martes 20/10/20
SANIDAD PÚBLICA

Asalto a lo público

Sanidadpública
Viñeta de Rafa Maltés

Una nueva vuelta de tuerca en los centros neurálgicos del estado social. El nuevo coronavirus parece erigirse en la justificación oportuna de los que ya lo tenían sentenciado para dirigir el penúltimo ataque y eventual derribo del sistema público. En el anterior intento, cuando la crisis financiera de 2008, las políticas neoliberales de austeridad y los recortes dejaron a la sanidad pública en pelotas; a la enseñanza concertada subiéndose a las barbas de una pública exangüe; y a los empleados del Estado sufriendo las políticas de austeridad. Ahora viene un nuevo revés para todo el sistema. ¿Será el golpe de gracia?

Esta situación de gran crisis se ha encontrado con nuestro sistema de salud -uno de los mejores del mundo, decíamos antes- con un personal sanitario ajustado y contratado en precario, y en pleno rebrote de la pandemia está sometido a un doble circuito en la atención primaria y además muy cansado, y con unas listas de espera imposibles de sortear, salvo si se conoce un amigo. ¿Volveremos a nueva versión del enchufismo berlanguiano?

Hasta ahora las principales preocupaciones derivadas de los avances tecnológicos estaban en relación con la pérdida de empleos y de privacidad e, incluso, con la manipulación de elecciones políticas. Pero el deterioro en las relaciones personales, que se producen en los diferentes campos de la administración y en los servicios públicos, convierten a las nuevas tecnologías no solo en paliativos sino en sustitutos de la presencialidad y asimismo en catalizadores de las iniciativas privadas y facilitadoras del adelgazamiento de la administración y los servicios públicos.

Es un hecho que a medida que las máquinas y las aplicaciones informáticas van sustituyendo a las personas, el desempleo aumenta. Es cierto que surgen también nuevas profesiones digitales. En la administración esto va a ser así también. ¿Para qué se van a reponer los puestos de trabajo si estos se pueden sustituir por una aplicación informática? Otra cosa es el deterioro de la calidad de la atención.

Cuando uno va a resolver un trámite, como un registro de un documento, que es de lo más básico y sencillo que se puede hacer en la administración, y un empleado le dice que "vuelva usted mañana" porque se necesita cita previa, aunque en ese momento no haya nadie esperando, ya se ve que algo está fallando en el sistema. Pero si al volver al día siguiente, ya con la cita en propiedad, para registrar el documento tiene que acceder al sistema "chave", que es como se denomina por ejemplo en Galicia la enrevesada aplicación informática desarrollada para tal finalidad, es fácil entender que el sistema no solo no funciona adecuadamente, sino que es muy probable que ese empleado ya no esté en su puesto en una eventual siguiente visita, porque lógicamente no se considerará necesario. El camino está trazado para el adelgazamiento de la administración pública.

Si además del gran impacto de la covid-19 sumamos un nuevo deterioro de nuestro sistema público, dejaremos a las siguientes generaciones un lastre enorme del que probablemente no podrán librarse

España está entre los países más golpeados por la pandemia. Tiempo habrá para investigar, evaluar y auditar lo hecho y lo omitido. Pero si además del gran impacto de la covid-19 sumamos un nuevo deterioro de nuestro sistema público, dejaremos a las siguientes generaciones un lastre enorme del que probablemente no podrán librarse. Los años venideros alumbrarán, seguramente, nuevas situaciones de crisis, a las que tendremos que enfrentarnos, y es fundamental que así lo hagamos, con una sanidad pública reforzada y con una educación que no sufra el acoso de una privada concertada cada vez más fortalecida.

La deriva telemática de la sanidad y la educación nos conduce inevitablemente a un refuerzo de las respectivas opciones privadas. La estrategia conservadora ha consistido en rebajar impuestos a los sectores acomodados para luego justificar los recortes y la privatización de lo público. No hay más que ver los datos del incremento de los seguros sanitarios privados y de la demanda de la educación concertada. Las clases más acomodadas buscarán aún más ese recurso para recibir la atención sanitaria que no están recibiendo en la sanidad pública, así como también buscarán para sus hijos de entre las diferentes opciones que hay de colegios y universidades privadas, la que consideran mejor para su educación. Más en particular, el obcecamiento actual de muchas universidades por la vía telemática, conduce a que estas pierdan la esencia para la que fueron creadas, cuyo eje es la presencialidad y la relación diaria con los alumnos, y se conviertan en otra cosa muy distinta, una variedad de educación a distancia, pero en eso no podrán competir con otros centros que ya están especializados en ese cometido.

La gran cuestión es, por tanto, si sabremos acompañar los cambios tecnológicos de políticas que protejan lo público y a los más desfavorecidos.

De modo que este avance de las posiciones neoliberales de adelgazamiento del Estado plantea dos cuestiones importantes de alcance general y global que no deben ser pasadas por alto. En primer lugar, por todas las razones anteriores, creemos que son muy importantes las iniciativas de lucha contra el fraude y de justicia fiscal en España, así como las que han emprendido tanto Francia como la OCDE para que los llamados GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) coticen cada año en mayor proporción al fisco de los países en donde obtienen sus ganancias.

La segunda cuestión es que, como ya se hemos dicho en otros artículos, la pandemia no va a producir por sí misma cambios radicales, ni mucho menos un cambio automático de sistema político, pero sí puede acelerar procesos que ya están en marcha, y que están promovidos por intereses muy poderosos. Cuando queramos reaccionar, a lo mejor es tarde. Y eso sí que sería imperdonable. Deberíamos estar atentos.

Pero también otros como la lucha contra la pobreza, el cambio climático, las guerras y las pandemias letales, detrás de las cuales están las prioridades humanas, pueden y deben pasar a un primer plano de la agenda política.


Gaspar Llamazares y Miguel Souto Bayarri. Médicos.

Acompaña este artículo una viñeta de Rafa Maltés

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