viernes 7/8/20

Santa Sofía como símbolo

Santa Sofía como símbolo

La religión ha sido, históricamente, un factor de gran potencial para imponer intereses políticos. Sin embargo, sistemas políticos edificados sobre la hegemonía de los valores religiosos no desdeñan pactos o alianzas con agentes que se asientan sobre principios incompatibles con las creencias religiosas. Estos días hemos asistido a varios ejemplos.

En Turquía, el presidente Erdogan ha anunciado la culminación de una vieja aspiración: convertir de nuevo el templo intercultural de Santa Sofía en una mezquita. En 1934, Atatürk, el hombre que trató de modernizar Turquía tras el hundimiento del Imperio Otomano, la convirtió en un museo, para proteger el legado de todas las civilizaciones que han enriquecido uno de los sitios más emblemáticos de la tierra.

Los islamistas turcos, repetidamente perseguidos y privados durante decenios de la notoriedad política que correspondería a su hegemonía social, albergaban la recuperación de Santa Sofía como lugar de culto musulmán, recuperando así la función que le fue asignada tras la conquista de Constantinopla en 1452 (1). Desde el siglo VI, Santa Sofía había sido el templo más emblemático del cristianismo ortodoxo, erigido por el emperador Justiniano sobre las ruinas de una vieja iglesia edificada por Constantino (2).

Erdogan acude a la simbología religiosa para imprimir una vuelta de tuerca más a su proyecto de nacional-autoritarismo, en un momento político delicado. A la crisis de su modelo de desarrollo se ha unido la depresión de la actividad económica provocada por el coronavirus. El presidente turco ha conservado el control político, pero su base electoral es más débil cada día y tiene precisamente en Estambul, la ciudad que lo encumbró, el mayor foco de protesta (3). La utilización de las creencias como elemento aglutinador es un recurso habitual del AKP, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, pero Santa Sofía era la joya más preciada de ese botín político-religioso.

Previamente, Erdogan había intentado fortalecer su estatura con la imagen de una Turquía poderosa y respetada en el mundo, mediante las intervenciones activas e intensas en la cercana guerra de Siria y en la más alejada de Libia. Los resultados han sido dispares. Si bien Erdogan ha logrado ejercer una notable influencia turca en ambos conflictos, no ha conseguido culminar con éxito rotundo sus arriesgadas apuestas militares. Aunque en Siria los militares turcos han establecido una zona de seguridad que reducirá la capacidad de maniobra de los milicianos kurdos a uno y otro lado de la frontera, la tardía reacción de EEUU y la vigilancia de Rusia ha reducido la amplitud del empeño turco. En Libia, el apoyo militar al gobierno islamista moderado de Sarraj no ha sido suficiente para eliminar la amenaza que supone el exgeneral Haftar, antiguo gadafista y exagente de la CIA, apoyado ahora por mercenarios rusos, Egipto, entre otras potencias autoritarias árabes.

El precio pagado por estas guerras de poder y/o prestigio es muy elevado: la tensión con los aliados de la OTAN se ha convertido en insoportable. En el caso de Francia, se ha estado a punto de un choque militar por un malentendido (supuesto) durante la vigilancia naval del embargo armamentístico.

Erdogan se encomienda al legado del gran sultán Mehmet II, artífice de Aya Sofia como la gran mezquita frente al Bósforo, el canal que une Asia y Europa. No es casualidad que el AKP pretendiera celebrar la primera ceremonia religiosa musulmana tras la recuperación este 15 de julio, cuarto aniversario del supuesto golpe fallido contra Erdogan, que sirvió de excusa para una implacable represión de disidentes y una enorme purga de los aparatos del estado.

Analistas críticos están convencidos de que este último gambito del presidente turco le permitirá recuperar cierta popularidad, pero será efímera (4). Aunque Erdogan ha asegurado que los tesoros de otras religiones existentes en Santa Sofía serán respetados y habrá libertad de acceso, la comunidad internacional y destacados portavoces de la herencia cultural, con la UNESCO a la cabeza, han expresado su rechazo y profunda preocupación.

APROXIMACIONES POCO SAGRADAS

Turquía sigue alejándose de Occidente. No sólo convierte su presencia en la Alianza en una mera formalidad, sino que pacta con Moscú una contradictoria entente en Siria y Libia, y le compra armas concurrentes con otras de la OTAN. Rusia, la enemiga histórica desde la época de los zares, en su día gran poder de la iglesia ortodoxa eslava, se convierte en socia de altos vuelos.

Putin observa la evolución turca con cierta satisfacción, pese a que su reciente amistad esté plagada de trampas y peligros. También el presidente ruso ha empleado la religión como factor de consolidación de su poder. Que un exagente del KGB, eximio representante del ateísmo comunista, se declare ahora un ferviente creyente en Dios convence sólo a los más fieles o los más cínicos. Pero a Putin le da igual, porque los recientes cambios constitucionales le han convertido en el dirigente más longevo de la Rusia moderna, superando ya a Stalin. Eliminada la limitación de mandatos (sólo en su caso) le permitiría seguir gobernando Rusia hasta 2036, cuando ya sea un octogenario (5). Las transgresiones regionales son rentables si cumplen con objetivos prácticos atractivos. Así lo entiende Putin, que no ha dudado en entenderse, y al parecer sobornar, a los taliban, herederos de aquellos islamistas radicales afganos contra los que la URSS combatió, para que atenten contra objetivos de Estados Unidos (6), país que los apoyó en los ochenta con el objetivo de derrotar a Moscú. Ironía histórica del uso de la religión como arma política y estratégica.

En este empeño de entendimiento oportunista con regímenes políticos autoritarios amparados por credenciales religiosas se inscribe otro entendimiento contra natura, en este caso con el Irán de los ayatollahs.

Los sucesores de Jomeini, por otra parte, se abrazan también al gran coloso asiático, China, para buscar protección frente a la hostilidad norteamericana. El NEW YORK TIMES has desvelado un borrador de pacto de amplio espectro, que abre Irán a las inversiones chinas, fomenta el comercio entre ambos países, contempla la cooperación militar y garantiza a la economía china el suministro de petróleo iraní a precio por debajo del mercado internacional (7). Poco le importan a los teócratas iraníes que China reprima social, cultural y religiosamente al millón de musulmanes uigures de la provincia de Xinjiang y mantengan a decenas de miles de personas en campos de reeducación. A pesar de estas contradicciones palmarias, se perfila en Asia una gran coalición de intereses (más que una alianza estratégica) que agrupa a los enemigos de la primera superpotencia mundial.

FUNDAMENTALISMO EN OCCIDENTE

Ante estos movimientos en el tablero geopolítico mundial, la cristiandad moderna, es decir, liberal y democrática, siente temblar los cimientos de un orden internacional construido a su medida. Y no sólo por el movimiento inquietante de rivales, enemigos o despechados aliados. En ambos lados del Atlántico, gozne geográfico de esa hegemonía liberal desde 1945 al menos, se oyen chirriar componentes fundamentales de la alianza.

En Estados Unidos, el movimiento evangelista ultra extiende su influencia. Fracasada la operación del tea party como colonizador decisivo del Partido Republicano, ensaya ahora otras estrategias de penetración, que alcanzan incluso a una Casa Blanca desnortada. La religión se convierte en un arma política reforzada, alentada por un nacionalismo populista y ramplón.

En Europa, la cacofonía de los mensajes cristianos combatientes y autoritarios también gana terreno. Polonia y Hungría son las dos grandes referencias, con anclajes nada despreciables en las grandes potencias continentales. En Polonia, el candidato del partido Ley y Justicia (PiS), que representa lo más retrógrado de la doctrina católica, se ha impuesto en las elecciones presidenciales del domingo. Aunque el jefe del Estado tiene un papel limitado, la elección de Andzrej Duda se había convertido en una prueba sobre la fortaleza del actual gobierno polaco, controlado desde la jefatura del partido por Yaroslav Kaczinsky.

Duda ha batido a su rival liberal, hasta ahora alcalde de Varsovia, Rafal Trzaskowski, por dos exiguos puntos (51%-49%), un margen mucho más pequeño que el obtenido en 2015, ante un candidato de similar ideología. Se debilita en general la hegemonía ultracatólica, pero se consolida entra la población de mayor edad y en las zonas rurales, donde ha obtenido las dos terceras partes de los votos, mientras retrocede entre los menores de cuarenta años y en las zonas urbanas, donde se invierte el reparto de votos.

El PiS pretende continuar con su política de control de las instituciones (judicatura y medios de comunicación) y de demonización del colectivo LGTBQ, al que considera más peligroso para la civilización cristiana que el propio comunismo (8). Duda intentó en su momento suavizar las decisiones más groseras del partido ultraconservador, pero fue neutralizado (9). Polonia se encuentra en la mira de la mayoría liberal de la UE, pero ha hecho caso omiso de las advertencias de las cancillerías europeas (10). Algo parecido pasa con Hungría, cuyo líder, el exliberal y hoy nacionalista Víctor Orban, utiliza la religión para disfrazar su proyecto político autoritario en un falaz conflicto de civilizaciones.


NOTAS

(1) “Converting the Hagia Sophia, Turkey’s president is playing religious politics”. ECONOMIST, 11 julio.
(2) “Les trois vies de Sainte-Sophie, joyau d’Istanbul, qu’Erdogan veut de Nouveau transformer en lieu de culte musulmán”. VIRGINIE LAROUSSE. LE MONDE, 11 de julio.
(3) “Erdogan signs decree alowing Hagia Sophia to be used as a mosque again”, CARLOTA GALL. NEW YORK TIMES, 10 de julio.
(4) “Erdogan to make Hagia Sophia a mosque again, but Will it help him?”. SONER CAGAPTAY. THE WASHINGTON INSTITUTE, 10 de julio.
(5) “Vladimir Putin peut rester a la tête de la Russia jusqu’en 2036”. LE MONDE, 5 de julio.
(6) “How Russia built a channel to the Taliban, once an enemy”. MUJIB MASHAL y MICHAEL SCHWIRTZ. NEW YORK TIMES, 13 de julio.
(7) “Defying U.S., China and Iran near trade and military partnership”. FARNAZ FASSIHI y STEVE LEE MYERS. NEW YORK TIMES, 11 de julio.
(8) “Poland slides toward homophobic politics”. DANIEL BAER. FOREIGN AFFAIRS, 10 de julio;
(9) “Andrzej Duda, président malléable et candidat docile du partie conservateur. ISABELLE MANDRAUD. LE MONDE, 12 de julio.
(10) “What Poland’s presidential election means for the EU”. GERALD KNAUS. CARNEGIE, 14 de julio.

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