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sábado. 13.08.2022

El pasado 21 de agosto se han celebrado en la ciudad de Nikolaiev (Mykolaiv en ucraniano) actos de protesta que acabaron con varios detenidos por la policía. Los enfrentamientos se produjeron entre los partidarios de la reciente aprobación por el Consejo Municipal de esta ciudad, situada en el sur de Ucrania, de la resolución que concede a la lengua rusa el estatus de lengua cooficial en la ciudad, representados por activistas del Partido de las Regiones (partido del Presidente Viktor Yanukoich) y los del “Bloque Ruso” (organización que reivindica el idioma y la cultura rusa en Ucrania representada mayoritariamente en el sur y el este del país) y partidarios de la Oposición Unida (bloque que agrupa a varios partidos, incluido el Batkivshchina/Patria de Yulia Tymoshenko) y de “Svoboda” (“Libertad”), partido nacionalista ucraniano. La ciudad de Nikolaiev no ha sido la primera en concederle a la lengua rusa dicho estatus. Desde la entrada en vigor de la Ley de las Lenguas (oficialmente, Ley de Ucrania “Sobre las bases de la política lingüística estatal”) el pasado 10 de agosto, varias ciudades y provincias de país, entre ellas Odessa, Sevastópol, Kharkov, Donetsk, Dnepropetrovsk y Lugansk, aprobaron el uso del idioma ruso como lengua oficial, junto a la estatal que sigue siendo el ucraniano. Todas ellas, situadas en el sur y este de Ucrania, región con un fuerte arraigo del ruso y una importante presencia de esa étnia. La ley y su implementación no deja de suscitar polémica en los medios de la comunicación, siendo de constantes debates de partidarios y contrarios a ella.

Históricamente Ucrania cuenta con una importante comunidad rusa, que, según el censo nacional del 2001 se sitúa en 8.34 millones de personas, o 17,28% de la población. El número de hablantes del ruso es, debido a causas históricas, aun mayor, y, debido a que las estadísticas no dan un número claro, se lo suele fijar en el 43-68%. Cabe destacar que las estadísticas suelen verse alteradas por la confusión existente ente los términos “lengua materna” y “lengua de uso diario/habitual” y no tiene en cuenta a una parte importante de la población que habla “surzhik”, una mezcla de ruso y ucraniano con estatus no definido.

Es evidente que, habiendo un porcentaje importante de la población que utiliza en la vida diaria una lengua que no es la oficial, desde los comienzos de la reciente historia de Ucrania como país independiente, ha existido la demanda de ampliar el uso del ruso en todas las áreas que un idioma afecta, especialmente, el de la educación y cultura. Desde las elecciones presidenciales celebradas en 1994, en las que el candidato a la presidencia, Leonid Kuchma ganó la presidencia prometiendo, entre otras cosas, convertir el ruso en la segunda lengua nacional, todos los partidos, ya sean de derecha o izquierda, han utilizado el asunto lingüístico para captar a los votantes, ya sea a favor o en contra del reconocimiento del ruso como lengua oficial. Todos los candidatos a la Presidencia de Ucrania que llegaron a ocupar el cargo, salvo Viktor Yushchenko, conocido por su retórica nacionalista, habían prometido ampliar, de una u otra manera, el ámbito de la utilización de esta lengua. Teniendo en cuenta que las estadísticas hablan de un empate virtual entre los simpatizantes y los contrarios a dicha idea y que cualquier postura que se adopte perjudica a una parte importante de los votantes, no es de extrañar que, a pesar de la frecuente alusión al tema lingüístico, no se haya adoptado hasta ahora ninguna medida que resuelva de manera definitiva la encrucijada lingüística. Las razones de ellos son obvias: el incremento del gasto que supone la adopción de una nueva lengua como lengua de administración y, sobretodo, la radicalización y la polarización de la sociedad que, en definitiva, se transforma en radicalización del voto en las elecciones. Tampoco se tiene que descartar la presión que ejerce Rusia sobre Ucrania, alegando que se discrimina a los representantes de dicha nacionalidad y se les niega el derecho de utilizar su lengua materna.

Dejando de lado la especulación y los pronósticos fatalistas o utópicos de algunos políticos, hay que constatar que el texto de la ley no va encontra de la Constitución de Ucrania que establece que la lengua ucraniana es la única lengua oficial del Estado. Habla de la utilización del ruso o cualquier otra lengua de las dieciocho lenguas calificadas como lenguas de las minorías étnicas de Ucrania, como cooficial dentro de una unidad municipal o provincial, siempre que ésta sea utilizada por, al menos, un 10% de la población (en algunos casos, mediante una resolución especial, se podrá declarar cooficial o regional un idioma que no cumple este requisito). Los cálculos de los hablantes se podrán hacer a partir de los datos del Censo Nacional o mediante una iniciativa popular, en concreto, recogida de firmas. Una vez declarado cooficial el idioma podrá ser utilizado, junto con el ucraniano, en la administración, la enseñanza, la jurisprudencia local etc. Asimismo, la radio y la televisión locales podrán emitir programas en dicho idioma. (El texto original de la ley se puede consultar en la página del Parlamento de Ucrania).

Las reacciones de la oposición que ya se autoproclamó “patriótica”, empero, no se han hecho esperar. Incluso antes a oposición parlamentaria intentó, en varias ocasiones, impedir la votación de la ley, bloqueando la tribuna de la Sala de Sesiones. Una vez aprobada, los diputados de la oposición la calificaron de “genocidio lingüístico” e, incluso, convocaron una huelga de hambre y una protesta indefinida contra esta. El argumento más utilizado es el de una “rusificación encubierta” que va a acabar con el ucraniano como lengua oficial del estado y terminará eliminándola del mapa lingüístico. A estas fechas queda claro que una de las promesas electorales más utilizadas por los partidos con un discurso mas o menos nacionalista será la de anular la Ley de Lenguas o, al menos, redactarla de manera sustancial. Para ello deberán lograr una mayoría simple (doscientos veintiseis diputados), algo que va a ser bastante complicado si se tiene en cuenta que, después de la anulación de la Reforma Constitucional por el Gobierno, la mitad del parlamento se elige por las llamadas “circunscripciones mayoritarias” en las que se elige a un dipudato por circunscripción y no por lista del partido.

La población, en cambio, salvo pequeños grupos de radicales tanto prorusos como proucranianos, no se ha movilizado ni ha visto, de momento, alterada su vida cotidiana por la entrada en vigor de dicha ley. Probablemente ello se debe a la temporada de vacaciones, ya que el ámbito donde más se va a sentir el efecto de ésta, no comenzará a funcionar plenamente hasta el 1 de septiembre.

En vista de todo ello se puede interpretar la aprobación de la Ley de las Lenguas por parte del Parlamento y la sanción de esta por parte del Presidente Yanukovych como un hecho que tiene como objetivo volver a ganar las simpatías del Este y el Sur del país que han sido afectadas seriamente por la gestión de políticos locales, en su mayoría, pertenecientes al Partido de las Regiones, así como, por la situación económica del país en general, aun haciéndolo a costa de los posibles votos del Oeste del país, donde el apoyo a los partidos “prorusos” y de izquierdas siempre ha sido escaso. Cabe destacar que el programa electoral del Partido en las anteriores elecciones parlamentarias prometía pasos aun más radicales, como el de convertir el ruso en la segunda lengua oficial de Ucrania, algo que no han podido lograr, debido, según el portavoz del partido, a que es preciso contar con trescientos votos a favor para llevar a cabo modificaciones de la Constitución, número que la coalición parlamentaria no llega a reunir. No son, sin embargo, los únicos decididos a radicalizar su discurso electoral, al menos, en lo que se refiere a la nueva ley. Al haber prometido anular la nueva Ley de Lenguas que, en muchos casos, no hace más que legalizar la práctica existente en las provincias, la oposición se juega el porcentaje de votos que le podrían dar las regiones orientales y meridionales del país en las que el tradicional apoyo al Partido de las Regiones y al Partido Comunista de Ucrania había disminuido considerablemente en los últimos años.

El ruso se abre paso como lengua cooficial en varias provincias de Ucrania
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