jueves 27/1/22
EMPERADORES ROMANOS

Julio César, dictador, militar, político e intelectual (Parte I)

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Cayo o Gayo Julio César nace entre el día doce o trece de julio del año 100 a. C. Las dudas proceden de una cita de Casio Dion, que dice que Julio César nació el día trece, pero se cambió al doce por una ley triunviral.

Este cambio se debió a que el trece de julio se celebraban unos juegos en honor del dios Apolo y, según un oráculo, ningún otro festival en honor a una divinidad podía tener lugar el mismo día. El resto de fuentes clásicas refieren el doce de julio como fecha de nacimiento.

Julio César fue miembro de los Julios Césares, que era una familia patricia de la gens Julia, que aparece por primera vez en los registros históricos a finales del siglo III a. C., durante la II Guerra Púnica contra los cartagineses.

Su padre fue un senador de rango pretorio que se apartó de la política tras un gobierno provincial en Asia. Su madre fue Aurelia, miembro de los Aurelios Cotas, una destacada familia de la nobleza plebeya romana.

Varios miembros de esta familia habían alcanzado el Consulado a finales del siglo II a. C. y principios del siguiente, lo que supondría una notable ayuda para la progresión política del futuro dictador.

Más decisiva sería la relación con Cayo Mario, que era uno de los hombres más influyentes de su época, al igual que su tío, quien influiría de manera determinante en su carrera política.

Contrajo matrimonio con Julia, la tía paterna de Julio César. Mario y sus seguidores que pertenecían al partido mariano, que dominaron la política romana a finales del siglo II a. C. y fue esta relación, la que aprovechó Julio César en sus inicios políticos.

Además de su tía Julia, el cónsul del año 91 a. C., Sexto Julio César, pudo haber sido también hermano de su padre. Sus dos hermanas, de las que apenas se sabe nada, se casaron con acaudalados miembros de la aristocracia itálica.

La mayor de las hermanas se casó con un miembro de la gens Pedia, la hermana menor con Marco Acio Balbo, emparentado con los Pompeyos.  Del matrimonio de la mayor de sus hermanas descendía Lucio Pinario Escarpo.

Julio César estuvo casado al menos en tres ocasiones:

  • En primer lugar con Cornelia, hija de Lucio Cornelio Cinna, de familia patricia. Cinna era partidario de Mario y enemigo de Lucio Cornelio Sila, por lo que Julio César reforzaba sus lazos con los principales dirigentes de la Roma de los años ochenta del siglo I a. C.
  • Tras la muerte de Cornelia, casó con Pompeya, nieta del propio Sila y de familia consular, de la que se divorció tras un escándalo durante las celebraciones de la Bona Dea.
  • Su último matrimonio fue con Calpurnia, hija de Lucio Calpurnio Pisón Cesonino, que era un destacado miembro del Senado, como parte de la política matrimonial del primer triunvirato.

De su primer matrimonio, tuvo una hija, Julia, casada con su colega triunviral Cneo Pompeyo el Grande y que murió al dar a luz. Sin herederos directos, adoptó por vía testamentaria a su sobrino nieto Cayo Octavio, el futuro emperador Augusto.

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Si seguimos al historiador latino Suetonio, César sedujo a numerosas mujeres a lo largo de su vida y sobre todo a aquellas pertenecientes a la alta sociedad romana.

Según el autor, César habría seducido a Postumia, esposa de Servio Sulpicio Rufo, a Lolia, esposa de Aulo Gabinio y a Tértula, esposa de Marco Licinoo Craso. También parece haber frecuentado a Mucia, esposa de Pompeyo.

César mantuvo relaciones con Servilia, madre de Bruto, a la que parecía apreciar especialmente. Así, Suetonio relata los distintos regalos y beneficios que ofreció a su amada, de los cuales destaca una magnífica perla con un valor de seis millones de sestercios. El amor de Servilia hacia César era conocido públicamente en Roma y su relación duró desde que se conocieron en el año 63 a.C. hasta la muerte en el año 44 a.C.

La inclinación de César hacia los placeres del amor también ha sido confirmada por los versos cantados por sus soldados con ocasión de su triunfo en Roma por las campañas en la Galia, referidos por Suetonio:

“Ciudadanos, vigilad a vuestras mujeres: traemos a un adúltero calvo. Has fornicado en Galia con el oro que tomaste prestado en Roma”.

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César mantuvo relaciones amorosas con Eunoe, esposa del rey Bogud de Mauritania. Su relación más famosa fue con Cleopatra VII. Suetonio cuenta que César remontó el río Nilo con la reina egipcia en una nave provista de cabinas y habría atravesado así todo Egipto. La hizo ir a Roma colmándola de honores y de presentes.

Era un buen modo de dominar Egipto, donde quedaban presentes tres legiones, y cuyo papel en el aprovisionamiento de cereales para Italia que empezaba a ser preponderante por su escasez.  Cleopatra estuvo presente en Roma en el momento del asesinato de César y volvió rápidamente a su país después del crimen.

Debemos saber que Julio César sufría ataques de epilepsia.

SU CARRERA POLÍTICA

Teniendo Julio César dieciséis años, el popular Lucio Cornelio Cinna lo nombró “flamen Dialis” en el año 64 a. C., que era un cargo religioso del que fue relevado por Sila, con quien tuvo conflictos a causa de su matrimonio con la hija de Cinna.

Tras escapar de morir a manos de los sicarios del dictador Sila, fue perdonado gracias a la intercesión de los parientes de su madre. Trasladado a la provincia de Asia, combatió en Mitilene como legado de Marco Minucio Termo.

Volvió a Roma a la muerte de Sila en el año 78 a. C., y ejerció por un tiempo la abogacía. Sucedió a Cayo Aurelio Cota como Pontífice en el año 73 a. C., y pronto entró en relación con los cónsules Pompeyo y Craso, cuya amistad le permitiría lanzar su propia carrera política


Julia Augusta, la gran matrona romana

César sirvió como cuestor en la provincia de Hispania Ulterior en el año 70 a. C. y como edil curul en Roma. Durante el desempeño de esa magistratura ofreció unos espectáculos que fueron recordados durante mucho tiempo por el pueblo.

De vuelta en Roma, César prosiguió su carrera como abogado hasta ser elegido edil curul en el año 65 a. C., el primer cargo del cursus honorum que se desempeñaba dentro de Roma.

Las funciones de un edil pueden ser equiparadas, en cierto modo, a las de un moderno presidente de una Junta Municipal, e incluían la regulación de las construcciones, del tránsito, del comercio y otros aspectos de la vida diaria, entre otras las funciones de jefe de policía.

04Pompeyo y César

Era el primer peldaño público para llegar a la magistratura suprema del consulado. Podía ser también el último que se desempeñara, pues incluía la organización de los juegos en el circo Máximo, lo que, debido a lo limitado del presupuesto público, exigía al edil la utilización de sus fondos personales.

Esto fue especialmente verdad en el caso de César, que pretendía realizar unos juegos memorables para impulsar su carrera política. Empleó todo su ingenio para conseguirlo, llegando a desviar el curso del río Tíber e inundar el Circo para ofrecer una naumaquia, es decir, un combate entre barcos. Acabó el año con deudas del orden de varios cientos de talentos de oro.

Sin embargo, su éxito como edil fue una ayuda importante para que, después de la muerte de Quinto Cecilio Metelo Pío en el año 63 a. C., César fuera elegido Pontifex Maximus dignidad que dotaba al electo de enorme auctoritas y dignitas.  El día de su elección había sospechas de un atentado contra él, lo que obligó a Julio César a decir a su madre:

“Madre, hoy verás a tu hijo muerto en el Foro o vistiendo la toga del sumo pontífice. Suetonio”.

El cargo implicaba una casa nueva en el Foro, la Domus Publica, la presidencia del Colegio de Pontífices y una cierta preeminencia en la vida religiosa de Roma, así como la asunción de los deberes y derechos del paterfamilias sobre las Vírgenes Vestales.

Su estreno como Pontifex Maximus fue marcado por un escándalo. Después de la muerte de Cornelia, César se había casado con Pompeya que era hija de Cornelia Sila y Quinto Pompeyo Rufo, nieta de Sila.

Como esposa del Pontifex Maximus y una de las mujeres más importantes de Roma, Pompeya era responsable de la organización de los ritos de la Bona Dea en diciembre, que era una liturgia exclusivamente femenina, donde los hombres no podían participar.

Durante dichas celebraciones del año 62 a. C., Publio Clodio Pulcro que era un joven líder demagogo, considerado como peligroso consiguió entrar en la casa disfrazado de mujer, al parecer movido por el lascivo propósito de yacer con Pompeya.

En respuesta a este sacrilegio, del cual ella probablemente no era culpable, Pompeya recibió una orden de divorcio. César declaró en público que él no la consideraba responsable, pero justificó su acción con la célebre máxima: “La mujer de César no sólo debe ser honrada; además debe parecerlo”.

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Clodio fue perdonado por voluntad del pueblo, ya que nada había sido probado y el propio César no quiso declarar contra él.

En las elecciones del año 63 a. C., Marco Tulio Cicerón salió elegido cónsul senior. Fue un año particularmente difícil no solo para César, sino también para Roma. Durante su consulado, Cicerón reveló una conspiración para destituir a los magistrados electos y reducir la funcionalidad del Senado, complot liderado por Lucio Sergio Catilina, un patricio frustrado por su falta de éxito político.

Casi todos los acusados en la conspiración, y desde luego Catilina, estuvieron presentes en las sesiones del Senado en las que se les juzgó. En la tercera reunión, Cicerón descargó su responsabilidad sobre la curia haciendo que los senadores debatieran la pena a la que habría de condenarse a los conjurados.

El resultado fue una sentencia de muerte para cinco prominentes romanos aliados de Catilina y para el propio Catilina. Todos estos extremos quedaron para la posteridad en las famosas Catilinarias escritas por el propio Cicerón.


Gladiadores y gladiadoras

César se opuso a la pena de muerte usando para esos fines su mejor oratoria, pero fue vencido por la insistencia de Marco Porcio Catón el Joven y los cinco hombres fueron ejecutados ese mismo día.

Fue también en esta dramática reunión del Senado en la que el romance de César con Servilia, que era hermana de Marco Porcio Catón, salió a la luz. Los opositores políticos de César lo acusaron de formar parte de la conspiración de Lucio Sergio Catilina, lo que nunca fue probado ni perjudicó su carrera.

César fue elegido pretor urbano para el año 62 a. C., el puesto de pretor más distinguido, ya que era el que se ocupaba de los asuntos entre ciudadanos romanos. Apoyó al tribuno de la plebe, Quinto Cecilio Metelo Nepote cuando este presentó algunas leyes en favor de Pompeyo.

Sin embargo, dichas leyes fueron vetadas por Catón y se produjeron luchas callejeras entre ambos bandos. Después de su complicado año como pretor, César fue nombrado propretor de Hispania Ulterior.

Fue elegido pretor al obtener más votos que el resto de candidatos en el año 63 a.C. Ese mismo año murió Quinto Cecilio Metelo Pío, que era Pontifex Maximus designado durante la dictadura de Sila, y en las elecciones celebradas para sustituirle, venció César.

Cinna controlaba la República. Sin embargo, la guerra civil que siguió a la muerte de este terminó con el triunfo de Sila y la anulación de todo su programa. Julio César recibió la orden de divorciarse de Cornelia. Su negativa impulsó a Sila a proscribirlo y obligó a aquel a huir de Roma.

06Legio XIII Gemina

Fue la intervención de sus parientes y el respaldo de las vírgenes vestales, lo que permitió que el joven César evitara el destino de otros proscritos, acordando que mantendría su matrimonio y renunciaría al sacerdocio.

Al percatarse de que el perdón de Sila podía ser revocado en cualquier momento, César juzgó que lo más seguro era alejarse de Roma durante un tiempo y decidió viajar a Oriente para participar en la guerra contra Mitrídates VI de Ponto bajo las órdenes del propetor, Marco Minucio Termo.

Durante el sitio de Mitilene en la isla de Lesbos se le ordenó ir a Bitinia para solicitar a Nicomedes IV la cesión de una pequeña flota con la que asaltar la ciudad rebelde. Al parecer, el rey asiático quedó tan deslumbrado con la belleza del joven mensajero romano que lo invitó a descansar en su habitación y a participar en un festín donde sirvió de copero real durante el banquete.

La aventura de César en Asia llegó muy pronto a oídos de los ciudadanos de Roma. En la política romana, acusar a alguien de mantener relaciones homosexuales pasivas era una estrategia común, pues la homosexualidad pasiva, a diferencia de la activa, era considerada una práctica vergonzosa.

Sus enemigos políticos proclamaron que se había prostituido con un rey bárbaro y le apodaron la reina de Bitinia, causando así un gran daño a su reputación. Sin embargo, César siempre desmintió este hecho.

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El resto de la campaña le valió una mejor reputación, porque mostró una gran capacidad de mando y un arrojo y valor personal encomiables, por los que Minucio Termo, tras la toma de Mitilene, le concedería la corona cívica, la condecoración al valor más alta que se otorgaba en la República Romana.

A pesar de este éxito, César decidió viajar a Rodas para ampliar su formación estudiando filosofía y retórica con el gramático, Apolonio Molón, que era considerado el mejor de la época. Sin embargo, durante el viaje, su barco fue asaltado a la altura de la isla Farmacusa por los piratas, que lo secuestraron.

Cuando exigieron un rescate de veinte talentos de oro (un talento equivalía a veintiséis kilos aproximadamente), César se rió y los desafió a pedir cincuenta. Se dedicó en su cautiverio a componer algunos discursos, teniendo por oyentes a los piratas, a quienes trataba de ignorantes y bárbaros cuando no aplaudían.

Treinta y ocho días después, el rescate llegó y César fue liberado después de un cautiverio bastante cómodo, durante el cual, a pesar de tratar a sus secuestradores con amabilidad, les avisó en varias ocasiones de su negro futuro.

Una vez recuperada su libertad, organizó una fuerza naval que partió del puerto de Mileto, capturó a los piratas en su refugio y los llevó a la prisión en Pérgamo. Una vez capturados fue en busca de Junio, gobernante de Asia, porque le competía a este castigar a los apresados.

Junio se interesó más en el botín y dejó a los bandidos a juicio de César, quien los mandó crucificar, tal como les había prometido, aunque en un gesto de compasión ordenó que primero los degollaran.

EL PRIMER TRIUNVIRATO

Fue en el 60 a.C. cuando Julio César se unió a dos hombres muy poderosos de Roma: Pompeyo y Craso. De esta unión nació lo que se conoce como el triunvirato.

El gobierno de César en la provincia de Hispania no se encuentra bien documentado; se sabe que lideró una pequeña y rápida guerra en el norte de Lusitania que quizá le proporcionara algo de botín para saldar parte de las deudas generadas en su gestión como edil, y ganarse un buen crédito como líder castrense. Sin duda, el éxito militar fue importante, ya que el Senado le concedió un triunfo.


Mujer y legislación romana

César abandonó esta provincia antes incluso de la llegada de su sustituto y marchó a Roma. Al llegar al Campo de Marte tuvo que detenerse a la entrada de la ciudad, pues aún ostentaba el imperium, hasta haber celebrado el triunfo.

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Ante la imposibilidad de entrar en Roma, se instaló en la Villa Pública y se apresuró en presentar su candidatura al consulado por persona interpuesta o bien mediante una misiva al Senado. Tras demorarse un día, parecía que el Senado no tendría problemas en validarla.

Catón, portavoz de la facción optimate más conservadora, era reacio a que un político popular obtuviese el consulado y más aún si este político era César, a quien detestaba, y sabiendo que se debía votar antes de la puesta del Sol, siguió hablando hasta bien entrada la noche, por lo que no se pudo aprobar la moción anterior. Ante ello, César decidió prescindir de los laureles de su triunfo y presentarse personalmente como candidato.

Tras no haber podido neutralizar la entrada de César en las elecciones, los optimates se movieron rápidamente para encontrar un candidato que equilibrase la balanza, y que perteneciera a la esfera de las ideas conservadoras, con el fin de contrarrestar las medidas que César pudiese tomar.

Pompeyo mientras tanto había empezado a repartir dinero entre su clientela y votantes, gastando cuanto fuese necesario para comprar los dos consulados. Mientras, Catón eligió como candidato a su yerno Marco Calpurnio Bíbulo, quien para los optimates interpretaba el papel de salvador de la República. En las elecciones del año 59 a. C., César fue primero con diferencia y Bíbulo quedó en segundo puesto.

Todo parecía transcurrir con naturalidad para los conservadores, que, tras bloquear políticamente a Pompeyo, y ante la perspectiva para ellos inaceptable de permitir que un hombre como César, tan sediento de gloria y con dotes militares, fuese gobernador de una provincia, iniciaron maniobras para evitarlo.

09Catón planteó al Senado que una vez acabado el mandato de los cónsules, y estando Italia plagada de forajidos y bandidos tan solo diez años después de la rebelión de Espartaco, sería en bien de la República encargar a los cónsules que acabaran con ellos en una misión de un año de duración.

El Senado acogió favorablemente la idea, que se convirtió en ley. La voluntad de Catón se cumplió perfectamente y parecía que César terminaría su consulado como policía, entre aldeanos y pastores italianos.

Fue una decisión arriesgada, pero al tomarla el Senado se aseguraba de que si César no la aceptaba tendría que recurrir a la fuerza para revocarla y sería declarado un criminal, un segundo Catilina.

La estrategia de Catón consistió siempre en identificarse con la tradición y arrinconar a sus enemigos contra ella hasta obligarlos a tomar el papel de revolucionarios.  Los aliados de los optimates liderados por Catón mantenían una mayoría sólida en el Senado, contando con Craso y su poderoso bloque, pues todo el mundo esperaba que este se opusiese a cualquier medida de Pompeyo.

En la primera reunión del Senado durante el consulado de César, este trató de ofrecer un generoso acuerdo para recompensar a los veteranos de Pompeyo. Catón no estaba dispuesto a que se aprobara y empezó a utilizar su táctica favorita: habló y habló hasta que César le impidió seguir, indicándoles con un gesto de la cabeza a sus lictores que se lo llevaran.

10Al verlo, algunos senadores comenzaron a abandonar sus puestos al ser interrogados por César para conocer por qué se marchaban, uno de ellos le contestó que “prefiero estar en la cárcel con Catón, que en el Senado contigo”.

César llevó la campaña de su ley agraria directamente ante los Comicios. Roma empezó a llenarse de veteranos de Pompeyo, lo que alarmó a los conservadores. Podía hacer que fuera aprobada por el pueblo la propuesta con fuerza de ley, pero ir contra la voluntad del Senado era una táctica poco ortodoxa, que arruinaría su crédito entre sus colegas y su carrera habría terminado.

La estrategia de César se desveló en la recta final de la votación. No sorprendió a nadie que la primera persona en hablar en favor de sus veteranos fuese Pompeyo. La identidad de la segunda persona que apoyó la moción fue sorpresiva: Marco Licinio Craso.

Los optimates, desbordados, vieron cómo caían todas sus esperanzas. Juntos los tres hombres, podrían repartirse la República como gustasen. Los historiadores designan esta unión como el primer triunvirato, o el gobierno de los tres hombres. Para confirmar la alianza, Pompeyo se casó con Julia, la única hija de César, y a pesar de la diferencia de edades y de ambiente social, el matrimonio fue un éxito.

Las razones por las que estas tres personalidades de la vida pública romana decidieron unirse no deben buscarse más que en los intereses de cada uno:

  • Pompeyo necesitaba a César para que se aprobaran las leyes agrarias que dotaran de tierras a sus veteranos.
  • Craso quería un mando proconsular que le proporcionara verdadera gloria, que no había conseguido en su represión de la revuelta de Espartaco.
  • César necesitaba del prestigio de Pompeyo y de los fondos de Craso para poder conseguir la provincia que ansiaba.

11Desde luego, no debe pensarse que el acercamiento de estos tres grandes personajes de la República fuera súbito, por más que constituyera una sorpresa para sus coetáneos, fue una maniobra política de cuya existencia se dieron cuenta más bien gradualmente.

Marco Bíbulo y los conservadores que lo apoyaban iniciaron una estrategia en la retaguardia: empezaron a usar el veto para oponerse a las propuestas de César.  Sin embargo, César no estaba dispuesto a que no le dejaran legislar, y llevó sus proyectos directamente ante los Comicios, donde se aprobaban, entre otras cosas, por el decidido apoyo físico de los veteranos de Pompeyo.

Sin embargo, cuando en un altercado algunos elementos del populus arrojaron una cesta de estiércol a la cabeza de Bíbulo, este optó por retirarse de toda la vida política, aunque sin renunciar a su magistratura, con el pretexto de dedicarse a la observación de los cielos en busca de presagios.

Esta decisión, aparentemente de espíritu religioso, estaba destinada a impedir a César aprobar leyes durante su consulado. Éste ignoró sistemáticamente los augurios desfavorables que publicaba diariamente Bíbulo y se apoyó para la toma de decisiones en los tribunos de la plebe y en los Comicios.

Como es sabido, los romanos denominaban los años por el nombre de los dos cónsules que regían dicho período. Tras la nula participación de Bíbulo en el año 59 a. C., fue llamado por los propios romanos con sentido del humor “el año de Julio y César”.

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LA GUERRA DE LAS GALIAS

Tras su año consular, César recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de la Galia Transalpina e Illiria en la costa de Dalmacia, durante cinco años, gracias al apoyo de los otros dos miembros del triunvirato, que cumplieron con la palabra dada.

A estas dos provincias se añadió la Galia Cisalpina tras la muerte inesperada de su gobernador, Quinto Cecilio Metelo Céler. Eran unas provincias muy buenas para alguien que, como César, y siguiendo la típica mentalidad del procónsul romano, no tenía intenciones de gobernar pacíficamente, pues estaba necesitado de bienes para pagar las fabulosas sumas que adeudaba.

La oportunidad se le presentó mediante una teórica amenaza de los helvecios, que pensaban emigrar al oeste de las Galias. Decidido a impedirlo y con la excusa política de que se acercarían demasiado a la provincia de la Galia Cisalpina, Julio Cesar reclutó tropas e inició las operaciones bélicas que darían lugar a lo que más tarde se denominó la guerra de las Galias entre los año 58 al 49 a.C., en la que conquistó la llamada Galia Comata en varias campañas.

César hizo una demostración de fuerza construyendo por dos veces un puente sobre el río Rin e invadiendo en dos ocasiones Germania sin intención de conquistarla, e hizo otro alarde de fortaleza cruzando el canal de la Mancha también por dos veces hacia las islas Británicas.

Entre sus comandantes de legión se contaban Lucio Julio César, Marco Antonio, Marco Licinio Craso, hijo de su compañero de triunvirato, Tito Labieno, cliente de Pompeyo, y Quinto Tulio Cicerón, el hermano más joven de Marco Tulio Cicerón, todos estos hombres serán personajes importantes en los años siguientes.

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César usó tácticas militares con gran resultado lo que se conoció como celeritas caesaris, o “rapidez cesariana”, que puede compararse, salvando las distancias, a la denominada guerra relámpago del siglo XX.

Destaca su genio militar tanto en batallas campales como en asedio de ciudades. Además, supo conjugar sabiamente la fuerza, la diplomacia y el manejo de las rencillas internas de las tribus galas, para separarlas y vencerlas.

César derrotó a pueblos como los helvecios en el año 58 a. C., a la confederación belga y a los nervios en el año 57 a. C. y a los vénetos en el año 56 a. C. Finalmente, en el año 52 a. C., César venció a una confederación de tribus galas lideradas por Vercingétorix en la batalla de Alesia.

De acuerdo con Plutarco, la guerra se cerró con un balance de ochocientas ciudades conquistadas, trescientas tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla.  Plinio el Viejo habla de más de un millón de muertos y más o menos los mismos prisioneros.

Velayo Patérculo dice que murieron cuatrocientos mil galos y muchos más fueron tomados prisioneros, aunque las cifras de los antiguos historiadores deben tomarse con mucha precaución, incluidas las del propio Julio César.


La sexualidad romana

Utilizó en varias ocasiones la táctica de sorprender al enemigo apareciendo ante él como por magia y hacía que sus soldados se enfrentasen directamente con el adversario, pese a que este consideraba que el cansancio invalidaría el empuje de sus legiones.

Fue igualmente brillante en los asedios de ciudades, llegando al máximo en el sitio de Alesia, en donde ordenó construir una doble línea de fortificaciones de varios kilómetros de extensión, para blindarse frente a los casi trescientos mil galos que intentaban ayudar a los ochenta mil soldados de Vercingétorix asediados, a los que César tenía acosados dentro de la plaza fuerte.

César, con menos de cincuenta mil efectivos correspondientes a diez legiones nunca completas tras ocho años de guerras en las Galias, venció a unos y a otros en la misma batalla en la que se decidió el destino de los galos.

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EL CÉSAR MILITAR

Uno de los aspectos más reconocidos de la personalidad de Julio César es su genio militar. Fue puesto a prueba muchas veces a lo largo de su accidentada vida castrense, y César respondió a los retos casi siempre con innovaciones tácticas que sorprendieron a sus contrarios y que le hicieron ganar ventajas en un terreno u otro.

Según Suetonio, César era un auténtico soldado, que compartía con sus soldados las fatigas de la guerra. Era experto en las armas y en equitación. Era un militar valiente, que dirigía sus tropas desde el propio frente de batalla, para que su ejemplo infundiera valor en los soldados, y era proclive a las arengas y mantenedor de una férrea disciplina.

Sus soldados lo veneraban y fueron muy raros los casos de deserción, quizá debido al carácter magnánimo de César. El caballo que montaba presentaba atavismo en las patas, por lo que tenía varios dedos largos rematados en pezuña además de casco central, algo causado por la desactivación del gen inhibidor que impide el crecimiento de los dedos en los caballos aparte del tercero durante el desarrollo embrionario.

CRISIS POLÍTICA EN ROMA

A pesar de sus éxitos y de los beneficios que la conquista de Galia llevó a Roma, César continuaba siendo impopular entre sus pares, en particular entre los conservadores que temían su ambición.

El triunvirato se tambaleaba en el año 56 a. C., pues Pompeyo no se fiaba de Craso y creía que era el que mantenía en la sombra a Clodio y sus secuaces, que estaban sembrando la violencia en Roma.

Ante esta situación, que amenazaba su proconsulado, César convocó a una reunión a sus dos aliados en la ciudad de Lucca, pues él no podía ir a Roma sin renunciar a su imperium.

A dicho encuentro no solo asistieron ellos, sino unos doscientos senadores que representaban las dos terceras partes del Senado. Se acordó en esta reunión que tanto Pompeyo como Craso se presentaran al consulado al año siguiente y que, una vez cónsules, promulgarían una ley por la que el proconsulado de César se alargaría cinco años más.

15Este pacto se conoce en la Historia como el Acuerdo de Lucca.  Al año siguiente, como era de prever, sus aliados Cneo Pompeyo Magno y Marco Licio Craso fueron elegidos cónsules y honraron el acuerdo establecido con César.

Sin embargo, Julia murió durante un parto en el año 54 a. C., dejando al padre y marido muy apenados.  Marco Licinio Craso murió en el año 53 a. C. en la batalla de Carrhae, frente a los partos, durante la desastrosa campaña de Persia, condenada al fracaso desde el inicio por una pésima planificación.

Todavía en la Galia, César trató de asegurarse la alianza con Cneo Pompeyo Magno proponiéndole matrimonio con una de sus sobrinas, pero este prefirió casarse de nuevo con Cornelia, hija de Quinto Cecilio Metelo Escipión, perteneciente a la facción optimate.

El desastre de la batalla de Carrhae en la que Craso murió con sus legiones al enfrentarse a los partos y la muerte de Julia acabó por romper el triunvirato. Días después, tras la victoria de César en Alesia, Celio, como tribuno, lanzó una propuesta de ley adicional. Dicha ley proponía que César fuera dispensado de la obligación de acudir a Roma para presentar su candidatura al consulado.

Esta medida suponía que los opositores y enemigos de César que pretendían procesarle por los supuestos crímenes de su primer consulado perderían toda posibilidad de juzgarle, puesto que César en ningún momento dejaría de desempeñar una magistratura.

Mientras fuese procónsul, César tendría inmunidad judicial, pero si se veía obligado a entrar en Roma para presentarse al consulado perdería su cargo y, durante un tiempo, podría ser atacado con toda una batería de demandas de sus enemigos.

16El poder de César era visto por muchos senadores conservadores como una amenaza. Si César regresaba a Roma como cónsul, no tendría problemas para hacer que se aprobaran leyes que concediesen tierras a sus veteranos, y a él una reserva de tropas que superase o rivalizase con las de Pompeyo.

Catón y los enemigos de César se opusieron frontalmente, con lo que el Senado se vio envuelto en largas discusiones sobre el número de legiones que debería de tener bajo su mando y sobre quién debería ser el futuro gobernador de la Galia Cisalpina e Illiria.

Pompeyo finalmente se decantó por favorecer a los conservadores y emitió un veredicto claro, César debía abandonar su mando la primavera siguiente, cuando faltaban todavía meses para las elecciones al consulado, tiempo más que suficiente para juzgarle.

Sin embargo, en las siguientes elecciones para tribuno de la plebe fue elegido Curión, que era seguidor de César, y vetó todos los intentos de apartar a César de su mando en las Galias. Jurídicamente, todos los intentos consulares de apartar a César de sus tropas se veían anulados por la tribunicia potestas.

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A finales del mismo año, César acampó en Rávena con la XIII legión. Pompeyo tomó el mando de dos legiones en Capua y empezó a reclutar levas ilegalmente, un acto que, como era predecible, aprovecharon los cesarianos en su favor.

César fue informado de las acciones de Pompeyo personalmente por Curión, que en esos momentos ya había finalizado su mandato. Mientras tanto, su puesto de tribuno fue ocupado por Marco Antonio, que lo desempeñó hasta diciembre.

El uno de enero del año 49 a. C., Marco Antonio leyó una carta de César en el Senado, en la cual el procónsul se declaraba amigo de la paz. Tras una larga lista de sus muchas gestas, propuso que tanto él como Pompeyo renunciaran al mismo tiempo a sus mandos. Sin embargo, el Senado ocultó este mensaje a la opinión pública.

Metelo Escipión dictó una fecha para la cual César debería haber abandonado el mando de sus legiones o considerarse enemigo de la República. La moción se sometió inmediatamente a votación.

Solo dos senadores se opusieron. Marco Antonio, como tribuno, vetó la propuesta para impedir que se convirtiera en ley. Tras el veto de Marco Antonio a la moción que obligaba a César a abandonar su cargo de gobernador de las Galias, Pompeyo notificó no poder garantizar la seguridad de los Tribunos.

El siete de enero, el Senado proclamó el estado de emergencia y concedió a Pompeyo poderes excepcionales, nombrándole cónsul sine collega. Catón y Marcelo instaron al Senado a que pronunciara la famosa frase: “Cuiden los cónsules que la república no sufra daño alguno”, que equivalía a dictar la ley marcial, e instaron a Pompeyo a trasladar inmediatamente sus tropas a Roma.

LA GUERRA CIVIL

En vista del cariz que tomaban los acontecimientos, César arengó a la XIII legión, y les explicó a sus componentes la situación preguntándoles si estaban dispuestos a enfrentarse con Roma en una guerra donde serían calificados de traidores en caso de perderla. Los legionarios respondieron a la arenga de su general con la decisión de acompañarlo.

El diez de enero, César recibió la noticia de la concesión de los poderes excepcionales a Pompeyo, e inmediatamente ordenó que un pequeño contingente de tropas cruzara la frontera hacia el sur y tomara la ciudad más cercana.

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Al anochecer, junto con la Legión XIII Gemina, César avanzó hasta el río Rubicón que hacía de frontera entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia y, tras un momento de duda, dio a sus legionarios la orden de avanzar. Algunas fuentes han sugerido que fue entonces cuando pronunció el famoso “La suerte está echada”.

Cuando los optimates conocieron la noticia, abandonaron la ciudad declarando enemigo de Roma a todo aquel que se quedase en ella. Luego, marcharon hacia el sur, sin saber que César estaba acompañado solo por su decimotercera legión.

César persiguió a Pompeyo hasta el puerto de Brindisi en el sur de Italia, con alguna esperanza de poder rehacer su alianza, pero este se replegó hacia Grecia con sus seguidores.

Entonces, hubo de tomar una decisión:

  • Perseguir a Pompeyo hasta Grecia, dejando sus espaldas desguarnecidas y expuestas a un ataque por parte de las legiones pompeyanas establecidas en Hispania.
  • Dejar organizarse a Pompeyo en Grecia, mientras se dirigía a Hispania para asegurar su retaguardia.

César se dirigió a Hispania en una marcha forzada de apenas veintisiete días, para derrotar a los seguidores de Pompeyo en Hispania. Allí había establecidas varias legiones al mando de legados pro-pompeyanos, a lo que había que añadir que la generalidad de las poblaciones autóctonas habían jurado fidelidad al propio Pompeyo.

19Tras varias escaramuzas y batallas, César se midió contra sus enemigos en la batalla de Ilerda, donde los derrotó definitivamente.

Solo cuando consideró segura la retaguardia, y después de organizar las instituciones políticas en Roma, que había caído en la anarquía, César se dirigió a Grecia. El diez de julio del año 48 a.C., César fue derrotado en la batalla de Dirraquium.

Sin embargo, Pompeyo no supo o no pudo aprovechar esta victoria para acabar con César, y este consiguió huir con su ejército casi intacto para luchar en otro momento. El encuentro final se dio poco después, el nueve de agosto en la batalla de Farsalia. César obtuvo una victoria aplastante, gracias a un ardid táctico.

Sin embargo, sus enemigos políticos consiguieron huir:

  • Cneo Pompeyo Magno partió hacia la isla de Rodas y de ahí a Egipto.
  • Quinto Cecilio Metelo Escipión y Marco Porcio Catón marcharon hacia el norte de África.

De regreso a Roma, fue nombrado dictador, con Marco Antonio como Magister equitum, y fue, junto a Publio Servilio Vatia como colega júnior, electo cónsul por segunda vez.

César se dirigió a Egipto en busca de Pompeyo en el año 47 a. C., pero le sorprendió el hecho de que el viejo aliado y enemigo había sido asesinado el año anterior. Al saber de su suerte, César quedó apenado por su asesinato y por haber perdido la oportunidad de ofrecerle su perdón.

Tal vez debido a esto y a los intereses de Roma en Egipto, César decidió intervenir en la política egipcia y substituyó al rey Ptolomeo XIII de Egipto, que ya tenía la dignidad de faraón, por su hermana Cleopatra que creía más afín a Roma.

Durante su estancia, quemó sus naves para evitar que las usaran en su contra, lo que parece que provocó el incendio de un almacén de libros anexo a la biblioteca de Alejandría.

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César tuvo un romance con la reina de Egipto y de la relación nació un niño llamado Cesarión que será el futuro Ptolomeo XV de Egipto, que sería el último faraón de Egipto, si bien César nunca llegó a reconocerlo oficialmente como hijo suyo.

Después de las campañas de Egipto, César se dirigió al Asia Menor, donde derrotó rápidamente a Farnaces II que era rey de Ponto en la batalla de Zela, tras la que pronunció la famosa frase: “Veni, vidi, vici”.

Después se dirigió al norte de África para atacar a los líderes de la facción conservadora allí refugiados. En la batalla de Tapso en el año 46 a. C., César obtuvo una victoria más y vio desaparecer a dos de sus más encarnizados enemigos: Quinto Cecilio Metelo y Marco Porcio Catón.

Pero los hijos de Pompeyo, Cneo y Sexto Pompeyo, así como su antiguo legado principal en las Galias, Tito Labieno, consiguieron huir a las provincias de Hispania.

Julio César, dictador, militar, político e intelectual (Parte I)