sábado. 02.03.2024

@jgonzalezok | A dos semanas de la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, los dos candidatos tuvieron este domingo (16) el primer cara a cara en un debate televisivo que duró dos horas y que no dio un claro ganador. El presidente Bolsonaro usó a fondo su capacidad de falsear los datos, mientras que Lula tuvo un desempeño irregular, siendo uno de sus principales errores no saber administrar su tiempo, permitiendo que Bolsonaro hablara más de seis minutos seguidos sin poder rebatirlo. El debate estuvo dividido en tres partes, siendo Lula claramente ganador en el primero. Según el columnista Álvaro Gribel del diario O Globo, esto es importante porque el primer bloque es el que causa mayor impacto en el espectador. 

Los temas que dominaron el debate fueron el Covid-19, la corrupción y las fake news. El ex presidente Lula atacó la incompetencia del gobierno en la gestión de la pandemia y la economía, mientras Bolsonaro puso el acento en la corrupción. Ambos intercambiaron acusaciones de mentirosos, aunque el tono del debate fue moderado, sin que ninguno elevase la voz ni provocase tumulto o altercado. Eso sí, no se saludaron al llegar al estudio del canal donde se celebró el debate (Band News). 

Los candidatos tuvieron bloques de quince minutos cada uno que administraron como quisieron, pero también respondieron a preguntas de algunos periodistas. Una de las preguntas vino de la conocida columnista Vera Magalhães, a la que en otro debate Bolsonaro faltó al respeto y agredió verbalmente, afirmando que era una vergüenza para el periodismo brasileño. En esta ocasión, empezó su respuesta así: “Apreciada Vera, es un placer volver a verla”. 

El actual presidente llegó acompañado de su ex ministro de Justicia, el ex juez Sergio Moro, que había dejado el gobierno después de denunciar la interferencia del presidente en la Policía Federal, queriendo controlar las investigaciones que afectan a su familia. Moro, que fue elegido senador, se volvió a acercar al presidente. Antes de abandonar el canal acompañando a Bolsonaro declaró: “Si permitimos que el PT vuelva al poder, Brasil camina hacia un desastre, no solo económico, también moral”. 

De aquí al día definitivo, el 30 de octubre, hay otros tres debates previstos: los días 21, 23 y 28. Este último en la cadena Globo, la de mayor audiencia del país y que siempre tiene la responsabilidad del último debate. Ninguno de los dos candidatos confirmó aún su participación, aunque se da por seguro que al menos acudirán al último, dos días antes de la segunda vuelta. 

La diferencia en la primera vuelta fue de 5,17 puntos porcentuales que, en votos, fue de 6,1 millones a favor de Lula

La gran pregunta es cómo se reflejará el desempeño en este primer debate en futuras encuestas y en la segunda vuelta, teniendo en cuenta que la diferencia entre ambos es apretada. En el primer turno, el 2 de octubre, el ex presidente Lula sacó el 48,4 % de los votos, y el actual mandatario, Jair Bolsonaro, el 43,23 %. La diferencia fue de 5,17 puntos porcentuales que, en votos, fue de 6,1 millones a favor de Lula. Las encuestas publicadas después de la primera vuelta siguen dando un cuadro de estabilidad, con Lula al frente, con el 53 % de los votos válidos, y Bolsonaro con el 47 %. 

También se desconoce por dónde seguirá la campaña, que en los últimos días estuvo centrada en el uso de la religión como herramienta electoral, sobre todo en el campo evangélico. La última encuesta de Datafolha puede explicarlo: el 49 % de los consultados dice dar mucha importancia a la religión o la fe del candidato. Los seguidores de Bolsonaro superaron la media y, en general, los más viejos y menos escolarizados, dan más importancia al factor religioso que los de Lula. 

 “No es una guerra política, es una guerra espiritual”, repiten desde las filas de Bolsonaro. Su mujer, que está de gira por el país, ocupando púlpitos de templos evangélicos, acusa al PT (Partido de los Trabajadores, del ex presidente Lula), de ser el partido de las tinieblas, que solo roba y destruye, Y plantea la elección como un enfrentamiento del bien contra el mal. El propio presidente afirma que Lula, que se ha pronunciado contra el aborto, quiere cambiar la ley para incentivar a las madres a matar a sus propios hijos. Asegura que su adversario quiere cerrar templos e iglesias e instalar baños unisex en las escuelas. 

En los últimos días, la campaña estuvo centrada en el uso de la religión como herramienta electoral. “No es una guerra política, es una guerra espiritual”, repiten desde las filas de Bolsonaro

En un templo de la Iglesia Universal del Reino de Dios en Salvador, el pastor Leonardo Costa decía hace unos días que si ganaba la izquierda se legalizaría el incesto e imaginaba el siguiente diálogo de un hombre con su esposa: “Me voy a casar con nuestro hija de cuatro años y voy a comenzar a tener sexo con ella ahora”. Fue en la capital de Bahía, un estado del nordeste, bastión de Lula, que en la primera vuelta sacó el 67 % de los votos. 

Aunque criado como católico, Bolsonaro se apoyó en los últimos años en el sector evangélico, cuya agenda de costumbres adoptó. Pero, de cara a la segunda vuelta, en los últimos días trató de seducir al electorado católico, que apoya mayoritariamente a su rival. Sin embargo, este acercamiento fue tan chocante que puede ser un tiro en el pie. Primero acudió a la mayor peregrinación católica del país, conocida como Círio de Nararé, en la que participan unos dos millones de personas acompañando una imagen de la virgen durante una romería fluvial. Allí se presentó Bolsonaro, que no había sido invitado, subiéndose a la embarcación de la marina que transporta la imagen, aunque en ningún momento se acercó a la talla. Después publicaría un mensaje en Twitter hablando del Sírio (sic) de Nazaré, confundiendo la denominación. 

Días después también fue, por propia iniciativa, al santuario de Nuestra Señora de Aparecida, la patrona de Brasil, donde seguidores suyos provocaron incidentes, abucheando a los oficiantes de la misa, persiguiendo a un fiel con una camisa roja o agrediendo a periodistas. Un comunicado de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil señaló: “Lamentamos en este momento de campaña, la intensificación del aprovechamiento de la fe y la religión como camino para conseguir votos en el segundo turno. Momentos específicamente religiosos no pueden ser usados por candidatos para presentar propuestas de campaña”. 

La asquerosa explotación de supuestos casos de violencia sexual contra niños como arma electoral por la senadora electa Damares Alves muestra que no hay límite moral en el bolsonarismo

Pero el punto alto lo protagonizó la ex ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, la pastora Damares Alves, que denunció en una charla en un templo evangélico supuestos casos de tráfico internacional de niños: “Les voy a contar una cosa de la que ahora puedo hablar. Tengo imágenes de niños nuestros, brasileños, con 4 y 3 años. Cuando cruzan las fronteras, secuestrados, sus dientecitos son arrancados para que no muerdan a la hora del sexo oral”. También aseguró que eran sometidos a una dieta blanda para mejorar la experiencia del sexo anal. Esto sucedería en la isla de Marajó, estado de Pará. El escándalo fue de tal magnitud que inmediatamente se le exigió que presentase pruebas y explicaciones de qué hizo al respecto, ya que si no denunció el caso estaría incumpliendo gravemente sus deberes de funcionaria pública. Pero no pudo presentar ningún documento -a pesar de que dijo que se los había encontrado al llegar al ministerio- y dijo que había repetido lo que había escuchado a la gente en la calle. Pero el mal estaba hecho, millones de personas la escucharon y entre ellas, muchas seguramente la creyeron. 

Un editorial de O Estado de S.Paulo -el más conservador entre los diarios tradicionales-, titulado Depravación moral, afirma: “La asquerosa explotación de supuestos casos de violencia sexual contra niños como arma electoral por la senadora electa Damares Alves muestra que no hay límite moral en el bolsonarismo”. El objetivo de esta supuesta denuncia sería alentar a los votantes a votar en Bolsonaro para impedir la violación de bebés. Y la autora de la denuncia podría ser la próxima presidente del Senado. 

El clima fue descrito por el arzobispo de São Paulo, Odilo Scherer, de una forma preocupante. En un mensaje en Twitter escribió: “Tiempos extraños estos. Conozco mucho la historia. A veces me parece revivir los tiempos de ascenso al poder de los regímenes totalitarios, especialmente el fascismo. Es preciso tener mucha calma y claridad en esta hora”. 

Primer debate cara a cara entre Lula y Bolsonaro