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jueves 19/5/22
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Es exactamente cuando nada tiene sentido cuando todo empieza a tenerlo. Estas son las cosas que se me ocurren cada vez que leo algunas novelas, como la que ha publicado recientemente, a finales del Segundo Año de la Gran Pandemia, 2021, el gran escritor Javier Pérez Andújar, titulada El año del Búfalo¿He dicho novelas?

Me valgo de la Wikipedia, de la que el propio autor se vale en este libro suyo que gloso, para escribir que es esta su séptima novela. ¿He vuelto a decir novela? Yo de él ya había leído, con mucho gozo, con gran disfrute y aprovechamiento, dos de las suyas anteriores, la cuarta (aparecida en 2014 y titulada Catalanes todos) y la inmediatamente anterior a El año del Búfalo, la sexta (publicada en 2019, la espléndida, bueno espléndidas son las tres, La noche fenomenal). Te adelanto que sale mucho en mi blog/revista Javier. Javier, que es algo más joven que yo, no mucho (nació en 1965), y es quizás el escritor más culto que conozco. Uso la palabra culto en su máxima expresión. No sé si me entiendes. 

“Pongamos que estamos en 1973, año del Búfalo para los chinos; pero no para los búfalos. Los trabajadores llevan bolsas con el emblema de los Juegos Olímpicos de Múnich del año pasado. Corre por una parte del mundo el año 1973 y, sin embargo, en España sigue siendo 1939. En España siempre ha sido 1939, y si no 1492. Lo de 1992 fue un espejismo. Se lleva lo retro, y esta vez la moda regresa al 73. Pero el día menos pensado nos dicen que aquí vuelve a ser 1939 y que Hitler ha vuelto a invadir Polonia. Por eso Ugo, Basilitz, Tatos y yo nos hemos encerrado en este garaje, que era la casa de los padres de Tatos”.


La prima Mikaela, esa que canta


El caso es que… con El año del BúfaloJavier Pérez Andújar lo ha vuelto a hacer. Encandilarme. ¡Qué tío, qué pedazo de literato! ¡Y haciéndole reír a uno, ahí queda eso!

“Ugo Rende y Basilitz Zhlobin (que tiene los ojos verdes, de gato) crecieron juntos y fueron juntos a la discoteca y se separaron juntos para irse por separado a la mili y volvieron a la vez a la pequeña y pobre Suburbia machacados y sin trabajo, en plena crisis económica internacional, y así royeron de nuevo juntos la médula de su tiempo, lo mismo que sus padres habían lamido el barro de las barracas. Y el hierro oxidado de la cárcel Modelo uno de los padres, al que habían pillado con octavillas”.

Los peculiares ¿protagonistas? de El año del Búfalo son nacidos a comienzos de la década de 1960, como Javier, como yo.

“En el colegio nos explicaron la teoría de los conjuntos y eso determinó nuestras vidas. Hoy no seríamos nada sin ellos. Cuando la señorita los representaba en la pizarra, eran lo más parecido a los dibujos animados. Una pantalla con cosas redondas”.

13Somos la generación a la que les explicaban las matemáticas por medio de la teoría de los conjuntos. ¿Cómo te quedas? Y, como dice el principal narrador y ¿protagonista? de la ¿novela? de Pérez Andújar, “¿sirve un recuerdo como razón de algo?” Es que es verdad, esa manía que tenemos de fiarlo todo a nuestros recuerdos… Ya lo dice él, el protagonista-narrador: “recordar es una forma de fracaso”. Al igual que él, yo también creo “que tengo más recuerdos que memoria”. Los recuerdos, ese sucedáneo de la memoria. 

¡Cuánto se aprende leyendo a Pérez Andújar! Uno creería que leyera a un deslenguado y populachero cuentista de medio pelo y uno sería un evidente y redomado imbécil inculto y despistado letraherido o un simplicísimo soldado de la estulticia de los que no saben leer leyendo. En sus novelas, en esta (¿es esta una novela?), el protagonista, el narrador, suelta delicias analíticas como esta que sigue:

La industrialización acabó con la cultura. Ahora sólo hay conocimientos, pero luego nadie sabe nada”.

¿No te digo? Y encima, en el libro pasan cosas. Y esas cosas son y a la vez no son cosas que da igual que ocurran. No te equivocas si te pones a leer una novela del autor de El año del Búfalo, créeme.

“Cuando en lengua castellana no se sabe de dónde viene una palabra, se dice que es de origen prerromano, igual que cuando los médicos no saben qué te pasa dicen que es un virus”.



El libro está trufado de lo que en él se llaman psicofonías (qué son esas psicofonías se nos explica al final, así que ni pío: yo no destripo), una de ellas, la 40, para que nos hagamos una idea del horror de la historia política de la segunda mitad del siglo XX (que también lo hubo, y a mansalva) reza así (lo de reza es un decir):

“Entre 1965 y 1973, el pueblo chagosiano (los pobladores originales del archipiélago de Chagos, en el océano Índico) fue deportado al completo y de manera secreta por el gobierno colonial británico a bordo de barcos de carga con destino a las islas Mauricio y Seychelles, mientras en la isla de Diego García (perteneciente a Chagos) Estados Unidos construía una gigantesca base aeronaval”.

¿Lo sabías? ¿Te acordabas? Pues así que fue. Sigo.

14 copia

El autor favorito, y de alguna manera casi co protagonista de esta ¿novela? es el escritor Folke Ingo. El caso es que Ingo sale mucho en estas páginas de las que te vengo hablando. ¿Existió Folke Ingo? Ya te digo yo que no. Bueno, existió, existe en El año del Búfalo, que ya es suficiente existir, según venimos demostrando. 

“En Ingo, como puede comprobarse en cualquiera de sus libros, todo es anfibología. Sobre este único recurso, por otra parte, esclavo del idioma, Ingo ha sustentado su sistema poético”.

El tal Ingo escribió una obra que no trata de nada. Porque “no ha habido escritor más autorreferencial que Folke Ingo, capaz de convertir la nada en argumento, en género”. Y es que Ingo habría llegado a decir, según sabemos por este libro dislocado y afinado, que escribía porque no tenía nada que decir: “si no hablaría”.


La memoria, el pasado y nosotros


Otro que sale mucho en esta ¿novela? es Gregorio Morán. Sí, ese Gregorio Morán, el vitriólico periodista y escritor. Y ese sí que existe fuera del libro de Pérez Andújar. Vaya que si existe. Por cierto, y sin que sirva de precedente, Morán sale también en un libro mío, en el segundo, uno que titulé La Transición. ¿Sabes por qué? Por qué sale Morán no, por qué titulé a ese libro de Historia así. Es muy cortito, puedes leerlo a gusto: no te pasará nada, te lo prometo.

            “Los expertos de todos los campos son muy tiquismiquis”.

Es verdad eso de que “la gente ya no sabe quién era François Mauriac”. Pero, ¿sigue vigente, aun así, Mauriac? El año del Búfalo es un libro, lo vengo diciendo, que da mucho de sí. Un libro en el que suena el grupo Camel. Con eso está dicho todo.

Vuelvo a lo que decía al principio, aquello de que Pérez Andújar es quizás el escritor más culto que conozco. ¿Qué es ser culto? Ser culto es reivindicar la figura de Mauriac, su conocimiento, mejor dicho, o preguntarse si un poeta es un narrador, dado que “a lo mejor sólo existe escribir” (además, “escribir es una magia” y “escribir también es un acto de canibalismo”), al mismo tiempo/en el mismo sitio que un personaje, el narrador, dice que “qué sería de nosotros sin los tebeos” y se reflexiona sobre los superhéroes:

“Un superhéroe es un exhibicionista. Un héroe es otra cosa, es alguien a quien no le importa perder”.

Este libro (no hay manera de llamarlo novela)” está repleto de reflexiones magníficas sobre España y los españoles, sobre la libertad, sobre la Historia como disciplina para conocer el pasado, sobre la comprensión del mundo a la que llegan los letraheridos (sic), sobre tantasss y tantas cosasss (que diría Julio Iglesias: quien, lo digo ya, en el libro no sale) …

¿“Lo que no es tradición es traición”?

Y ya está.

Bueno. Ya está, no. Que como no me quedaba a gusto con tanto ¿novela? por aquí y ¿novela? por allá, pues que pensé en preguntarle directamente a Javier Pérez Andújar. Me dije, ‘¿por qué no se lo preguntas a él?’ ‘El qué’, me respondí. Sin interrogaciones. Así soy yo. A lo que me volví a decir: ‘que por qué no le preguntas a él qué diantres es El año del Búfalo, porque una novela no es’. Y Pérez Andújar fue y me dijo que “todo lo que se escribe es novela mientras no se demuestre lo contrario. Lo mismo que se decía que español es quien no puede ser otra cosa, novela es lo que no puede ser otra cosa. Si no es ensayo y no es poesía y no es la tabla de multiplicar, es novela”.


La Historia no le importa a casi nadie


Seguimos charlando un rato, Javier y yo, y surgió, de mí, surgió de mí, otra preguntita. ¿Pues no voy y le digo que qué es lo que hacemos con la memoria? Él y yo no, en general. Los españoles, por ejemplo. Javier parecía ponerse serio (en serio) cuando le escuchaba decirme eso de que “un español no tiene memoria histórica, tiene memoria atávica. No se acuerda de lo que le pasó el otro día, se acuerda de lo que les ha pasado a los españoles siempre. Por eso más que un país con historia somos un país con atavismos”.

Total, que han sido dos placeres, leer su El año del Búfalo y charlar con él. Gracias, Javier. Gracias por ser ese snob de barrio que tan bien dices que eres.

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