miércoles. 24.07.2024
SanjurjoTribunal
Sanjurjo con otros oficiales siendo juzgado en el tribunal en 1932. (Foto: Wikipedia)

@Montagut5

El fracaso de la Sanjurjada, el golpe más serio que padeció la Segunda República, y que tuvo lugar el 10 de agosto de 1932, aunque también es cierto que muy mal planteado, llevó al general José Sanjurjo a sentarse en el banquillo.

Sanjurjo fue condenado a la pena capital en un Consejo de Guerra sumarísimo, que tuvo lugar el 24 de agosto, es decir, a los pocos días del suceso. Sanjurjo no era el único encausado, también lo sería su hijo Justo Sanjurjo, el general García de la Herrán y el teniente coronel Estaban-Infantes. El primero sería absuelto, mientras que el general sería condenado a cadena perpetua y el teniente coronel a una pena de doce años y un día de prisión. También hay que destacar que según la Ley de Defensa de la República se aplicaron duras medidas represivas contra los jefes, oficiales y civiles que participaron en el golpe, con deportaciones a Villa Cisneros y expropiaciones de bienes de algunos destacados implicados.

La pena de muerte fue conmutada por la de cadena perpetua por un decreto del presidente de la República

La pena de muerte fue conmutada por la de cadena perpetua por un decreto del presidente de la República. En este sentido, el magistrado interino de la Sala VI de Justicia Militar del Tribunal Supremo, Mariano Gómez González, había recomendado que se conmutara la pena por la de expulsión del Ejército. Precisamente, Manuel Azaña pensó que, como lo dejó escrito en su diario, que el escarmiento más ejemplar era un Sanjurjo fracasado, vivo, y encarcelado, que muerto y, por consiguiente, glorificado. Pero no todas las autoridades republicanas pensaban lo mismo, ya que Santiago Casares Quiroga, a la sazón ministro de la Gobernación, es decir, responsable del orden público, se opuso a la conmutación porque creía que con ello se perdería firmeza por parte del Gobierno y podía alentar a los conspiradores. Tampoco le gustó nada esta decisión a Negrín, que llegó a declarar que había sido un grave error del Gobierno, porque desde ese momento sería “cómodo y barato conspirar”. Negrín llegó a expresar su deseo de que la República no muriera en manos de los militares, una declaración, sin lugar a dudas, premonitoria.

Indultado por Alcalá-Zamora, Sanjurjo pasó al Penal de El Dueso y en un régimen carcelario bastante benévolo.

Tras las elecciones de noviembre de 1933, que dieron el triunfo al centro-derecha, la suerte de Sanjurjo cambió radicalmente. Lerroux propuso la concesión de una amnistía al general y al resto de militares implicados. Alcalá-Zamora no estaba, en cambio, por la labor, y se resistió, aunque, al final, cedió y lo aceptó en el límite temporal legal para hacerlo, aunque consiguió que se incluyera en el decreto correspondiente la imposibilidad de que regresase al Ejército. Todo este asunto, las dilaciones y el decreto final tuvieron repercusiones políticas porque se produjo una crisis de Gobierno con dimisión incluida de Lerroux, sustituido por Ricardo Samper.

Sanjurjo salió de prisión y se fue a vivir a Estoril. Después estaría en la conspiración final, aunque falleciera en el viaje a España por accidente, para ponerse a la cabeza del golpe.

Sobre estas cuestiones es muy recomendable la lectura del libro de González Calleja, Eduardo (2011). Contrarrevolucionarios. Radicalización violenta de las derechas durante la Segunda República, 1931-1936. Madrid: Alianza Editorial.

Cuando el centro-derecha amnistió a Sanjurjo