lunes. 04.03.2024
banderas españa

No realizaré hoy una crítica, más que justificada a nuestra clase política, ya la reciben en abundancia desde todos los frentes. No obstante, me parece oportuna la advertencia del filósofo Javier Gomá en su libro Ejemplaridad pública: “Toda vida humana es ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad: obra de tal manera que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia, generando un impacto civilizatorio. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad política, ya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla. El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. Podría decirse que la política es el arte de ejemplificar”.

Una de las mayores lacras de nuestra democracia es la corrupción. ¿Cómo es posible la existencia de tanta corrupción en la clase política, siendo los españoles profundamente incorruptibles? Jamás se nos ocurre defraudar a Hacienda pagando una factura sin IVA, firmando una escritura ante notario, ni a la hora de realizar nuestra declaración de IRPF o del impuesto de sociedades… Dejemos la ironía, de momento. Hay una viñeta genial de El Roto. Un millonario dice: ¡España es lo importante! ¡Pero sin impuestos, claro! Yo añado, con la bandera tiene bastante para tapar su desvergüenza. Para la catedrática de Filosofía Moral Victoria Camps Cuando hay corrupción existe la complicidad del grupo político y también la de toda la sociedad”. Y es así porque carecemos de unos valores éticos claros, en torno a los cuales organizar nuestra convivencia.

El ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla

Acusamos a los políticos de su incapacidad para el diálogo. Mas, ¡Qué contraste con el resto de la ciudadanía profundamente dialogante! Los españoles damos muestras de ser dialogantes, flexibles, prestos siempre a escuchar al otro y a acordar con él decisiones conjuntas en pro del bien general. Donde podemos constatar esta actitud, predispuesta y presta al diálogo, es en las barras de los bares, en las comidas familiares con los cuñados, y, sobre todo, en la reuniones de las comunidades de vecinos. ¡Qué rapidez a la hora de llegar a acuerdos sobre el horario de puesta en marcha de la calefacción! Es algo milagroso.

Llama la atención que si los españoles somos tan perfectos, ¿por qué tenemos la desgracia de estar dirigidos siempre por los peores? Porque, una de dos, o no es verdad que los elegidos son siempre los más imperfectos o los españoles no somos tan perfectos como nos creemos, puesto que elegimos una y otra vez a los peores para que nos dirijan. ¿Si somos tan perfectos por qué nos equivocamos una vez tras otra a la hora de elegir a nuestros dirigentes? Algo no cuadra.

Una de dos, o no es verdad que los elegidos son siempre los más imperfectos o los españoles no somos tan perfectos como nos creemos

Señala Daniel Innenarity en La política en tiempos de indignación, que en el menosprecio a la clase política se nos cuelan lugares comunes y descalificaciones, que muestran una gran ignorancia sobre la naturaleza de la política y propician el desprecio hacia ella. A estos críticos les deberíamos recordar que cuando impugnan algo tenemos derecho a exigirles que nos digan quién ocupará su lugar. No ocurra aquello de la incongruencia del último vagón. Se trata del chiste relacionado con unas autoridades ferroviarias que, al descubrir que la mayoría de los accidentes afectaban al último vagón, decidieron suprimirlo en todos los trenes. ¿Hacemos lo mismo con la clase política? ¿La suprimimos toda? ¿Ponemos entonces a tecnócratas? ¿Queremos en el Parlamento a los mejores? ¿Estamos dispuestos a pagarles un sueldo digno? Exigimos listas abiertas, y solo un 3% de los electores utiliza las ofrecidas en el Senado. Los políticos son necesarios. Los que no los necesitan son los poderosos. En un mundo sin política nos ahorraríamos algunos sueldos, pero perderían su representación los que no tienen otro medio de hacerse valer.

Además de lo ya expuesto, quiero detenerme en un mantra machacón y cansino bastante común: “yo paso de política”. A estos Juan Domingo Perón les hubiera replicado “es como si dijeran soy un cretino”. Y yo añado “que votantes muy de izquierdas no son”. Ante tal afirmación, me parece muy oportuna la anécdota contada por uno de los constituyentes de la Constitución italiana de 1947, Piero Calamandrei en una conferencia sobre la Constitución dirigida a los estudiantes de Milán en 1955:

Los políticos son necesarios. Los que no los necesitan son los poderosos. En un mundo sin política perderían su representación los que no tienen otro medio de hacerse valer

“La política es algo feo”, “a mí qué me importa la política”: cuando escucho a alguien este tipo de discurso, me viene a la cabeza la anécdota, que alguno de vosotros conocerá, de dos emigrantes, dos campesinos, que atravesaban el océano en un trasatlántico inestable. Uno de los campesinos dormía en la bodega, mientras que el otro estaba en el puente, y gracias a ello se daba cuenta de que había una fuerte tormenta con olas altísimas, por lo que el barco oscilaba. Fue entonces cuando este campesino, lleno de miedo, le preguntó a un marinero: “¿Corremos peligro?” Y éste le dijo: “Si el mar sigue en estas condiciones, el buque se hunde en media hora”. Corre entonces a la bodega a despertar a su compañero y le dice: “Beppe, Beppe, Beppe, si el mar sigue en estas condiciones, el barco se hunde en media hora”. Y aquél le responde: “A mí qué me importa, el barco no es mío”. Esto es lo que significa el indiferentismo en política”.

Igualmente creo oportuno recurrir a Antonio Machado. El cual en su libro Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo instó a los jóvenes a implicarse en la política: “La política, señores, es una actividad importantísima. Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino el desdeño de la política mala, que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes. Vosotros debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros, y, naturalmente, contra vosotros. Solo me atrevo a aconsejaros que la hagáis a cara descubierta… Y a quien os eche en cara vuestros pocos años bien podéis decirle que la política no ha de ser necesariamente cosa de viejos. Hay movimientos políticos que tienen su punto de arranque en una justificada rebelión de menores contra la inepcia de los sedicentes padres de la patria…Hasta las madres os pudieran aconsejar: “Toma el volante, niño, porque estoy viendo que tu papá nos va a estrellar a todos-de una vez- en la cuneta del camino”.

Antonio Machado: Debéis hacer política, aunque otra cosa os digan los que pretenden hacerla sin vosotros

Otro "mantra" no menos machacón e insistente: "todos los políticos son iguales". Hay una viñeta de 9Lkoko, donde un joven le dice a un millonario, que se está fumando un puro: “He decidido no votar porque todos los políticos son iguales”. Y le contesta con una sonrisa burlona: “No sabes lo que me alegro…oírte decir esto chaval”. No. No. No todos los políticos son iguales. Eso es lo que quieren que nos creamos, los que quieren que nos despreocupemos de la política. Pasemos de política. Vale. Pero, deberíamos tener claro, que otros la harán por nosotros. ¡Vaya que sí la harán! No. No. Todos los políticos no son iguales.

No es lo mismo dedicar el dinero a rescatar a los bancos que a implementar un Ingreso Mínimo Vital. No es lo mismo poner en marcha reformas laborales para facilitar el despido-y luego decir “que se jodan, que quien toma medidas para atenuarlo. Son muy distintos quienes miden su patriotismo en metros de bandera y venden a fondos buitres viviendas públicas, que quienes ansían una España sin desahucios y toman medidas para el acceso a la vivienda. No. No. No son los mismos. Y quien no vea tales diferencias, está ofuscado o aquejado de gravísimos prejuicios políticos.

Aquí se produce una extraordinaria paradoja. Muchos millones de españoles que se han beneficiado de las medidas del gobierno de coalición, como revalorización de pensiones con el IPC, ingreso mínimo vital, Ertes, contratos indefinidos, además de otras,. Y sin embargo, manifiestan sus preferencias electorales hacia un partido que las votó en contra. Para entender las inclinaciones electorales está la neuropolítica, una disciplina capaz de comprender el funcionamiento de nuestro cerebro como electores frente a los estímulos de la comunicación política. Nos permite conocerlo mejor, cómo funciona, con qué valores, con qué sentimientos y cómo se canalizan sus decisiones.

Somos seres tanto más libres cuanto más politizados

Como señala Adela Cortina en el artículo La racionalidad rara avis, según George Lakoff no votamos según los hechos, como cabría pensar de seres presuntamente racionales, sino desde nuestros valores, ligados a las emociones. A lo largo de nuestra vida nos forjamos un marco de valores y, una vez configurado, nos resistimos como gato panza arriba a renunciar a él. Por ende, muchos votan contra sus propios intereses, al hacerlo no con la cabeza, sino con las vísceras.

Tales mantras sobre la política, según Aurelio Arteta, son una reminiscencia del franquismo y conducen a que una actividad se considera execrable, porque se ha politizado. Dejando la vida privada al margen, debemos politizar todo aquello que nos afecta como ciudadanos. ¿No debe someterse al debate público: nuestras pensiones, nuestra educación o el sistema fiscal? Cuando se quieren eliminar del debate político, es que detrás debe haber algún interés bastardo. Somos seres tanto más libres cuanto más politizados.

“Yo paso de política” “Todos los políticos son iguales”