sábado. 02.03.2024
Isabel Díaz Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez

Miguel Ángel Rodríguez e Isabel Díaz Ayuso deberían haber paseado el 13N por las calles de Madrid. Según ellos debía haber muchos manifestantes engañados por la izquierda y hubiera estado bien explicárselo en caliente. Hacerles ver cómo eran víctimas de una manipulación. Su malestar como profesionales de la sanidad o pacientes mal atendidos no es nada para quien se considera el ombligo del mundo. Madrid está en España y todo gira en torno a la Presidenta madrileña. No hay otra referencia posible para explicar cualquier posible protesta. Todo se reduce a querer quitarla de su cargo, al margen de cuál sea la crítica o el problema. Hay un complot en su contra.

Si se dieran una vuelta por los hospitales madrileños, verían lo bien que funciona el sistema. Esto es lo mejor de todo. Para colmo presume del buen hacer de unos profesionales entregados a su quehacer. ¿Quién debéis visitar los centros de salud? ¿Quienes trabajan en ellos o quienes acuden a los mismos para consultar una dolencia? Quizá debieran hacerlo quienes disponen de una póliza privada o los responsables de su gestión política. Todavía seguimos esperando explicaciones por lo que sucedió en las residencias para mayores en la pandemia. Las citas médicas van demorándose porque los cupos de pacientes aumentan sin parar.

Resulta lacerante presumir del esfuerzo ajeno, al tiempo que se denigra su quehacer en cuanto algo falla. Los éxitos son del gestor político y el fracaso de quienes ponen todo de su parte para intentar hacer lo mejor posible su trabajo. Los discursos de Ayuso y Rodríguez superan las marcas del propio Trump. El maestro se ha visto superado por sus discípulos. No hay ninguna etiqueta que pueda describir esta locura. La greguería y el esperpento no les harían justicia. El exquisito absurdo de Jardiel Poncela tampoco podría tomarles la medida. Jonathan Swift no sabría cómo satirizar esta burla que pretende hacerse pasar algo verosímil. Ningún sarcasmo da la talla. Incluso la sutil ironía de Voltaire quedaría fuera de juego.

Resulta lacerante presumir del esfuerzo ajeno, al tiempo que se denigra su quehacer en cuanto algo falla. Los éxitos son del gestor político y el fracaso de quienes ponen todo de su parte para intentar hacer lo mejor posible su trabajo

Lo peor de todo es que no estamos ante una patología mental o un problema psiquiátrico, aun cuando tampoco hay por qué descartarlo del todo. Nos encontramos ante una forma de atentar contra la política. Cabría reconocer que su pensamiento ultra liberal pretende privatizar cuanto sea público, porque lo suyo es que cada cual sobreviva como pueda y en esa competición caerán los más débiles. Nada nuevo bajo el sol. Muchas ideologías han mantenido esas tesis. Es ocioso enumerarlas. Prosperan en tiempos de crisis, cuando la gente lo pasa mal y quiere oír que todo se soluciona bajo un liderazgo fuerte, siempre que no molesten los indeseables.

Presentar una manifestación ciudadana multitudinaria como un fracaso de la oposición es algo estrambótico. Lo malo es que cala entre los adeptos y hace que no se aborden las cuestiones a solucionar. Que no se preocupe Ayuso. Es muy probable que gane las elecciones e incluso que acabe como inquilina de La Moncloa. Después de todo no tiene otro programa político, salvo el de sobrevivir a las crisis e imponerse a quien sea como haga falta, rentabilizando el descontento social en su favor con un discurso estrambótico y desconcertante. Funciona hasta que sus destinatarios descubren el pastel. Mientras tanto es imbatible porque aprieta las filas.

Ayuso en el colmo de lo estrambótico