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viernes. 03.02.2023
CapturaValentia

La palabra Coraje proviene de “cor” (corazón en latín), significa “echar el corazón por delante”, tener valor. El Coraje se convierte en una de las fortalezas que Martin Seligman propone en la Psicología Positiva, y dentro de él podemos encontrar virtudes, además de la valentía, como la perseverancia, la pasión por las cosas o la honestidad.

Hay personas que tienen esta virtud más desarrollada que otras, lo cual no quiere decir que sea esto sea algo estático, se puede trabajar para “incrementar” el coraje y una manera para lograr esto es simplemente realizando actos, ya sean grandes o pequeños, que requieran de la valentía. La confianza en uno mismo, el poder interior, el genuino deseo de superación y crecer es lo que juega a favor de incrementar esta virtud.

La Valentía, es por tanto, una fortaleza de la virtud del Coraje, que se refiere a la disposición para actuar de forma voluntaria, quizá con miedo, en presencia de una circunstancia peligrosa, donde los riesgos importantes son evaluados razonablemente y sus consecuencias son aceptadas; es un esfuerzo por conseguir o perseverar en algún bien percibido para uno mismo o para los demás, reconociendo que ese bien podría no alcanzarse o concretarse. La acción debe estar orientada hacia fines superiores. Incluye la valentía física pero no se limita a ésta.

La confianza en uno mismo, el poder interior, el genuino deseo de superación y crecer es lo que juega a favor de incrementar la virtud del coraje

Para Aristóteles: “Los valientes son efectivos a la hora de la acción, pero antes, calmados”. Afirma también Aristóteles: “Es debilidad huir de las tribulaciones, y el suicida no soporta la muerte porque sea bella, sino para huir del mal”. Aristóteles condena el suicidio como una forma de fuga; no es un acto de valentía. Y esto es importante, porque en la tradición romana, por ejemplo, no será así. El suicidio será elevado a una forma de valentía.

Aquí se produce claramente una división entre lo que será la ética romana y lo que es el mundo griego de Aristóteles. La fortaleza, o valentía entonces, es posible a partir de la experiencia de nuestra vulnerabilidad, de nuestra precariedad. Siempre que hay valentía, hay la posibilidad de una herida y la mayor herida es la muerte. Es eso lo que produce miedo. Esta herida que puede ser física o espiritual. Puede haber miedo al fracaso, a la pobreza, a la opinión ajena, a la soledad; no necesariamente es miedo a la muerte o daño físico. Pero el caso emblemático más puro es la sensación del peligro de muerte.

Aristóteles condena el suicidio; no es un acto de valentía. En la tradición romana no será así. El suicidio será elevado a una forma de valentía

Y los actos de valentía son básicamente dos: el ataque o la resistencia. Ésas son, por así decir, las dos expresiones básicas del acto de valentía. Según Tomás de Aquino, es más valiente resistir que atacar, y, con su acostumbrada precisión, da tres razones para ello: “Primeramente, no se tiene ocasión de resistir sino cuando se es invadido por algo más fuerte que uno mismo; pero el que ataca lo hace a título de más fuerte, y batirse con uno más fuerte es más difícil que batirse con uno más débil. En segundo lugar, porque el que resiste afrenta la presencia misma del peligro, mientras que el que ataca lo considera en el porvenir, y es más difícil no dejarse conmover por un peligro presente que por un peligro futuro. En tercer lugar, porque resistir requiere un tiempo prolongado, mientras que puede atacarse por un movimiento brusco, y es más difícil permanecer largo tiempo inmóvil que meterse bruscamente en cualquier cosa ardua”. Al atacar, entran en juego pasiones.

Para Tomás de Aquino, en el ataque la ira es legítima, “porque el abalanzarse contra el mal es propio de la ira y de ahí que pueda ésta entrar en inmediata cooperación con la fortaleza”. O sea, el propio Tomás de Aquino acepta la ira, cuando el combate es justo. Pero la ira es un elemento del ataque. No hay ataque sin rabia. Ir con rabia a buscar la pelota es justo y eso es parte de la agresión legítima. No es posible agredir como quien da la mano; no es posible en la guerra ni en ningún deporte. El ataque supone confianza en sí mismo y cierto margen de esperanza.

Tomás de Aquino acepta la ira, cuando el combate es justo. Pero la ira es un elemento del ataque. No hay ataque sin rabia. Ir con rabia a buscar la pelota es justo y eso es parte de la agresión legítima

William Styron, en su ensayo sobre la depresión que sufrió hace unos años y que casi lo llevó al suicidio, cuenta que hubo un momento en el cual él dio un salto y tomó una decisión valiente: en lugar de seguir avanzando en el proyecto de su suicidio, decidió llamar a un psiquiatra y, en última instancia, se hospitalizó. Hasta hoy no sabe Styron por qué dio ese salto que lo salvó. Pero en ese momento, en la medida que hubo algo de salud, porque obviamente la depresión es una enfermedad, hubo una opción y la valentía entró en juego. La valentía, entonces, es una virtud de seres finitos, de seres vulnerables.

Veamos una estrategia de 8 pasos que puede ayudar a afrontar un temor, y a partir de ahí fomentar la valentía:

  1. Tolera tus temores. No huyas, no quieras escapar de la emoción.
  2. Revisa qué suele producirte temor. Analiza ante qué situaciones y eventos tiendes a asustarte. Identificar tus miedos es el primer paso para manejarlos.
  3. Comprende tu temor. Escucha lo que ese temor quiere decir.
  4. “Poner en su lugar al temor”. Hacerse preguntas como ¿es para tanto? ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿por qué no voy a poder hacerlo? ¿no he afrontado cosas parecidas?
  5. Focalízate en tus objetivos y metas.
  6. No anticipar, no rumiar.
  7. Actuar, ponerse en acción. Confiar en uno mismo y en sus posibilidades.
  8. Aprender. El temor va desapareciendo con la práctica y el aprendizaje.

Por último, compartir esta reflexión de Miguel de Cervantes: “El verdadero valor se encuentra entre la cobardía y la temeridad”.

La virtud del coraje y la valentía como fortaleza