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lunes. 27.06.2022
Manifestación 1 Mayo 2021
Manifestación 1 Mayo 2021

Para recordar la historia del 1º de mayo, los sindicatos, como todos los años, han convocado manifestaciones y concentraciones en calles y plazas -en el 132ª aniversario de su primera celebración-, donde darán a conocer sus actuales reivindicaciones. Efectivamente, desde 1890, los sindicatos en el mundo han venido homenajeando a los mártires de Chicago, de acuerdo con la resolución que aprobó el Congreso Internacional Obrero celebrado el año anterior en París (1889), en el que participaron Pablo Iglesias y José Mesa como delegados españoles. Años antes, el 1º de mayo de 1886, había estallado en EE. UU. la huelga por la jornada de ocho horas (ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas de ocio). Más de 5.000 fábricas pararon y 340.000 obreros salieron a la calle para defender sus derechos y luchar en contra de unas condiciones verdaderamente infrahumanas (era frecuente el trabajo de mujeres y niños y las jornadas de trabajo interminables de 12 a 14 horas), donde la miseria, la explotación y la represión brutal eran un lugar común entre las clases obreras.

En Chicago, en la Plaza Haymarket, el 4 de mayo de ese mismo año, se masacró a los manifestantes que protestaban por esta situación (38 obreros muertos, 115 heridos y 6 policías muertos) y, lo que fue más grave, 4 de sus dirigentes fueron ahorcados un año después, a pesar de las fuertes movilizaciones populares convocadas. Uno de los jurados, cuando se le demostró la inocencia de los acusados, confesó: “Los colgaremos igualmente. Son hombres demasiado sacrificados, demasiado inteligentes y demasiados peligrosos para nuestros privilegios”. Lo más escandaloso de todo el proceso es que fueron declarados más tarde “víctimas inocentes de un error judicial” en un juicio celebrado posteriormente en 1893 (Historia del 1º de mayo. Maurice Dommanget).

Las celebraciones del 1º de mayo resultaban emblemáticas en aquella época y causaban horror a la burguesía, no tanto por el número de participantes, sino porque aquellas banderas rojas, aquellos líderes obreros, aquellas masas, rompían el retablo, la organización del Estado, los moldes, la forma de estar en el escenario político… Más en concreto, el 1º de mayo representaba la movilización de una clase social contra la burguesía (la lucha de clases), que se resumía en el eslogan: “es necesaria otra política”.

La reivindicación y lucha por las ocho horas duró décadas; a pesar de que el 1º de mayo fue olvidado, ocultado deliberadamente y desprovisto de todo contenido social en algunos países e, incluso, en algunos fue prohibido (entre ellos España, en plena dictadura franquista, donde se transformó dicha fecha en un simple día festivo de carácter religioso: “San José Artesano”). Por eso, en España hubo que esperar al año 1978 para celebrar legalmente el 1º de Mayo en defensa de diversas reivindicaciones elementales, entre ellas la consolidación de las libertades (políticas y sindicales) y la defensa de la democracia.

Por lo tanto, solamente teniendo presente lo que ha venido ocurriendo en los últimos 132 años adquiere una total significación este 1º de mayo como Día Internacional de los Trabajadores; lo que, por lo tanto, reafirma plenamente la imprescindible unidad de la clase trabajadora (“trabajadores del mundo uníos”) como el instrumento más eficaz y solidario para combatir la brutal explotación del hombre por el hombre en un mundo globalizado que ha generado un nuevo subproletariado: inmigrantes, refugiados, sin techo, sin abrigo, víctimas de explotación sexual, trabajadoras domésticas, falsos autónomos, trabajadores de muy baja remuneración en la economía informal...

Desde esas fechas hasta nuestros días, los sindicatos han conseguido grandes logros y también sufrido importantes retrocesos e, incluso, fuertes persecuciones en algunos periodos, alternando el diálogo social, la concertación y la negociación colectiva con las movilizaciones obreras (huelgas generales). Estas últimas para responder a la ofensiva de las políticas neoliberales (al amparo de diversas crisis) encaminadas, sobre todo, a reducir el déficit y la deuda a través de políticas regresivas, que han generado recesión, desempleo, desigualdad, pobreza y exclusión social. Efectivamente, los años finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI aparecen como testigos del fracaso del capitalismo, que es precisamente el que gobierna el fenómeno de la globalización.

Un fenómeno que ha consolidado la plena libertad de los movimientos de capital cuyas transacciones bursátiles -la mayoría de naturaleza especulativa- son realizadas en tiempo real por la aplicación de los avances tecnológicos en los campos de la informática y de las comunicaciones. La economía financiera, con sus componentes fuertemente especulativos, ha dominado el mundo de los negocios sin que los gobiernos ni las instituciones internacionales hayan sabido ni querido establecer regulaciones efectivas que evitaran los enormes riesgos de la desregulación de unos mercados financieros plenamente globalizados. Una economía en la que las grandes empresas basan su actividad en la generación de valor bursátil en un entorno de libertad absoluta de movimientos de capitales y en el que los paraísos fiscales no son combatidos ni siquiera en situaciones extremas.

A esta situación hay que añadir las exigencias de una competitividad sin límites, no suficientemente regulada, que se traduce en el deterioro de las condiciones de trabajo, la precariedad en la contratación, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, la deslocalización de actividades y en un lamentable aumento de los riesgos laborales. Y todo ello se lleva a cabo a sabiendas de que esta competitividad sin límites es una carrera que no se gana. No hay una llegada en la carrera hacia el abismo porque no se puede competir en ningún caso con el trabajo de esclavos. A todo ello ha contribuido, de acuerdo con Tony Judt, la obsesión por la riqueza, el culto a la privatización de los servicios públicos y la elevación del sector privado a nuestra iconografía, así como a las crecientes desigualdades entre ricos y pobres. Y, sobre todo, la acrítica admiración de la desregulación de los mercados, el desdén por el sector público y la quimera de un crecimiento sin límites.  

Por eso, en estos momentos, la respuesta del movimiento sindical mundial es más necesaria que nunca en un mundo donde se está anteponiendo el interés y la respuesta local al imperioso principio de la solidaridad internacional. En este sentido, la Confederación Sindical Internacional (CSI) y también la Confederación Europea de Sindicatos (CES) tienen un reto mayúsculo ante la gravedad de la situación económica y social y la falta de un interlocutor a nivel planetario (gobernanza global). En concreto, se espera que articulen, a la mayor brevedad posible, alternativas contra los efectos perniciosos de las políticas de austeridad, la pandemia y la invasión de Ucrania en el crecimiento económico, el empleo, los servicios públicos y las políticas sociales; además de perfilar y analizar en profundidad la centralidad y el futuro del trabajo la digitalización, el cambio climático (transición energética) y la igualdad de género, entre otros muchos asuntos.

En nuestro país, CCOO y UGT, en el manifiesto publicado con motivo del 1º de mayo, se han pronunciado por la paz, en contra de todas las guerras (África, Asia y Oriente Próximo) y por un orden mundial más justo. Más en concreto, han manifestado su solidaridad con el pueblo ucraniano y han condenado la invasión injustificada de Rusia en Ucrania, además de rechazar enérgicamente el giro histórico llevado a cabo por el Gobierno de España en relación con el Sahara Occidental y de expresar el apoyo y la solidaridad con la causa noble y justa del pueblo saharaui.

Empleo, precios y salarios

Los sindicatos también hacen hincapié en el empleo, en la contención de unos precios claramente abusivos y en el incremento de los salarios para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo. En relación con el empleo se afanan en aplicar las medidas acordadas en la última reforma laboral, sobre todo en lo concerniente a la estabilidad en el empleo frente a la precariedad extrema de nuestro mercado de trabajo y a la mejora de las condiciones de trabajo (jornadas abusivas, trabajo intensivo, accidentes de trabajo…). Al margen de insistir en la protección del empleo (ERTE) y en la revisión de las causas y los costes del despido para evitar que se utilicen medios de ajuste lesivos para los trabajadores en las empresas.

En relación con la inflación, UGT y CCOO denuncian el incremento desorbitado de los precios en España y en la UE -ligado a la fuerte subida de la energía y de los productos alimenticios-, mientras que los salarios pactados siguen moderando su subida. Esta circunstancia pone de manifiesto que los salarios no han contribuido al incremento de la inflación y, sobre todo, que la subida de precios se corresponde nítidamente con la actitud de los empresarios de recomponer sus márgenes de beneficios. Por eso, exigen al Gobierno, a corto plazo, medidas para proteger a las personas más vulnerables, actuar sobre las causas de la subida de los precios energéticos y lograr un reparto más equilibrado del ajuste entre todas las rentas, incluyendo en este reparto los beneficios y dividendos empresariales, así como las rentas del alquiler inmobiliario. A medio plazo será también necesario reforzar las medidas que permitan avanzar en la autosuficiencia y, desde luego, en la eficiencia energética, a través de las energías renovables (eólica y solar) en el camino emprendido en la UE y en España por una energía más barata y menos contaminante.

En todo caso, los sindicatos, en este 1º de mayo, exigen garantizar el poder adquisitivo de los trabajadores y empleados públicos y, más en concreto, de las familias, pensionistas y dependientes del SMI. En este contexto adquiere una mayor relevancia la negociación colectiva (sobre todo la ultraactividad y la prevalencia del convenio de sector sobre el de empresa), que debería frenar los riesgos que atraviesa actualmente la recuperación económica, así como evitar la pérdida del poder de compra de los salarios e, incluso, la potencial conflictividad social. En este sentido, es imprescindible que todos los convenios contemplen cláusulas de revisión salarial que protejan los salarios ante un incremento abusivo de los precios sobre lo pactado en los convenios, a pesar de la fuerte oposición de los empresarios (CEOE- CEPYME), encaminada a seguir devaluando los salarios, lo que generará una mayor desigualdad, pobreza (incluso denuncian que existen pobres con empleo) y exclusión social y, como consecuencia, un reparto regresivo de los costos de la crisis.

Por eso, ante las dificultades para alcanzar un gran acuerdo nacional (sobre el empleo y la negociación colectiva) entre los interlocutores sociales, los sindicatos deben prepararse para negociar en las empresas y sectores sin referencia salarial acordada, convencidos de que, a pesar de su menor proyección mediática, los convenios, sobre todo los sectoriales de ámbito estatal, tienen también una relevancia importante, al margen de fortalecer la articulación de la negociación colectiva y el músculo sindical en los sectores del transporte, la logística, la producción y los servicios.

En el contexto político, las recetas del PP, y de su presidente Núñez Feijóo, no ayudarán nada al crecimiento sostenible de nuestra economía y a las personas más vulnerables. Su reiterada política económica, encaminada a reducir impuestos (expresamente desaconsejada por el FMI), se dirige en la dirección contraria y resulta contraproducente para combatir la inflación, beneficiará, particularmente, a los más ricos y no ayudará a mejorar el funcionamiento de nuestros servicios públicos muy deteriorados por las políticas de austeridad y los efectos de la pandemia. Por eso, el Gobierno, en una fecha tan significativa para los trabajadores, como es el 1º de mayo, debe reafirmar con contundencia el rechazo a las regresivas medidas fiscales del PP. Pero, sobre todo, debe ser eficaz en la gestión de las ayudas de la UE, apostar por la modernización de nuestra economía (digitalización y cambio climático), mejorar la dotación económica de los servicios públicos (sanidad y educación) y reafirmar su compromiso de proteger a la España del interior, a la España mesetaria y profunda y, por supuesto, a los más afectados por la crisis: pymes, trabajadores autónomos y familias muy necesitadas.

Poderosas razones para que los valores relacionados con el 1º de Mayo -entre los que destacan la solidaridad y la centralidad del trabajo en una sociedad democrática- recuperen el protagonismo debido y sigan siendo una referencia obligada para una izquierda poco movilizada socialmente en la aplicación y desarrollo de las políticas progresistas en el plano económico y social. Este es el reto ilusionante que tiene que asumir la izquierda y, en especial, el Gobierno y los sindicatos, ante unas derechas rancias, sin proyecto, sin alternativas y al margen de la dura realidad social que, sin embargo, es capaz de obtener el apoyo de muchos electores descontentos como se ha demostrado recientemente en Francia.

Hormigas Rojas | Antonina Ramírez, Antonio Sánchez, Gabriel Moreno, Juan Sotres, Antón Saracíbar, Ramón Utrera, Javier Velasco, Pedro Espino)  

1º de Mayo: memoria, empleo, precios y salarios