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jueves. 06.10.2022

El título de esta reflexión puede ir dirigido al tiempo climatológico que está por venir este otoño, tanto como a la sombría situación económica que asoma por el horizonte, e incluso a lo referente a la política en nuestro país y fuera de él.

Quizás al terminar de escribirla acabe borrándola debido al excesivo pesimismo y talante crítico que pueda rezumar y así evitar el rechazo de quienes sean capaces de leerlo con espíritu crítico.

Pero este instante de nuestra historia que nos toca sufrir, demanda gentes que tengan la valentía de señalar incluso lo que saben no va a gustar y de eso va este artículo.

Gentes que, a diferencia de nuestros dirigentes políticos, se atrevan a intentar transformar la sociedad a través de sus reflexiones y no sólo a interpretarla con un pragmatismo cobarde, para a continuación transitar en la dirección que marca, evitando así molestarla para conservar e incluso ganar votos en el intento.

Malos tiempos para la lírica, malos para el espíritu crítico y peores aún para la libertad de expresión, más aún inmersos en una interminable campaña electoral.

Todos los oráculos y grandes sacerdotes auguran que lo peor está por venir. Según Macron se avecina el final de la abundancia. ¿Para quién pregunto yo? Porque no me doy por aludido al desconocer este término aplicado en carne propia, especialmente en los últimos tiempos.

Anuncian igualmente un invierno de penurias, que recuerda la famosa frase que Churchill durante la II guerra mundial: “sangre, sudor y lágrimas” anticipaba a sus conciudadanos.

¿Toda esa negrura de la que nos amenazan es debido a la guerra provocada por Putin contra Ucrania?

Si la respuesta fuera afirmativa, aunque surjan serias dudas y el sufrimiento provocado a la población ucraniana, la rusa y también a toda la de la UE fuera debido a ello; ¿por qué no hay nadie trabajando seriamente por acabarla? No digo con la rendición de Ucrania a Rusia o al revés, sino a través de un acuerdo de mínimos entre ellos.

¿Por qué se limitan a mandar armas y más armas a Ucrania en lugar de trabajar y presionar para lograr un acuerdo?

¿Por qué la palabra paz es la menos pronunciada en los últimos tiempos? ¿Por qué se limitan a mandar armas y más armas a Ucrania en lugar de trabajar y presionar para lograr un acuerdo?

La única idea que acompaña ese envío de armas, fue en su día una campaña de boicot y exclusión contra el invasor, especialmente a nivel económico y financiero, que se ha demostrado con el tiempo absolutamente inútil.

Ha conseguir provocar una crisis sin precedentes provocando no el debilitamiento del agresor sino justamente lo contrario. Unos lumbreras, vamos.

A menudo deberíamos interrogarnos sobre si los políticos actuales fueran directivos de una gran empresa no estarían todos en la calle por incompetentes.

Pero lamentablemente no lo son y así se volverán a presentar a las próximas elecciones con sus fórmulas mágicas, después de haber fracasado estrepitosamente sin ningún tipo de consecuencia.

Este análisis no va contra la política que goza de todo mi respeto, tampoco contra los políticos que también, pero hemos tenido la desgracia de que este difícil instante de nuestra historia ha coincidido con los menos lúcidos, con una preocupante falta de lo que se denomina “altura de miras”. Carecemos de estadistas.

El gobierno hace lo que buenamente puede, quizás con falta de imaginación y generosidad. La oposición, en especial PP y VOX sólo se dedica a debilitarle todo lo que puede, aunque sea a costa de debilitar también al país. Así mal lo tenemos.

Hasta una de las políticas más eficaces como Yolanda Díaz, que fue capaz en su inicio de conseguir acuerdos con los agentes sociales, patronal y sindicatos, desde que se puso en modo elecciones al presentar su nuevo proyecto “Sumar”, se fue dejando jirones de ese activo. Una pena.

¿Podemos esperar que surja un milagro y vuelva la sensatez y la eficacia? Existen serias dudas de que sea posible, pero habrá que insistir machaconamente para lograrlo.

Sólo desde la negociación, el diálogo, el acuerdo, con imaginación, audacia y generosidad podremos enfrentarnos a lo que se nos viene encima.

Sólo con un trabajo incansable por lograr la paz terminando la guerra conseguiremos paliar el dramático efecto de la misma.

Pero para ello quizás debamos trasladar en el tiempo a políticos estadistas de otra época, o ser capaces de reconvertir a los de ahora imbuidos de aquellos valores.

¿Pesimista? ¿Se puede ser optimista viendo el panorama? Difícil.

Puede que solo nos quede la esperanza de que tras un otoño-invierno terrible nos venga una primavera llena de esperanza.

Veremos…

La que se nos viene encima