jueves. 18.04.2024
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  1. Brevísima historia de la defensa de la libertad
  2. La experiencia de la libertad sensible
  3. La experiencia de la libertad responsable
  4. Razón y entendimiento (en Kant)
  5. ¿Por qué Kant?
  6. Libertad, enseñanza y ciudadanía.
  7. Si no les educamos nosotros...
  8. Las elecciones

Brevísima historia de la defensa de la libertad

En nuestra opinión, se dan básicamente dos líneas de defensa de la existencia de la libertad, de las que exceptuaremos expresamente la extraña defensa que realiza San Agustín de Hipona con su libre albedrio, pues no es libertad sensu estricto, sino un medio para que Dios pueda castigarnos por nuestros pecados.

Una línea de defensa, de alguna manera mayoritaria si inquirimos al común de los mortales, se basa en que, si no existiera libertad, difícilmente se podría exigir responsabilidad de los propios actos, difícilmente habría justicia reparativa en lugar de la ley del más fuerte. Siguiendo la nomenclatura kantiana, llamaremos a esta libertad la libertad práctica.

Otra línea, nada contradictoria con la anterior, más bien suplementaria en la defensa de la existencia de la libertad, hace hincapié en entender la libertad como la capacidad del individuo para actuar racional y autónomamente, a ésta la llamaremos libertad sensible.

Hay pensadores que se ubican sobre todo en la primera línea (Kant, por supuesto, y también Sartre, Heiddeger, Ortega y Gasset, José Luis Pardo, etc), y que, aunque acepten que la responsabilidad, para ser exigible, conlleve que la decisión debe ser autónoma, otorgan más importancia a la parte moral del individuo, a su capacidad de decidir moralmente (razón práctica, en lenguaje kantiano) y al impacto de sus decisiones en el mundo que le rodea.

Otros pensadores dan más importancia a lo que Rousseau llamaba libertad positiva (Spinoza, Hume, Descartes, Rousseau, Sloterdijk, Rawls, Habermas, Isaiah Berlin, etc), y su posicionamiento, que no abandona el compromiso con las acciones propias, es de alguna manera más político: postulan la libertad como aquella capacidad que permite a la persona elegir y actuar de acuerdo con su propio proyecto vital, y razonar y dudar para tomar decisiones informadas y autónomas, en definitiva crear desde la percepción y la experiencia en lugar de ser determinado por causas externas.

La experiencia de la libertad sensible

Los conocimientos que proporciona la instrucción, exentos de toda clase de orientaciones prácticas y juicios de valor [...] no pueden ni deben, de ninguna manera, dejarse dirigir por ninguna finalidad educativa” (Rafael Sánchez Ferlosio, El País, 29/07/2007)

Hay en general un amplísimo, cuando no total, consenso entre filósofos y pensadores acerca de la existencia de una necesaria relación entre imaginación y creación. Y de aquello imaginable con lo ya experimentado.

En particular queremos citar a Vigotsky y su afirmación de que, en el desarrollo de los niños, la imaginación y la creatividad están estrechamente relacionadas con la experiencia disfrutada: ésta les permite crear nuevas ideas y conceptos a partir de los juegos entendidos como ensayos de exploración tanto del entorno como de la relación del niño con su marco social y cultural.

El juego experimental del niño, que pone a prueba el mundo que le rodea, le aporta ese conocimiento empírico que le permitirá, siguiendo a Vigotsky, incrementar su creatividad al darle nuevos y variados elementos con los que trabajará su capacidad imaginativa.

Así mismo, esa misma experiencia, la suma de ellas, le facultará imaginar tanto las reacciones de terceros como las consecuencias de sus actos. A medida que los niños adquieren nuevas experiencias y conocimientos a través de la instrucción formal y la interacción con su entorno social y cultural, sus capacidades creativas se incrementarán en dos sentidos: en el del entendimiento y en el de la razón. Y lo harán como aprenden el lenguaje: lo sabrán antes de poder formalizar su experiencia, hablan con sintaxis sin entender formalmente la sintaxis y actúan con responsabilidad sin teorizar sobre la responsabilidad.

De ese aprendizaje es dado afirmar que la primera experiencia de la libertad en los niños será la que hemos llamado libertad sensible (para Rousseau, positiva), donde la percepción, la memoria y la imaginación son fundamentales para el desarrollo de su entendimiento y para adiestrar su pensamiento en la capacidad de la toma de decisiones. Aquí la instrucción en herramientas y la formación en útiles, mediante procedimientos de menor a mayor formalidad, es básica para el desarrollo de ese entendimiento y con ello, de su libertad sensible, o como dice Sartre, de una libertad libre de toda determinación.

Ahora bien, la instrucción, en tanto que alienta la creación, da alas a la trasgresión, es disolvente y destructora: esta en su razón de ser el cuestionar todo, incluso a la propia educación.

La experiencia de la libertad responsable

"La autonomía consiste en un autogobierno basado en la propia conciencia y en la búsqueda de valores universalizables ajustados a la dignidad humana" (Francisco Molina Artaloytia, Claves, 288, mayo/junio 2023)

La cultura, podemos decir, tiene dos funciones de dialéctico, cuando no antitético, comportamiento: educa e instruye. La cultura, como vehículo de educación, y no olvidemos lo emparentada que está la palabra educar con la palabra conducir: las dos provienen de la latina dux, es vertebradora de sociedad, consolida su estructura, nos hace responsables de la comunidad. La cultura que educa prepara para el necesario, imprescindible incluso, proceso de asimilación: por lo común, nacemos, vivimos y morimos en una sociedad, y pertenece a la justicia básica de la misma que nos eduquen para ser ”ciudadanos libres e iguales en un sistema equitativo de cooperación” (John Rawls): la educación, heredera del proyecto ilustrado del progreso por la razón, es una función que, de alguna manera, nos aleja del caos y nos prepara para la libertad práctica, la que nos lleva a experimentar con responsabilidad, a experimentar la responsabilidad.

Y como advertíamos, la cultura, como sistema que ejercita el entendimiento por medio de la instrucción, y aquí conviene tener en cuenta la fuente común de los lexemas de las palabras instruir y construir, permite a la persona crear herramientas generadoras de nuevas estructuras -mismo lexema-, generadoras de futuro.

La dialéctica entre instruir, base del entendimiento, de la libertad sensible, y educar, fundamento de la razón, de la libertad práctica, no dejará de plantear problemas y roces, pero nunca debemos buscar una síntesis, y no sólo porque son conceptos irreductibles entre ellos, sino porque si uno de los dos ganara, el infierno, llámese tecnocracia, llámese teocracia, estaría servido: se es libre, no sólo cuando uno puede hacer lo que quiera o desee, expresión de la libertad sensible, sino cuando uno se sabe y se reconoce responsable de lo que hace por propia voluntad, manifestación de la libertad práctica.

Razón y entendimiento (en Kant)

La íntima relación que se da entre instruir y educar radica en la relación de ambas con la experiencia y la imaginación: con éstas construimos herramientas, que lo son tanto del mundo fenoménico, sensible, como del mundo moral, y si bien, y ya lo hemos dicho, instrucción y educación no son reductibles entre sí, se ayudan -aunque se ayuden estorbando-, y tal vez especialmente el entendimiento ayuda a la razón, mostrándole desde la reflexión sobre la experiencia como ampliar el mundo moral.

¿Por qué hemos querido utilizar para distinguir las dos libertades las palabras sensible y práctica en su sentido kantiano? Por que nos viene bien para poderlas conceptualizar en relación a los dos procesos culturales que las soportan, la instrucción y la educación.

Kant diferencia en su filosofía entre entendimiento y razón en tanto que, para él, son dos facultades distintas del ser humano que cumplen diferentes funciones en la percepción y comprensión del mundo. El entendimiento (Verstand) tiene como materia las intuiciones sensibles, es la facultad que nos permite interpretarlas y organizarlas en conceptos y categorías, siendo responsable del pensamiento discursivo y científico.

La razón (Vernunft), sin embargo, es la facultad que nos permite analizar y reflexionar sobre los principios y los fines, sobre aquello que está más allá de la experiencia sensible, buscando comprender la naturaleza de una realidad transcendental (independiente y no reductible a nuestra experiencia sensible), incluyendo la existencia de Dios, el alma o la libertad.

¿Por qué Kant?

En paralelo a la división totalmente política, necesaria y válida que Isaiah Berlin, en la línea de Locke, Rousseau o incluso Hegel, hace entre la libertad negativa (o formal: ausencia de impedimentos externos que nos impidan hacer lo que deseamos) y la positiva (o material: dar contenido a la capacidad de autodeterminación y de tomar decisiones autónomas sobre nuestra propia vida, independientemente de restricciones externas objetivas), cuya conceptualización es aplicable tanto a la libertad sensible como a la práctica,  la división que proponemos siguiendo a Kant tiene que ver con esa íntima contradicción que, cuando oímos o leemos la palabra libertad en boca de muchos de nuestros políticos, nos incordia y nos molesta. Vemos cómo hablan de la libertad en extraños sentidos (pensamos en las cañas de Díaz Ayuso y su “comunismo o libertad”, o en los republicanos libertarios estadounidenses y su “Gobierno mínimo, libertad máxima”), extraños, sí, pero no del todo extraños, pues ¿cómo negar la posibilidad de tomar cañas? Caeríamos, si lo prohibiéramos, en que ni siquiera estaría cubierta la libertad negativa berliniana. Así que vemos necesario una nueva aproximación que nos permita mostrar la falacia de esas presentaciones y, a la vez, nos muestre los límites y también las fortalezas de la libertad.

Y ahí Kant, al distinguir entre lo que puede hacer el entendimiento, y su correlato en la cultura, la instrucción, y lo que le corresponde a la razón, y su correlato: la educación, es una inestimable ayuda para desmontar las veleidades de esas derechas (y, no está de más decir, de alguna izquierda, o que se presenta como izquierda) que sólo enarbolan una de la dos libertades, la sensible, escamoteando que ésta precisa, para aprehender la realidad total del ser humano, de la otra, la práctica, sin la cual no se es libre, como no lo es niño, y por eso aún no es responsable, pues todavía ha de aprender de la experiencia y con la imaginación a experimentar la responsabilidad, ni lo es el mundo natural, donde se da la ley del más fuerte en lugar de justicia reparativa.

Libertad, enseñanza y ciudadanía.

Los fracasos del [...] ideal del hombre racional absolutamente liberado de las pasiones [...] son los que han dado lugar [...] a la enorme decepción acerca de los ‘programas educativos’ [...] No sin motivo [...] por sus devastadores efectos secundarios [que] destruyen de facto el sano entendimiento o el sentido común [...] y sustituyen [...] la memoria de sus virtudes por una obra mecánica, sin capacidad alguna de juicio [, quedando la población] por ello sometida a un régimen insoportable de sufrimiento y minoría de edad (pues menores de edad son quienes aún no disponen de sentido común ni son capaces de juicio), luego los ingenieros [emocionales o pedagogos denostan a] las masas, como si las ‘masas’ fueran la causa del fracaso de sus programas educativos y no lo que son en realidad, es decir, el efecto de su más perfecto y total éxito” (José Luis Pardo, La regla del juego, pág. 106-108, Premio Nacional de Ensayo, 2005).

Seguidamente el autor argumenta por qué no son solución ni la desmasificación ni el mayor perfeccionamiento técnico de la enseñanza, pues el planteamiento del problema falla en su raíz: no es demasiados alumnos, ni demasiada poca capacidad técnica del sistema los motivos del fracaso escolar, en tanto que fracaso en el objetivo de crear ciudadanos –pues de eso estamos hablando: de ciudadanos y no de autómatas. El motivo base radica en haber olvidado que la enseñanza, que es tanto educar como instruir, y que ya sólo instruye (las reglas explícitas del juego) pero no educa (las reglas implícitas del juego), ha de ser transmitida en parte –tal vez en su parte más importante: la que educa– a través del ejemplo, del uso, de la práctica del juego efectivamente realizado, para que así la ciudadanía sea aquello “que después nos sale del alma [...] o de la memoria, [pues] ha sido antes sembrado como una vocación secreta” (ibid, pág. 75). Ahí, en ese profundo antes sembrado, que no puede ser razonado ni argumentado, sino sólo ejemplificado y ejemplarizado, radica la vía para salir de la esclavitud de la pedagogía solo instructora. Otra razón para entender que la sola razón sensible, la que obra por mor del entendimiento, de la instrucción, no es suficiente para ser libres.

Si no les educamos nosotros...

Crece el antifeminismo entre adolescentes: el mito de la denuncia falsa, la mujer casta y el hombre conquistador. El Centro Reina Sofía de Fad Juventud constata en un informe el retroceso de las ideas igualitarias, la negación de la violencia machista y la brecha entre chicos y chicas” (Isabel Valdés, El País, 10/05/2023)

Una encuesta a 9.250 preadolescentes de 10 a 14 años de cinco países mostró que el 14,5% de los jóvenes entrevistados en Ecuador (la tasa más baja) y el 33% en Bélgica (la tasa más alta) ya han consumido material explícito en este grupo de edad. El estudio fue publicado en julio de 2021 en la revista Journal of Adolescent Health y se centró en residentes de áreas de bajos ingresos.” (Shin Suzuki, BBC News, 30/12/2021)

El esfuerzo de educar se nos antoja enorme, si nos regimos por la exigencia que conlleva la solución que plantea José Luis Pardo: educar sin domar con “programas educativos”, educar a través del ejemplo, educar dando herramientas para que nuestros educandos fabriquen su propia experiencia de la responsabilidad. Enseñar a pescar, decimos, en lugar de dar pescado.

Y se trata de una carrera maratoniana de obstáculos, en una sociedad capitalista que, tal y como advirtió Durkheim, y remacho Sennet, su impaciente apetito crea anomia social[1], todo lo contrario de esa autonomía en la libertad, cuyo aprendizaje exige, usando palabras de Félix de Azúa, un "juicio singular y privado", "un esfuerzo personal de análisis, crítica, reflexión y resolución" (Claves, 288, mayo/junio 2023).

Ciertamente no debemos caer en catastrofistas llamadas contra la tecnología: esa puerta no se puede ni se debe cerrar ¿Quién no recuerda cómo Platón despotricaba contra los libros, advirtiendo del peligro de que la costumbre de la lectura hiciera olvidarse de la memoria? ¡hoy mataríamos porque nuestros retoños leyeran libros! Ahora bien, los libros, incluso tras su expansión motivada por la imprenta de Gutenberg, estaban reservados para una elite formada y educada. Hoy, por suerte, la enseñanza es universal, lo que permite un acceso a los medios tecnológicos también universal. El cambio cualitativo es esa universalidad del acceso a la tecnología de los media que, ampliando los márgenes de la libertad sensible, no da herramientas para que madure la libertad práctica en sus usuarios: ni es su función ni le sería rentable hacerlo, más bien lo contrario.

Y si no los educamos nosotros en y para esa necesaria libertad práctica, serán arrastrados (¡nativos digitales, dicen!) a la mera libertad sensible por Elon Musk, Mark Zuckerberg, PornHub, TikTok (ByteDance), YouTube (Google), WeChat (Tencent) y tantos otros que ya hay o que les sigan o que les sustituyan o les superen.

Las elecciones

Precisamente por la oscuridad moral de la actual política y el ocaso del maniqueísmo, es imprescindible el juicio singular y privado. El giro del tiempo nos exige un esfuerzo personal de análisis, crítica, reflexión y resolución, totalmente ajeno a las siglas, a los partidos, a los movimientos colectivos, a la publicidad y a la propaganda del Estado.” (Félix de Azúa, ob cit).

Poco que añadir a la petición de que el “análisis, crítica, reflexión y resolución” guíe nuestro voto en este próximo 28M como única vía de ser “ciudadanos libres e iguales en un sistema equitativo de cooperación” (John Rawls).

¡Buenas elecciones y disfruten de ese día de conmemoración de la democracia!

 

[1] Carta al Director de El País, https://tinyurl.com/AnomiaYReligion, Rafael Granero Chulbi, 24/12/2007

Libertad