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viernes. 03.02.2023

El concepto de inteligencia social, emocional o interpersonal fue desarrollado por Howard Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples, en el que afirma que no hay una inteligencia única. Las personas que tienen esta fortaleza de la inteligencia social, son personas socialmente inteligentes, es decir que son conscientes de las emociones y las intenciones, los motivos y sentimientos, de ellos mismos y de los otros

Además, son personas que saben responder a estas motivaciones o sentimientos de los otros. La inteligencia social es la capacidad de observar diferencias en los demás, sobre todo con respecto a su estado de ánimo, temperamento, motivaciones e intereses y actuar en consecuencia. Esta fortaleza no debe confundirse con ser meramente introspectivo o reflexivo, sino que debe demostrarse mediante actos de habilidad social.

Las personas que tienen inteligencia social, son socialmente inteligentes, es decir que son conscientes de las emociones y las intenciones, los motivos y sentimientos, de ellos mismos y de los otros

La inteligencia emocional permite acceder a nuestros propios sentimientos y utilizar este conocimiento para comprender y orientar nuestro comportamiento. Es lo que Daniel Goleman ha denominado inteligencia emocional. Son personas que se comportan de tal forma que para ellos no importa la situación social, tratan de que todos los participantes se sientan cómodos y valorados y socialmente inteligentes que saben percibir los sentimientos de los demás y son honestos acerca de sus propios sentimientos. La teoría de Goleman define que dentro de la inteligencia emocional hay cuatro dimensiones básicas:

Autoconciencia emocional. Es nuestra capacidad para entender lo que sentimos y de estar siempre vinculados y en conexión con nuestros valores, con nuestra esencia. Sería como si tuviéramos un GPS interno que nos permitiera ir siempre por el camino correcto y el más acertado. La importancia de saber reconocer nuestras emociones y no dejarnos llevar por ellas.

Automotivación. Habilidad para orientarnos y focalizar todos nuestros recursos personales hacia nuestras propias metas y objetivos marcados.

Empatía. La capacidad que tenemos de entender, descifrar y ponernos en el lugar del otro; para profundizar en ella, no dejes de leer nuestro artículo “Empatía: si te pones en mi lugar, quizá entiendas mi comportamiento”.

La inteligencia social es la capacidad de observar diferencias en los demás, sobre todo con respecto a su estado de ánimo, temperamento, motivaciones e intereses y actuar en consecuencia

Habilidades sociales. El conjunto de conductas que nos permiten interactuar y relacionarnos con los demás de manera efectiva y satisfactoria. Esto es, la tendencia a dar siempre la respuesta más adecuada a las demandas sociales del entorno. Las personas con la fortaleza de inteligencia social, interpersonal o emocional son generalmente expertos en fomentar relaciones saludables, saben proporcionarse a sí mismo espacios agradables y adecuados para uno mismo, como por ejemplo situarse en entornos que maximicen las habilidades y los intereses personales. 

La inteligencia social tiene una expresión cultural y otra personal. La expresión cultural es la inteligencia compartida; el resultado de la acumulación de la experiencia de la humanidad desde que surgió la sociedad humana es por así decirlo, la sabiduría colectiva. La expresión personal es la interiorización y actualización de esa inteligencia en cada individuo, a través de los procesos de socialización primaria y secundaria. Como ya han apuntado muchos autores (Mead, Berger, Marina) la inteligencia compartida se nutre de la inteligencia individual, que, a su vez, es resultado de la interacción con la inteligencia compartida.

Las personas con la fortaleza de inteligencia social, interpersonal o emocional son generalmente expertos en fomentar relaciones saludables, saben proporcionarse a sí mismo espacios agradables y adecuados

No todos los procesos de socialización son igualmente 'eficaces' y, por lo tanto, no todas las personas pueden 'interiorizar' del mismo modo la inteligencia compartida. Por esa razón distintas personas disponemos de distintas habilidades sociales. Algunas de estas habilidades sociales serían: empatía, escucha activa, comprensión, cognición social, comunicación no verbal y verbal, saber presentarse a los demás, saber transmitir lo que deseamos, interés por los demás, interpretar adecuadamente las situaciones, evaluar correctamente las circunstancias, saber valorar las estructuras de poder, etc.

Cuando hablamos de cerebro social, nos referimos al conjunto de mecanismos neuronales que dirigen nuestras relaciones, contiene la suma de pensamientos, recuerdos, sentimientos y emociones acerca de nuestras interacciones sociales. Implica habilidades interpersonales, como la empatía y el interés, que van más allá de la búsqueda del bien personal, el individuo que posee inteligencia social toma en cuenta a los demás, de ésta manera constantemente enriquece sus relaciones interpersonales.

¿Qué tipo de emociones predominan en ti y cuáles son las que contagias a los demás usualmente? La habilidad social se da a través de las neuronas espejo. Estas neuronas nos permiten reconocer las emociones en los demás e identificarnos con algún aspecto que estén transmitiéndonos. El fenómeno del contagio emocional se da en gran parte gracias a este tipo de neuronas, pues nos ayudan a entender lo que está sucediendo, a ser empáticos y a conectar con los demás.

Estas neuronas espejo nos permiten reconocer las emociones en los demás e identificarnos con algún aspecto que estén transmitiéndonos

Merlin Donald considera que la aparición de la conciencia humana descansa en la naturaleza de los humanos como animales sociales y, además, que la mente y la conciencia no son tanta propiedad del cerebro individual sino una expresión de la relación del individuo con el mundo social en el que dicha persona está insertada.

La conciencia y la memoria humanas están estrechamente relacionadas. Tal como apunta Merlin Donald, existe la estructura de memoria interna en el cerebro; existe la interacción del cerebro con el exterior -la cultura propia; y existe la memoria externa de esa cultura. La interacción entre la estructura biológica de la memoria (interna) y la memoria cultural (externa) provoca no solo que adquiramos una gran cantidad de almacenamiento simbólico externo, sino que también modificamos nuestras características y propiedades de almacenaje. La estructura de memoria externa es reconstruido en el sistema cognitivo y modifica las propiedades de este sistema.

Richard Davidson apunta: “Todas las emociones son sociales. Resulta imposible separar la causa de una emoción del mundo de las relaciones, porque son las relaciones sociales las que movilizan nuestras emociones” "Después de que nuestro cerebro registra la información emocional, el córtex prefrontal nos ayuda a dar la respuesta más adecuada. el modo en que las relaciones que mantenemos con los demás activan los genes que configuran estos circuitos determina nuestro estilo afectivo, es decir, la velocidad e intensidad con la que respondemos a un determinado estímulo emocional y el tiempo que tardamos en recuperarnos".

Todas las emociones son sociales. Resulta imposible separar la causa de una emoción del mundo de las relaciones, porque son las relaciones sociales las que movilizan nuestras emociones

Si todas las emociones son sociales, nuestra inteligencia emocional también se fraguará en nuestras relaciones sociales. El modo en que aprendemos a interactuar con los demás y a interpretar y reaccionar, va a determinar nuestro estilo personalde experimentar nuestras emociones. Nuestra inteligencia emocional es parte de nuestra inteligencia social.

Algunos aspectos para mejorar la inteligencia emocional son:

§  Solucionar los problemas: Muchas veces, por miedo a afrontar directamente los problemas, optamos por una postura evitadora que por sí sola no va a solventar lo que nos pasa ni hará que desaparezca por si solo. En definitiva, plantear soluciones y no aplazar los problemas.

§  Disciplina: Tener un cierto orden en nuestro día a día nos ayudará a identificar dónde estamos, qué hacemos ahora mismo y a dónde deseamos llegar. Nos permite no entrar en la indefinición del «no saber qué hacer con nuestra vida». En definitiva, tener un plan y trabajar por conseguirlo.

§  Clima de confianza: Generar un clima de confianza con nuestros hijos, pareja, familia, compañeros, etc., permite evitar muchos problemas futuros que puedan aparecer por el mero hecho de que no exista dicha confianza. Por ejemplo, que nuestro hijo sea capaz de acudir a nosotros cuando tiene un problema y no a otras fuentes, es resultado de haber trabajado previamente en generar ese clima de confianza.

§  Ser veraz y sincero con el entorno familiar respecto a temas dolorosos como pudieran ser una enfermedad o adversidades como la pérdida de un empleo. Edulcorar, esconder o aplazar la verdad puede generar consecuencias negativas como la pérdida de confianza o una futura gestión emocional inmadura para el niño, que no ha podido «entrenar» sus emociones ante circunstancias difíciles de la vida.

Por último, compartir esta reflexión de Daniel Goleman: “El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional”.

La inteligencia social, una fortaleza personal