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lunes. 26.09.2022

Demasiados genocidios para la humanidad

¿Cuántos genocidios somos capaces de asimilar generación tras generación? Se trata nada más y nada menos que de la destrucción sistemática de un grupo étnico, ideológico o nacional.
Ruanda
En tan solo 100 días de 1994, Ruanda vivió el exterminio de entre el 20 y el 40% de su población.

Desde hace siglos la humanidad ha soportado muchísimos genocidios, uno tras otro y los seres humanos no hemos sido capaces de evitarlo.

Ningún tipo de diálogo o intermediación ha podido frenarlos mientras que se siguen fabricando armas a gran velocidad. La venta mundial de armas dejó 420 mil millones de dólares en ganancias en 2019. El primer fabricante mundial de armas sigue siendo el estadounidense Lockheed Martin, cuyas ganancias representan el 11 por ciento de las ventas totales en el planeta.

Ahora estamos pensando en Ucrania, guerra que estamos viendo en directo por televisión, pero en los últimos años ha habido muchas otras: Bosnia, Ruanda, Etiopía, Sudan, República Centroafricana (RCA), Malí, Burkina Faso, Mozambique y suma y sigue.

“Nos enfrentamos a una crisis como ninguna otra desde 1945, al menos por tres razones. La primera es que hay una alerta nuclear, la segunda es que nadie pueda reclamar la victoria, aunque el Kremlin considere esta guerra como existencial para Rusia, y la tercera es la trágica pérdida de vidas humanas, medioambientales y económicas”, ha declarado recientemente el profesor de Ciencias Políticas y ex enviado de la ONU a Libia Ghassan Salomé.

En nuestra mente al hablar de genocidio pensamos inmediatamente en el Holocausto, pero paralelamente a la matanza de judíos se enmarca el genocidio de medio millón de gitanos, también a manos de las autoridades nazis, llegando en algunos países al asesinato del 90% de la población gitana. Este silenciado genocidio, el Samudaripen, ha sido reconocido recientemente por las autoridades alemanas y por la Unión Europea.

Pero el Siglo XX comenzó con el genocidio armenio entre 1915-1923, siguió en 1932 con el Holodomor ucraniano, Especialmente crueles  fueron las matanzas llevadas a cabo por Pol Pot y los Jemeres Rojos. Durante casi cuatro años, Camboya se vio sometida al despiadado y sanguinario régimen de Pol Pot ante el silencio de la comunidad internacional. Y hay que expresar especial atención al de Ruanda en 1994.

El genocidio contra el pueblo armenio también llamado holocausto armenio o Gran Crimen  fue la deportación forzosa y el intento de exterminar la cultura armenia. Se calcula que entre un millón y medio y dos millones de civiles armenios fueron perseguidos y asesinados por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, entre 1915 y 1923.  Hasta 2021, treinta países han reconocido el genocidio, entre otros Alemania, Rusia y los Estados Unidos.

El Holodomor (en ucraniano: 'matar de hambre'), también conocido como Genocidio ucraniano u Holocausto ucraniano, es el nombre atribuido a la hambruna que devastó el territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania, Kubán, Ucrania Amarilla y otras regiones de la URSS, en el contexto de la colectivización de la tierra emprendida por la URSS, durante los años de 1932-1933, en la cual habrían muerto de hambre entre 1,5 y 12 millones de personas. Si el Holodomor fue un genocidio, sigue siendo objeto de debate académico, al igual que las causas de la hambruna y la intencionalidad de las muertes. Algunos académicos sostienen que la hambruna fue planeada por Stalin para eliminar un movimiento independentista ucraniano

​ De 1975 a 1979, Camboya vivió un experimento político sin parangón en la historia contemporánea. Los jemeres rojos, dirigidos por un cruel líder Pol Pot, establecieron en el país del sudeste asiático un régimen comunista de una radicalidad extrema. Durante tres años y ocho meses impulsaron medidas como vaciar de habitantes las ciudades, suprimir la moneda o eliminar sistemáticamente a las personas consideradas reaccionarias. El resultado: murió más de la cuarta parte de la población, unos dos millones de camboyanos.

La revolución cultural de Mao Tse Tung, líder del Partido comunista, fue un movimiento que se inició en mayo de 1966, después de que Mao alegara que elementos burgueses se habían infiltrado en el gobierno y en la sociedad en general, con el objetivo de restaurar el capitalismo.

Su objetivo fue eliminar a los grupos capitalistas y a los tradicionales de la sociedad china e imponer su ideología. Durante la Revolución Cultural, decenas de millones de personas fueron perseguidas, con una cifra estimada de muertes de unos 20 millones de personas.

La mayoría de historiadores considera a Mao como el mayor asesino del siglo XX . Fue el ideólogo del Gran Salto Adelante (1958-1962), un plan económico basado en la industrialización acelerada y la colectivización agrícola que derivó en una hambruna que acabó con la vida de hasta 45 millones de personas.

Pero ya mucho más reciente fue el genocidio ruandés en 1994. La imagen que queda de esta guerra, ya retransmitida por medios de comunicación fue la de gente degollada por catanas, muertos por las calles y enormes colas de refugiados intentando salir del pais.

El genocidio de Ruanda fue un intento de exterminio de la población tutsi por parte del gobierno hegemónico hutu de Ruanda entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994, en el que se asesinó aproximadamente al 70 % de los tutsis. Se calcula que entre 500.000 y 1.000.000 de personas fueron asesinadas.

La violencia sexual fue generalizada. Se cree que fueron violadas entre 250.000 a 500.000 mujeres durante el genocidio. Recientemente el Presidente francés Emanuel Macron reconoció la responsabilidad de Francia en el genocidio: “Francia debe reconocer el sufrimiento que infligió a Ruanda al hacer que el silencio prevaleciera “sobre el exámen de la verdad” de lo ocurrido en el genocidio.

Y no podemos dejar de citar a lo que ocurrió en Bosnia Herzegobina en la década de los noventa del siglo XX. La guerra duró poco más de tres años y causó cerca de 100 000 víctimas entre civiles y militares y 1.8 millones de desplazados, según informes recientes. ​ De las 97 207 víctimas totales documentadas, el 65 % fueron bosnios musulmanes y el 25 % serbios.

La mañana del 11 de julio de 1995 se llevó a cabo uno de los peores episodios de la sangrienta guerra de Bosnia (1992-1995), considerado la mayor tragedia humanitaria en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Ese día, las fuerzas serbobosnias invadieron con tanques a Srebrenica, obligando la huida a las montañas de decenas de miles de refugiados

Todos buscaban refugio, protección. Pocos la consiguieron. Fueron asesinados más de ocho mil prisioneros musulmanes, principalmente hombres y jóvenes; más de treinta mil niños, ancianos y mujeres fueron expulsados de sus hogares. La violación de mujeres fue considerada como crímenes de guerra. Los cadáveres fueron enterrados en fosas comunes.

Esta terrible matanza ocurrió bajo las órdenes del comandante Ratko Mladic, quien fue condenado en 2017 a cadena perpetua por el Tribunal Penal Internacional de La Haya: se le consideró culpable de genocidio y crímenes contra la humanidad durante la guerra de Bosnia

Estos que he citado son algunos ejemplos pero hay muchos más. No podemos olvidar el genocidio japonés durante la segunda guerra mundial o los acaecidos en Etiopía, Madagascar y algunos más.

Ahora, vemos en directo cómo Rusia bombardea y mata indiscriminadamente a ucranianos. Le da igual que sean militares o civiles, niños o ancianos. El tiempo le pondrá un nombre a estas matanzas. Pero mientras tanto, la mayoría de estos crímenes siguen quedando impunes. Y los ciudadanos del mundo vemos que pasan los años y la muerte sigue siendo algo habitual para resolver problemas de poder.


“Los genocidios no ocurren repentinamente; al contrario, se tienen claras advertencias de que van a suceder. Por ese motivo, se pueden prevenir” afirma la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet. “Para ello, es necesario eliminar la impunidad mediante el castigo de quienes los perpetran”, añade. A lo que Adama Dieng, asesor especial de la ONU sobre prevención del genocidio añade “éstos no son un accidente sino el reflejo de la inacción de la comunidad internacional al abordar las señales de advertencia que permitieron que se convirtiera en realidad”.


 

Demasiados genocidios para la humanidad