sábado. 13.07.2024
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No pronunciéis en secreto ninguna palabra // que no seáis capaces de repetir delante de mil personas. 
Antes de hablar en público, pregúntate si lo que vas a decir // es más importante que tu silencio.
No te sientas orgulloso de lo que has dicho ante muchos // y piensa en la cantidad de ignorantes que te han escuchado.

(Bustân (Vergel) y Golestân (Jardín de rosas), Sa'dī, citado en La frontera invisibleJavier Reverte)

Pocas historias habrá hoy más enojosas, trágicas, emotivas y polarizadoras que la que crea y sufre “una pequeña extensión de tierra situada en la orilla oriental del mar Mediterráneo”.

Con más facetas que un icosaedro, y con todas sus afiladas aristas dispuestas a lacerar cualquier intento de aproximación grosera, la prevención pide que no nos acerquemos frontalmente a esa historia, antes bien es preciso avecinarse, no ya con extrema cautela, que también, sino buscando qué razones y qué motivos hay en ambos lados que puedan ser, a la vez, legítimos y acomodables al único fin lícito: la paz

¡Y que Sa’di nos disculpe, pues seguro que incumpliremos alguno de sus preceptos!

Preámbulo

En la última clase de Filosofía de este 2024, curso de dos años en la Universidad de la Experiencia de la UB, un airado alumno vino a decir un “Si lo sé, no vengo a este curso”. Ante la cara de extrañeza que pusimos nos explicó el porqué: “Yo he venido con el ánimo de encontrar respuestas. De hecho, un amigo que vino antes es lo que me dijo, que viniera que encontraría respuestas. Y sólo me llevo más preguntas y más confusión”. Se le contestó que la filosofía lo mejor que sabe hacer es plantear preguntas, y si no lo creía, que recordara a Sócrates (nos abstenemos de reproducir cómo adjetivó al pobre filósofo) cuya forma de filosofar era justamente preguntar -que no responder- a sus coetáneos sobre lo que daban por conocido y verdadero.

Los pensadores, si tienen alguna función ineludible e imprescindible, es la de problematizar aquello que el resto damos por válido. Y los grandes pensadores lo son porque, además de problematizar, dan con la pregunta necesaria para poder avanzar. Sólo los tocados por la gracia divina, pienso en Kant como paradigma, saben, además de problematizar y preguntar, poner negro sobre blanco respuestas que nos obligan a mirar de otra manera el mundo.

Los pensadores, si tienen alguna función ineludible e imprescindible, es la de problematizar aquello que el resto damos por válido

Todo este exordio es para decir que, en el texto que sigue, nadie encontrará soluciones a esa herida violadaque tiene como capital Jerusalén ¡Si mentes como Maalouf o Grossman o Kashua o Chabon no pudieron, no esperemos que nuestra palabra sea mejor! Tal vez, en el caso de que sepamos -o mas bien, de que haya suerte-, aparezca algún análisis que sepa problematizar -o alguna pregunta desde otra mirada sobre- aquello que parece obvio.

En todo caso hacemos nuestra la frase con la que Joan B. Culla y Adrià Fortet prácticamente cierran su libro Israel. La tierra más disputada. Del sionismo al conflicto de Palestina: “Es imposible encontrar la salida a un problema que no se entiende”.

Y para intentar entenderlo nos hemos sumergido en novelas, comics, películas y ensayos con el afán de ser tanto inquiridos como cuestionados por ellos, buscando con ahínco que nuestras certezas sean problematizadas y, con suerte, dar con preguntas que nos sirvan de guía. Por eso, pero especialmente porque hacemos nuestro que “la literatura aporta una riqueza de la ambigüedad moral del mundo, de la complejidad del ser humano. Te permite ser menos juez.” (Mercedes Navío, psiquiatra, El País, 20/04/2024).

Jerusalén, Lo Sagrado

Si en un pensamiento no hay ninguna emoción, que los que piensan no se crean más avanzados que los que no lo hacen” (Balzac, citado en Un hombre inútilSait Faik Abasiyanik) [2].

Urshalim Al-Quds (أورشليم القدس), la sagrada casa de la paz, Yerushalayim (יְרוּשָׁלַיִם), la casa de la paz. El nombre de esta ciudad, en las dos lenguas semíticas, deriva de un tronco común, del que participa el latín como evolución del griego -y a su vez éste del fenicio-, el cuneiforme mesopotámico. En las Cartas de Amarma (aprox s XIV aC) se habla de la “Ciudad de Salem” (UruSLM) refiriéndose a una ciudad ubicada en el actual Jerusalén.

Salem (o Shalim) fue un dios asociado con el lucero del crepúsculo, con la plenitud del día, con la hora del descanso y con la paz. Su nombre, y su significado, resuenan en los por todos conocidos saludos semíticos, tanto en el Salam árabe como en el Shalom hebreo, con sus deseos de perfección, armonía, paz. 

Desde el punto de vista geográfico, se refiere [Palestina] a una pequeña extensión de tierra situada en la orilla oriental del mar Mediterráneo, donde los palestinos viven desde hace muchos siglos. El hecho de que también sea el hogar de otro pueblo, el israelí, añade una complejidad inusitada a cualquier intento de definición [del lugar y su gente], algo de lo que hemos sido conscientes en todo momento.” (FalastinSami Tamimi)

Jerusalén, Yerushalayim (יְרוּשָׁלַיִם), Urshalim Al-Quds (أورشليم القدس), la tres veces sagrada sufre una herida. Y dando la razón a Balzac, no es aceptable tener un pensamiento sobre ella sin ser atravesado por emoción alguna.

Tres veces sagrada por y para, en orden de aparición, judíos, cristianos y musulmanes. Y mil veces disputada.

“«Nunca se han visto los musulmanes humillados de esta manera –repite al-Harawi–, nunca, antes de ahora, han visto sus territorios tan salvajemente asolados.» Los hombres que lo acompañan han huido de las ciudades saqueadas por el invasor; algunos de ellos se cuentan entre los escasos supervivientes de Jerusalén. Los ha traído consigo para que puedan referir, con su propia voz, el drama que han vivido un mes antes. En efecto, el viernes 22 de shaban del año 492 de la hégira, el 15 de julio de 1099, los francos se han apoderado de la Ciudad Santa tras un asedio de cuarenta días.” (Las Cruzadas vistas por los árabesAmin Maalouf, Alianza, 2012)

¡Cómo no vamos a sentir, a transmitir, a ser traspasados por la emoción al hablar sobre esa “pequeña extensión de tierra situada en la orilla oriental del mar Mediterráneo”, ancestral hogar de dos pueblos, el palestino y el israelí!

Las emociones son La sal de la tierra (¡memorable película!), Balzac tiene razón. La razón sin sentimientos deviene instrumental, como la que arrasó Europa, judíos, gitanos, homosexuales, polacos... a manos de los nazis. Pero dejar que los sentimientos (su inflamación, su irritación, su tumoración) aneguen el pensamiento no es lo que pide Balzac.

Si las emociones superan y aventajan a la razón, entonces no esperemos un pensamiento, solo una reacción visceral. Y eso ya está pasando.

Carta a un amigo

Los libros, dijo una vez el poeta Jean Paul [Johann Paul Friedrich Richter, conocido como Jean Paul (1763–1825)], son voluminosas cartas a los amigos. Con esta frase llamó él por su nombre de modo refinado y elegante a lo que es la esencia y función del Humanismo: una telecomunicación fundadora de amistad por medio de la escritura.” (Reglas para el Parque Humano, Peter Sloterdijk, Conferencia pronunciada en el Castillo de Elmau, Baviera, en julio de 1999)

Es por eso que escribimos. Porque, con mejor o peor fortuna, queremos, más que incidir en otros, fundar y dar razón de amistad. Nuevas amistades con desconocidos o consolidar amistades viejas ya muy conocidas. Así quisiéramos, porque queremos, que fueran nuestros textos: cartas a unos amigos. Una epístola resultado del esfuerzo de una legítima reflexión. Y las más de las veces, una epístola a uno mismo.

Ello no quita que, como con astucia apuntaba Zambrano, cuando escribimos para que nuestras ideas sean publicadas, también lo hacemos “para que alguien, uno o muchos, al saberlo, vivan sabiéndolo, para que vivan de otro modo sabiéndolo”.

Jerusalén, no es aceptable tener un pensamiento sobre ella sin ser atravesado por emoción alguna

En honor al poeta Jean Paul, reconocemos que, para que este escrito sobre esa torturada “tierra situada en la orilla oriental del mar Mediterráneo” lo fuera desde la emoción y con la razón, hemos buscado la amistad en los libros de Isabella HammadAyelet WaldmanGassan KanafaniRashid KhalidiAnne BerestAmos OzSayed KashuaJoumana HaddadSalah Jamal y muchos otros [3] para que sus “voluminosas cartas a los amigos” nos orienten y que, desde el drama de Desorientados [4] a la tragedia de Incendios o Ànima, sus palabras nos ayuden a entender la catástrofe, la situación; para que nos defiendan de caer en el doble racismo: el del orientalismo de unos y el del occidentalismo de otros; para ver que no hay pueblos buenos y pueblos malos, aunque sí personas buenas y malas personas.

Amparemos, finalmente, y que nos ampare, el principio de caridad retórica, aquel que nos insta a leer los argumentos del otro de tal manera que, cuando dudamos de la benevolencia del autor, se cumpla que sólo “comprendemos al máximo las palabras y pensamientos de otros cuando [los] interpretamos en una forma que optimice el acuerdo” (Preguntas sobre la verdad y su interpretaciónDonald Davidson, la negrita es nuestra). Acuerdo. En la palabra acuerdo resuena su etimología accordāre, de cor, cordis 'corazón': poner dos corazones en concierto, en alianza, en armonía. 

Si queremos que un texto devenga una verdadera carta a los amigos, lo escrito debe ser honesto, y el escribidor aceptar que, al exponer su pensamiento más íntimo y propio, él mismo quedará expuesto ¡Que no le extrañe lo que su carta provoque! Sólo así, desde la honestidad y la exposición, alcanzaremos lo que Séneca nos sugiere: “Después de la amistad, todo se debe creer; antes, todo debe deliberarse [, pero luego al amigo] recíbele con el corazón abierto, y háblale con tanta confianza como a ti mismo” [5].

En esas tensiones estamos instalados. Buscando amigos por medio de la lectura y la escritura, sabiendo que, al encontrarlos y escucharlos, nosotros también viviremos sabiéndoles, tendremos la oportunidad de vivir “de otro modo sabiéndolo”.

مكتوب

"A la mierda lo que está escrito —dice Landsman—. ¿Sabe qué? —De repente se siente harto de ganefs [yiddish: ladrones, criminales] y de profetas, de pistolas y de sacrificios y del infinito peso gangsteril de Dios. Está cansado de oír hablar de la Tierra Prometida y del derramamiento inevitable de sangre que se necesita para su redención—. No me importa lo que está escrito. No me importa lo que supuestamente se le prometió a un idiota con sandalias cuya fama se basa en el hecho de que estaba dispuesto a degollar a su hijo por una idea descabellada. Me importan un pimiento las vaquillas rojas y los patriarcas y las plagas de langostas. Un puñado de huesos viejos en la arena. Mi patria la llevo en mi sombrero. Está en el bolso de mi ex mujer." (El sindicato de policía yiddishMichael Chabon).

Está escrito (مكتوب, mektub) ¿está escrito?, pues “a la mierda lo que está escrito...”.

Pero no. Lo cierto es que en nuestros genes está escrito el apego a la tierra. Ya nos gustaría que el común de los mortales pensara como el detective Landsman. Más bien piensan como los familiares de una historia real que sucedió en un pueblo valenciano: un incendio fortuito acabó con toda una importante familia, de la que sólo se salvó la mujer de uno de los hijos, a la sazón recién casados. Tras el fatal accidente, el resto de familiares presionó hasta que la viuda, una forastera que por una extraña concatenación de las horas de muerte de los fallecidos quedó heredera de todo el patrimonio familiar, tierras de labranza incluidas -y no sólo de los bienes de su difunto marido-, renunció a todo y se marchó, o más bien huyó, del pueblo.

La territorialidad en el ser humano, en tanto que un componente, digamos, de su ser animal, ha sido estudiado tanto desde la psicología (por ejemplo, Russell VeitchDaniel Arkkelin o Irwin Altman) como desde la antropología (Konrad LorenzEdward W. Gifford o Clifford Geertz). Esa propiedad instintiva se da en el ser humano sin menoscabo, como plantea Altman, que siendo los humanos seres sociales -gracias a su alta capacidad de simbolizar-, debamos destacar la prevalencia del aspecto sociocultural de la territorialidad tanto o más que el biológico.

Pero a la postre, tanto en los humanos como en el resto de animales territoriales, esa territorialidad es una estrategia de supervivencia, aunque en los seres humanos, además, sea una estrategia tanto de pertenencia como de posesión (ambos aspectos simbólicos) con alcance geográfico. Estrategia cuyo objeto es controlar mediante el dominio material, es decir coactivo y coercitivo y no sólo simbólico, tanto la zona física interesada como lo contenido en ella.

En los humanos como en el resto de animales territoriales, esa territorialidad es una estrategia de supervivencia, aunque en los seres humanos, además, sea una estrategia tanto de pertenencia como de posesión

La territorialidad, en tanto que sentimiento de posesión de algo, crea una tensión irresoluble entre pertenencia y libertad. A mayor sentido de pertenencia, menor libertad; y su contrario: a mayor libertad, menor sentido de pertenencia. Y es esto último lo que tanto temen los adalides de uno y otro lado de la frontera: que un menor sentido de pertenencia sea origen de una mayor libertad, y que entonces la gente, el ciudadano, se haga eco y se apropie del grito del detective Landsman: “a la mierda lo que está escrito...”.

No hay nación eterna. No hay pueblo elegido. Solo frágiles personas que, con suerte, a veces alcanzan la dignidad de ciudadanos.

El miedo al no lugar

Marc Augé, filósofo y antropólogo francés, afinó con su definición de “no lugar” [6]:

Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar.” (Los no lugares. Espacios del anonimato, Marc Augé, Ed Gedisa, 2000.)

El lugar antropológico, la base de la territorialidad humana, difiere del lugar biológico (el de la territorialidad del resto de los animales) en que siempre es una “invención” simbólica (es decir, sociocultural y ahistórica): “[el lugar es] una invención: ha sido descubierto por aquellos que lo reivindican como propio [...] La marca social del suelo es tanto más necesaria cuanto que no es siempre original.” (ibídem).

Yoram Kaniuk, en 1948, su introspectiva novela autobiográfica, teñida de un antiheroísmo que sólo alguien que de sí mismo dice haber sido “un hombre sanguinario, como todos nosotros [...] aquellos que estuvieron allí, en el infierno de la matanza”, se atreve a iniciar la narración con este lúcido pensamiento sobre las invenciones de un lugar:

Ocurrió o no ocurrió, de este modo o de otro, ninguna memoria tiene Estado, ningún Estado tiene memoria. Puedo recordar o inventar un recuerdo y, al mismo tiempo, inventar un Estado o pensar que en el pasado fue otro distinto. Ningún Estado puede ser otro si antes no fue no-otro.” (la negrita es nuestra)

Los animales defienden su lugar -su territorio- sin más monsergas, los humanos mitificamos el lugar -el territorio- para darnos razones para defenderlo y, como recuerda Augé, además lo hacemos sin ninguna originalidad: siempre con “relatos que integran a los genios del lugar y a los primeros habitantes” (ibídem).

No cuesta ver el peligro de los lugares augianos, el trampantojo con el que los adalides de ambos lados de las fronteras nos quieren engatusar, el menoscabo de la libertad que conlleva una dura pertenencia al lugar -al territorio- y que convierte la pertenencia administrativa en un comunitarismo feroz, y entonces no cuesta entender y hacer nuestro el enfado del detective Landsman con el “idiota con sandalias”. Pero.

Pero los no lugares augianos también dan miedo [7]. Estamos condenados a ser libres, dijo Sartre, y la libertad absoluta, la del anonimato total, la de tener al alcance toda potencia abierta, también es una peligrosa trampa, la de convertir la libertad del individuo en individualismo atroz que, al decir del Hobbes, y a falta de comunidad de pertenencia que lo proteja y atempere, vuelve al hombre lobo para con el hombre.

Los animales defienden su lugar -su territorio- sin más monsergas, los humanos mitificamos el lugar -el territorio- para darnos razones para defenderlo

Ese miedo al no lugar es el que subyace en el proverbio “ese no tiene donde caerse muerto”. Sin un lugar que sientas tuyo, sin un sitio que te acoja cuando caigas, la vida deviene miserable.

¿En qué punto medio entre el lugar asfixiante y el no lugar espantoso podemos vivir?

¿En qué lugar propicio -punto medio entre el lugar asfixiante y el no lugar espantoso-pueden vivir los palestinos?

¿En qué lugar propicio -punto medio entre el lugar asfixiante y el no lugar espantoso-pueden vivir los judios?

Hafiz, (Shiraz 1325-1389), poeta persa nacido como Mohammed Shams od-Din, debe su sobrenombre literario (Hafiz, «preservador» en árabe) a tener el Corán totalmente memorizado. Sufí místico, tuvo frecuentes encontronazos con la ortodoxia coetánea, especialmente por los temarios de su poesía: cantaba al amor, la alegría, el vino y la música a la vez que denunciaba la vileza, la crueldad y la violencia de la sociedad. Queremos traer un pequeño poema, perteneciente a Hay una Tierra, que desacraliza todo lugar:

No sabrás ni un detalle de los misterios de la existencia,
mientras no estés desorientado en el círculo de la existencia.
¿Es necesario llevar hasta el cielo el palacio?
Para todos, el lecho es al final un puñado de tierra.

.../...
Oh Hafiz, bebe vino, sé alegre, entrégate a la bohemia,
mas el Corán en trampa de hipócritas no conviertas
.” (101 Poemas)

Queda mucho por recorrer para que el mundo en su conjunto sea nuestro lugar -el de todos- y no un lugar o un no lugar. Ese lugar, cuya realidad se daría sin necesidad de “invención” ni “idiotas con sandalias”, lo celebra en un hermoso poema el renombrado poeta persa Sa'dī o Saadi (nombre completo: Musharrif al-Dīn ibn Muṣlih al-Dīn Shiraz, 1213-1291), que supo enlazar una aguda mirada social con una emotiva calidad literaria:

Poema grabado en el edificio de la ONU de New York [8]
Poema grabado en el edificio de la ONU de New York [8]

En la segunda y última parte trataremos del motivo de llamar a este texto La herida violada, de la necesidad de problematizar las alternativas y, como conclusión, hablaremos de la no conclusión.


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[2] Las citas referencian en su mayoría a las lecturas que, con el ánimo de acercarnos con mil ojos a la espesa tragedia que parte en dos una tierra que se nos figura ahíta de sangre, dolor y muerte, hemos realizado desde noviembre de 2023 hasta junio de 2024. El resto lo son de ideas que, porque ya nos gustaría ser su origen, citamos para mostrar gratitud y reconocimiento a su autor o autora.
[3] También hemos querido ser tocados por la amistad de Mahi BinebinePatrick Radden KeefeSaleem HaddadAri Folman , Aharon AppelfeldAmin MaaloufYoram KaniukMarc TrévidicDavid GrossmanBoualem SansalEtgar KeretOlga RodríguezMichael ChabonEdward W. SaidAbraham B. YehoshúaTahar Ben JellounMichel WieviorkaJoseph HellerMarjane SatrapiWadji MouawadJavier ReverteWilliam StyronIbrahim NasrallahSait Faik AbasiyanikHafizSami TamimiGeraldine SchwarzNorman MailerPaul AusterBernard MalamudAhron BrehmankuSaul BellowAlfonso ZapicoJohn BergerJoan B. CullàJoe SaccoJosé Saramago y Moisés Naím. El orden de la relación no responde a ningún criterio, tan sólo al de la casualidad de la llegada de sus libros a nuestras manos.
[4] Desorientados se desarrolla como drama, sujeto, por ello, a que parezca que el nudo pueda resolverse por y a través de la palabra, de la comunicación, de la amistad. Y así Maalouf hace avanzar la novela, con ese punto de optimismo que, desde Platón, dice: quien a través de la palabra conozca la verdad será bondadoso y sus actos justos. Pero el autor no es un inocente ni ignora la realidad. Maalouf lo sabe, sabe qué ocurre y en la última página...
[5] Epístola III de Cartas a Lucilio (agradezco a Frailejón Editores haber puesto gratis al alcance de todos el texto en su web).
[6] “Desde otro punto de vista, podemos decir que el colmo del lugar es que es un espacio donde todo tiene sentido, todo tiene sentido social y donde la libertad es impensable. No hay libertad o autonomía individual. En cambio, podríamos decir que el no lugar es un espacio en el cual no hay sentido social, en términos absolutos, pero donde la libertad individual es grande porque podemos ir adonde queremos.” Marc Augé, citado por la revista digital argentina laposta.
[7] "Si los palestinos no tienen hogar y sensación de hogar, nosotros tampoco. Así funciona la física humana.[...] Los miedos van a dominar tanto que va a ser difícil hablar de paz, de solución de compromiso, de diálogo. Todas las cosas en las que creo se echarán a un lado de forma grosera. Y no puedo decir que no entiendo a la gente que piensa así. Tienen miedo. Y con razón. Nos despertamos el 7 de octubre con una pesadilla sin precedentes desde el Holocausto.” David Grossman, El País, 28/05/2024
[8] Traducción:
Los hijos de Adán son miembros de un organismo,
Una joya creada de la misma arcilla.
Cuando uno de ellos de un mal padece,
los otros no estarán serenos.
Si eres indiferente al dolor ajeno,
no mereces el nombre de hijo de Adán.
 “

La herida violada