miércoles 8/12/21
ayuso

Entre el "paseo" triunfal de Diaz Ayuso en un plató de televisión, un miércoles, y el "Paso" del jueves como respuesta a una pregunta parlamentaria en la Comunidad de Madrid solo hay, cronológicamente, unas pocas horas y, gramaticalmente, una "e" entre ambas palabras, pero, políticamente hay un abismo. Es la diferencia que hay entre el comportamiento de una política en un ámbito amable y festivo y, el de la misma persona, en un sitio donde pueden darse situaciones ni tan amables ni tan festivas.

Suelo recordar el aforismo de Richard Holbrooke en su biografía hablando de la principal característica de un líder político. Según él, cuando se tienen que tomar decisiones, casi siempre, con poca información, con poco tiempo, y sometido a una gran presión, lo importante no es tener muchos conocimientos, si no un gran carácter. Y, con esas características, ni un líder, ni una lideresa, pueden pasar.

Hay que ser la presidenta de todos los ciudadanos/as, en todo momento y en todas las situaciones. No se puede pasar. Le puede gustar o no gustar la situación en la que está, la pregunta que le están haciendo o, incluso, la persona que la está haciendo, pero no se puede pasar. 

No se puede decir “Paso” por muy coloquial que acostumbre a ser su modo de expresión. No está en una partida de cartas, si no en la sede de la soberanía popular

Tampoco es impedimento para contestar una pregunta parlamentaria el hecho de que sea incómoda, ni siquiera el que se la hayan hecho muchas veces o el que haya un ruido de fondo, por otra parte, cada vez más habitual en los parlamentos. Durante el tiempo que se es presidenta de un gobierno, y mientras la democracia parlamentaria sea el sistema político imperante, no se puede negar a contestar a una parlamentaria que la ha interpelado. Hay innumerables ejemplos de políticos, que, por su elocuencia, nunca pasarán a la historia en la misma lista que aparece Castelar, pero que, sin embargo, saben responder a una pregunta incómoda con una excursión por los cerros de Úbeda. Incluso con un “hoy no toca”. Pero, no se puede decir “Paso” por muy coloquial que acostumbre a ser su modo de expresión. No está en una partida de cartas, si no en la sede de la soberanía popular, aunque suene pretencioso el decirlo.

Incluso, si pasa, no lo puede decir. Puede llegar a pasar, puede que se note que está pasando, pero no puede decir que pasa, porque es injustificable que pase, y no digamos si, de lo que parece que pasa, es de dar una explicación sobre decenas de miles de muertos que se han producido en instalaciones bajo la competencia del gobierno que se preside.

Por cierto, ya pueden poner en la sede de la Presidencia de Madrid el retrato de empleada del mes con la efigie de Eugenia Carballedo. La presidenta de la Asamblea, la misma que no fue capaz de acallar los murmullos que dieron lugar al “Paso”, intervino a continuación para hacerse protagonista de la sesión parlamentaria. Fue cuando, con su actuación censora, claramente partidaria, sobre una diputada socialista, hizo un gran favor a Diaz Ayuso. El escándalo que causó esa actuación ha puesto cierta sordina al célebre "Paso".

Debo reconocer una decepción personal por ese "Paso" que ha dado Diaz Ayuso. Confieso que yo había abandonado esa primera impresión que daba de liviandad política y, aunque estoy claramente alejado de sus planteamientos ideológicos, estaba empezando a admirar su carrera y, sobre todo, los resultados que estaba alcanzando. Pero ese "Paso" la hace retroceder varias casillas en mi apreciación.

Como atenuante del hecho, hay que reconocer un par de cosas, aparte, claro está, de que mi apreciación personal no tenga la menor importancia. La primera, es que el programa de Pablo Motos tiene muchísima mayor audiencia que los reportajes televisivos donde se ve a Diaz Ayuso "pasando" en la Asamblea de Madrid. Y, la segunda, que una importante mayoría de los votantes de Diaz Ayuso, a lo mejor "pasan" con ella, por lo que la evaluación de daños no debe ser preocupante. Eppur si muove.

Ahora queda resolver la situación. Sus asesores le pueden aconsejar o el clásico "verlas venir, dejarlas pasar", sabiendo que, lógicamente, en política no hay mal que cien días dure, ni mucho menos, o salir al escenario nuevamente con un acto de grandeza, como de política de altura. Es decir, o seguir pasando o hacer eso que se dice que hacen los sabios, rectificar. Apuesto por lo primero, aunque, créanme, como espectador me gustaría lo segundo.


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