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domingo. 04.12.2022
CRÓNICAS DE AMÉRICA LATINA | JAVIER M. GONZÁLEZ

Habrá comisión de la verdad para investigar la dictadura de Brasil

No tendrá autoridad para procesar a los culpables de asesinatos o torturas.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, firmó este viernes, 18 de noviembre, la ley que crea la Comisión de la Verdad, que investigará las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar (1964-1985). Estará integrada por siete nombres, que deberá decidir personalmente la misma mandataria. El ministro de Justicia, Eduardo Cardozo, garantizó que será una comisión plural, de personas con amplio respeto social.

En la ceremonia que oficializó el nacimiento de la Comisión de la Verdad, la presidenta dijo que Brasil se encontraba consigo mismo, “sin revanchismo, pero sin la complicidad del silencio”. No hizo Rousseff ninguna referencia a su propio pasado, como víctima de la dictadura, a pesar de que estuvo tres años presa y fue torturada. La cúpula de las Fuerzas Armadas, que asistió a la ceremonia, se mostró incómoda en algunos pasajes de la misma, absteniéndose de aplaudir algunos trechos del discurso, mientras sí lo hacían el resto de invitados. De hecho, los militares se opusieron a esta iniciativa y el caso provocó algunos problemas, en los que estuvo envuelto el ministro de Defensa, Celso Amorim.

Con esta comisión, Brasil da un primer paso en la revisión de su pasado inmediato. Era hasta ahora el único país de la región que no había cuestionado oficialmente lo sucedido durante la dictadura militar, y no hay ninguno de sus integrantes detenido o juzgado, gracias a la Ley de Amnistía dictada por los propios militares.

Durante esos años, unos 500 ciudadanos fueron asesinados o desaparecieron. Y muchos más fueron detenidos sin juicio y torturados, como la propia presidente. Brasil fue uno de los engranajes de la llamada Operación Cóndor, en la que las dictaduras militares de la región colaboraron en la represión ilegal.

Diversos sectores políticos y sociales venían presionando para la creación de esta Comisión de la Verdad, recordando que Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú y El Salvador ya revisaron su pasado convocando a ciudadanos notables que dieron a conocer después su trabajo a través de informes como el “Nunca Más” argentino, que redactó el escritor Ernesto Sábato. En la mayoría de estos países se avanzó también, en grados diversos, en el juicio y castigo a los culpables.

La Comisión de la Verdad tiene un plazo de dos años para investigar, con potestad para convocar a testigos. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, la sudafricana Navi Pillay, felicitó a Brasil por la iniciativa, pero también pidió medidas adicionales “para facilitar el juzgamiento de los supuestos responsables por las violaciones de los derechos humanos”. La medida, según la alta funcionaria de la ONU, debería incluir la promulgación de una nueva legislación para revocar la Ley de Amnistía de 1979 o para declararla inaplicable, puesto que impide la investigación y conduce a la impunidad. Por tanto concluye que, en cuanto eso no ocurra, Brasil sigue sin respetar la legislación internacional relativa a los Derechos Humanos.

El chileno José Miguel Vivanco, director de la división Américas de Human Rights Watch, declaró por su parte al diario O Estado de Sao Paulo que la iniciativa puede crear en la población un clamor por la justicia, añadiendo su opinión de que en el futuro debe haber castigo para los crímenes.

Según el ministro de Defensa, Celso Amorim, la creación de esta comisión demuestra la madurez de la sociedad brasileña, “una sociedad capaz de mirar su historia”. Los ciudadanos brasileños, añadió, “tienen que poder saber la verdad sobre su historia”.

La forma en que Brasil salió de la dictadura explica que hasta ahora no fuera posible abordar el pasado. La transición fue larga y negociada. Y los militares, junto con sus aliados civiles, lograron conservar mucho poder. Sobre todo, mucha capacidad para presionar, incluso en los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y Lula, que sufrieron persecución y cárcel durante la dictadura. Hasta 1999, existían tres ministros militares, por cada una de las tres armas, hasta que en ese año fueron absorbidos en un ministerio de Defensa, encabezado por un civil.

A esto hay que añadir que la dictadura brasileña, que fue la primera de su tipo en la región (exceptuando Paraguay, que tuvo otras características), fue comparativamente menos dura que los feroces regímenes que asolaron Argentina, Chile y Uruguay.

Habrá comisión de la verdad para investigar la dictadura de Brasil
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