado en que Moscú se mantiene contento e influyente. Pero, por otra parte, Ucrania carece de la suficiente solidez política y social para alejarse de Rusia, su democracia y su independencia no se han consolidado, le faltan dirigentes destacados, padece acusados niveles de corrupción, despilfarro y venganzas políticas. Asimismo, padece también un sensible deterioro en las finanzas y en el ambiente inversor, en su prestigio internacional en suma.

Con diferencia, el país más grande y poblado de las seis repúblicas en disputa (Ucrania, Armenia, Georgia, Moldova, Bielorusia y Azerbayan) su Presidente, Viktor Yanukovych, probablemente pierda las elecciones de 2015 o se vea forzado con anterioridad a dejar el puesto. En su contra se alinean al menos tres dirigentes de la oposición, que tanto desconfían entre sí como odian a Yanukovych; Oleh Tiahnybok, Vitali Klitschko y Arseny Yatsenvuk, todos manifiestamente favorables a la integración europea de Ucrania y que participan de manera muy activa en el apoyo y la organización de las protestas. Apoyadas también por el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana y los tres presidentes desde la independencia, Kravchuk, Kuchma y Yushchenko. El forcejeo dista mucho de haberse calmado y el invierno ucraniano cada vez se hace más crudo, apareciendo con creciente dureza tanto en la calle como en el ámbito político. ¿Dónde acabará Ucrania? Están en juego sus relaciones con Moscú y Bruselas, pero también su modelo político y social, así como su identidad nacional. Moscú insiste, Bruselas y Washington reaccionan con prudencia, pero en Kiev, en Odessa, Ternopol, Crimea, etc. la tensión y la violencia no amainan.

Ucrania, invierno crudísimo