miércoles. 29.05.2024
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Ainhoa Mela | @ainhoacriticas

Con total seguridad no habrá nadie en España que no haya odio el nombre de Marisol o no haya visto, aunque fuese de pasada un sábado por la tarde, alguna película española en la que la protagonista es una niña rubia de ojos azules con voz angelical y acento andaluz cuyo desparpajo, luz y frescura inunda la pantalla e hipnotiza al espectador.

Y es que Marisol, nombre artístico que le impusieron a Pepa Flores, es una de esas actrices que, sin ella pretenderlo, se ha convertido en historia de un país que, 40 años después de su retiro de la vida pública, no sólo no la olvida, sino que ya la ha elevado a la categoría de mito.

Ahora, es precisamente la historia de Pepa Flores la que la directora Blanca Torres relata en la película “Marisol llámame Pepa” que desde el 10 de mayo ya puede verse en las salas de cine españolas.

Sólo 90 minutos de metraje bastan para darse cuenta que la apasionante y por momentos trágica historia de Pepa Flores es también un relato de la historia de España. Y es que la niña nacida en el seno de una familia pobre de la Málaga de la posguerra pasó a ser, sin ella pretenderlo, estrella infantil de un franquismo que vendía ilusión, luz y sueños en una época oscura del país. Pero aquella “muchachita creció” como cantaba la actriz en la película “Marisol rumbo a Rio” (1963) y tras un matrimonio fallido y con la llegada de la democracia, Pepa Flores dejó atrás a Marisol para encarnar la España más feminista y la sociedad más politizada. Unas películas de serie B y un notorio y muy sonado activismo en el seno del partido comunista marcaron los últimos años de vida pública de una mujer que desapareció en 1985 para no dejarse volver a ver.

Ni siquiera el Goya de Honor que la Academia española la otorgó en 2020 logró que Pepa Flores saliese de su retiro voluntario, siendo sus hijas las que aceptaron en su nombre un galardón que el cine español le debía.

Y es precisamente este momento que reafirmó la negativa de la eterna Marisol a volver, aunque solo fuese una noche, a una industria que la dio muchas alegrías, pero también alguna tristeza, con el que comienza la película; un inicio que da paso al testimonio de las personas que la rodearon y quienes, a falta de la presencia de la protagonista, son los encargados de poner voz a la historia de una mujer que parece haberlo vivido todo.

Imágenes de archivo y entrevistas recientes hechas a familiares, amigos y otros rostros conocidos se combinan ante los ojos del espectador como si en los pormenores de ese relato fuese este a encontrar la respuesta a la ausencia de la actriz, incluso en ese momento de reconocimiento colectivo a su persona que el cine español quiso regalarle y al que ella, aunque siempre agradecida, se negó a acudir.

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Sin embargo, pocas son las sorpresas depara la película documental que, con un relato de brocha gorda, forma el mosaico que es la vida de Pepa Flores recogiendo los momentos esenciales, aunque ya de sobre conocidos, de una vida muchas veces contada en incontables formatos.

Nada nuevo, ni en cuanto al continente ni en cuanto al contenido, depara una película documental que huye de los episodios más desconocidos de una mujer cuyo rostro todos recordamos, pero de la que sentimos que nos falta mucho por conocer.

Sin embargo, y a pesar de que a muchos les pueda saber esto a poco, es innegable que nunca está de más hacer de nuevo un homenaje a una de nuestras actrices más destacadas ya convertida en mito y que ahora llega en forma de película documental; uno de esos proyectos cuidados y hechos desde el respeto que, dejando de un lado los aspectos más polémicos, nos acerca de nuevo a la figura de una mujer cuya historia nos sigue resultando fascinante.

'Marisol, llámame Pepa'