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jueves. 08.12.2022
PSICOLOGIA POSITIVA

La fuerza de voluntad o autocontrol, una fortaleza

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.” Albert Einstein
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El término psicología positiva fue propuesto por Martin Seligman, quien tras dedicar gran parte de su carrera al estudio de la indefensión aprendida y a la psicopatología, dio un giro radical hacia el estudio de lo que él llamó fortalezas y virtudes humanas.

Su propuesta fue presentada inicialmente en la conferencia inaugural de su período como presidente de la American Psychological Association (Seligman, 1999). No obstante, las primeras aproximaciones hacia la psicología positiva se remontan a finales de los años 20, con los escritos de Watson sobre el cuidado psicológico de los infantes, y a finales de los años 30, con el trabajo de Terman y colaboradores sobre el talento de los estudiantes y su ambiente académico y los factores psicológicos relacionados con la felicidad marital.

Las emociones positivas incluyen la felicidad y otros sentimientos de bienestar, son descritas como reacciones breves que típicamente se experimentan cuando sucede algo que es significativo para la persona

Para Seligman (2003), las emociones positivas pueden centrarse en el futuro, presente o pasado. Respecto al futuro, están el optimismo, la esperanza, la fe, y la confianza; las relacionadas con el presente son la alegría, la tranquilidad, el entusiasmo la euforia, el placer y la más importante el llamado flow, o experiencia óptima, que incluye felicidad, competencia percibida e interés intrínseco por la actividad realizada. Sobre el pasado, las emociones positivas incluyen la satisfacción, la complacencia, la realización personal, el orgullo y la serenidad. Estos tres aspectos emocionales son distintos y no se hallan necesariamente relacionados.

Cabe resaltar la importancia de la interpretación subjetiva de factores objetivos en el mantenimiento y creación de la felicidad. Se promueve la idea de que las personas felices tienen mayor probabilidad de ver los eventos y circunstancias de la vida de manera que refuerzan y promueven su bienestar, esperan resultados positivos en el futuro, tienen un sentido de control sobre el resultado de sus acciones y confían más en sus habilidades o destrezas.

Las emociones positivas incluyen la felicidad y otros sentimientos de bienestar, son descritas como reacciones breves que típicamente se experimentan cuando sucede algo que es significativo para la persona. Actualmente hay suficientes datos para afirmar que las emociones positivas potencian la salud y el bienestar, favorecen el crecimiento personal, permitiendo sentimientos de satisfacción con la propia vida, tener esperanza, ser optimista y percibirse más feliz. Incluso hay estudios que evidencian que la risa, la felicidad y el buen humor ayudan no solo a mantener sino también a recuperar la salud.

Existe suficiente evidencia para afirmar que las emociones positivas se relacionan con la longevidad, la percepción de buena salud en adultos mayores, el desarrollo de la felicidad, la competencia inmune, la recuperación cardiovascular y el adecuado afrontamiento al estrés y a la adversidad.

La fuerza de voluntad es la capacidad de resistir las tentaciones al corto plazo para cumplir con las metas de largo plazo y existen buenos motivos para hacerlo. Los psicólogos de la universidad de Pensilvania Angela Duckworth, PhD, y Martin Seligman, PhD, hicieron estudios sobre el autocontrol de alumnos del octavo grado durante el transcurso de un año escolar. Primero midieron la autodisciplina (el término que usan para denominar el autocontrol) por medio de cuestionarios que profesores, padres y alumnos completaron. Luego asignaron a los estudiantes una tarea en la cual tenían la opción de recibir $1 inmediatamente o esperar una semana y recibir $2.

Los investigadores descubrieron que los estudiantes que habían obtenido un puntaje alto en autodisciplina también obtenían mejores calificaciones, tenían mejor récord de asistencia y mejores puntajes en los exámenes estandarizados, y su probabilidad de ser admitidos a programas de bachillerato competitivos era mayor. Los investigadores descubrieron también que la autodisciplina es más importante que el coeficiente intelectual en anticipar el éxito académico.

Otros estudios han encontrado patrones similares. June Tangney, PhD, de la universidad George Mason y un grupo de colegas, compararon la fuerza de voluntad de un grupo de estudiantes a los cuales les pidieron que completaran una serie de cuestionarios diseñados para medir su autocontrol. Del mismo modo los científicos crearon una escala para calcular la intensidad de la fuerza de voluntad. Descubrieron que los puntajes de autocontrol iban mano a mano con mayores promedios académicos, mayor autoestima, menos hábitos compulsivos al comer y al beber y mejores habilidades para las relaciones interpersonales.

En el estudio de Walter Mischel, los niños que miraron a la tentación de frente la resistieron menos que aquellos que cerraron los ojos, miraron para otro lado o se distrajeron de algún otro modo

En 2010 un estudio de Veronika Job, de la universidad de Stanford y un grupo de colegas, encontró que los individuos que creían que la fuerza de voluntad era un recurso limitado estaban sujetos a que su fuerza de voluntad se agotara. Pero las personas que no creían que la fuerza de voluntad se pudiera agotar fácilmente no mostraron signos de agotamiento después de ejercer el autocontrol. En un segundo componente de este estudio los investigadores manipularon las creencias de los sujetos acerca de la fuerza de voluntad pidiéndoles que completaran cuestionarios sutilmente sesgados. Los voluntarios que habían sido llevados a creer que la fuerza de voluntad era un recurso limitado mostraron señales de agotamiento del ego, mientras que aquellos que habían sido llevados a creer que la fuerza de voluntad no era limitada no mostraron señales de un autocontrol decreciente.

En una encuesta denominada “Stress in America” de la Asociación Americana de Psicología, se preguntaba, entre otros temas, sobre la capacidad de los participantes para hacer cambios saludables en su estilo de vida. Los encuestados frecuentemente responden que la falta de voluntad es su principal motivo para no llevar a cabo estos cambios. El 27 por ciento de los participantes respondió que la falta de fuerza de voluntad era la barrera más significativa para no cambiar. Si bien muchos consideran que una fuerza de voluntad deficiente es responsable de sus decisiones imperfectas, está claro que no se han dado por vencidos. La mayoría de los encuestados cree que la fuerza de voluntad es algo que se puede aprender. Y quizás están en lo cierto.

Estudios recientes sugieren que hay maneras en las que la fuerza de voluntad puede ser efectivamente fortalecida con la práctica. Así mismo, muchos encuestados respondieron que tener más tiempo para sí mismos les ayudaría a sobreponerse a su falta de fuerza de voluntad. Sin embargo, la fuerza de voluntad no florece automáticamente cuando se tiene más tiempo.

En los últimos años se ha desarrollado una amplia colección de investigaciones con el propósito de explicar muchas facetas de la fuerza de voluntad. La mayoría de los investigadores que exploran el autocontrol (fuerza de voluntad) lo hacen con una meta obvia en mente: ¿cómo puede aumentarse la fuerza de voluntad? Si la fuerza de voluntad de verdad es un recurso limitado, como parecen sugerirlo las investigaciones, ¿qué se puede hacer para conservarla? Evitar la tentación es una táctica efectiva para mantener el autocontrol.

En el estudio de Walter Mischel, los niños que miraron a la tentación de frente la resistieron menos que aquellos que cerraron los ojos, miraron para otro lado o se distrajeron de algún otro modo. El principio “ojos que no ven, corazón que no siente” también se aplica a los adultos. Un estudio reciente, por ejemplo, encontró que los trabajadores de oficina que mantenían dulces en un cajón los consumían menos que aquellos que los mantenían a plena vista.

Otra táctica útil para mejorar el autocontrol es la técnica que los psicólogos denominan “intención de implementación”. Por lo general estas intenciones toman la forma de proposiciones de tipo “si X entonces Y” en las que las personas planean qué hacer ante situaciones que ciertamente van a menoscabar su determinación. Por ejemplo, alguien midiendo su consumo de alcohol puede decidir antes de una fiesta que, “si alguien me ofrece una bebida, entonces pediré club soda con limón”.

Las investigaciones entre adolescentes y adultos han encontrado que las intenciones de implementación mejoran el autocontrol, aún entre las personas cuya fuerza de voluntad ha sido disminuida por tareas de laboratorio. Tener un plan establecido con anticipación puede permitirle tomar decisiones en el instante sin tener que aplicar la fuerza de voluntad.

Por último, compartir esta reflexión de Albert Einstein: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”

La fuerza de voluntad o autocontrol, una fortaleza