sábado 21.09.2019

La naturaleza de los hombres soberbios

Que la responsabilidad del fracaso de las negociaciones es compartida resulta incuestionable; como incontestable se me antoja la decisión exclusiva de Pablo Iglesias, al frente de la dirección de Podemos, de rechazar una más que aceptable propuesta socialista de gobierno de coalición.


Maquiavelo como San Agustín advirtieron de las consecuencias que tienen las acciones de los hombres soberbios: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. Con distintas dosis de soberbia, Sánchez e Iglesias han conseguido que descarrile la investidura del primero (y van dos) ante el desaire (y van dos) de Podemos a la candidatura del secretario general socialista.

El diálogo para la investidura entre PSOE y Unidas Podemos empezó tarde y mal. Las elecciones generales fueron el 28 de abril. Y aunque hubo contactos preferentes y ordinarios antes y después de que el Jefe del Estado nombrara a Sánchez candidato a la investidura, no pasaron de simples formalidades, muy alejados de lo que demandaban los electorados conservadores y, sobre todo, progresistas. ¿Cómo es posible que tras las elecciones generales delegaciones de PSOE y Unidas Podemos no iniciaran una negociación para pactar lo más parecido a un programa de legislatura y/o gobierno? ¿Quién se atrevería con un programa pactado a no votar la investidura?

La confianza

Mucho se ha hablado de la falta de confianza entre Sánchez e Iglesias, atendiendo a aquella máxima de que “la confianza sirve en las conversaciones más que el ingenio”, pero si yo tuviera que apuntar una razón poderosa que explique este fracaso negociador, me detendría más en la soberbia, y como no me gusta moverme en la retórica de la equidistancia, señalaré que con toda la información que tengo a mi disposición (por supuesto, limitada) la derrota de Pedro Sánchez en la investidura apunta a un principal actor: Unidas Podemos, incapaz de crecer y madurar al mismo tiempo, y sometido a la soberbia de su máximo dirigente, en perfecta sintonía con el profeta Anguita, al anunciar unos días antes “que no habría gobierno de coalición”. No sé por qué alguna prensa digital progresista y también conservadora elogiaba esta particular adivinación, cuando en realidad Julio Anguita lleva décadas situando al PSOE en “la otra orilla”, y por lo tanto, fuera de la familia de la izquierda.

La derrota de Sánchez en la investidura apunta a un principal actor: Unidas Podemos, incapaz de crecer y madurar al mismo tiempo, y sometido a la soberbia de su máximo dirigente

No, lo ocurrido obedece a causas más prosaicas. El PSOE confundió su buen resultado electoral con una especie de ruleta rusa, de la que podría salir una investidura por acción o por omisión. Una investidura con el apoyo de quienes querían entrar en el gobierno “con el peso proporcional que le otorgaban los votos”, algo que chocaba con el “gobierno abierto del PSOE”; o con la abstención, tercamente suplicada por el candidato (aun sabiendo de su uso rebuscado y artificioso), a unos partidos de la derecha ubicados en territorio hostil, cuando no, bordeando la delincuencia política, como es el caso de Ciudadanos.

Nadie del PSOE respondió, por ejemplo, al disparate de un ejecutivo “proporcional a los votos”, como si de una coordinadora asamblearia se tratara, ignorando que en las sociedades abiertas y democráticas se pueden protagonizar y solemnizar las diferencias en todos los foros, menos en uno: el Gobierno. Fueron tantas las exigencias y propuestas realizadas al respecto que el Ejecutivo podría llegar a ser consecuencia de una subasta, y no de una negociación cabal, finalmente aceptada por la persona llamada a presidirlo. Y lo que es peor, los portavoces de UP insistían hasta el hartazgo, de que su presencia en el Gobierno “era imprescindible para que se aplicasen políticas de izquierda”. Sin ellos, gobernarían el IBEX, las élites económicas y financieras, el neoliberalismo. Todo un ejemplo de confianza. Quizás este empecinamiento por entrar en el Ejecutivo guarde una relación más directa con la creciente debilidad de su líder y la difícil situación de su organización tras el 28A y el 26M.

Que hubo señales de prepotencia por parte del PSOE, claro que sí, y algunas de una innecesaria torpeza e insolencia. Pero la principal incompetencia socialista, como he precisado más arriba, fue la de no ponerse manos a la obra del acuerdo programático en los días siguientes a las elecciones del 28 de abril.

Investidura o elecciones

No repetiré lo que ya se conoce. Naufragó la negociación, se malogró la investidura, y como la soberbia siempre llama dos veces (o tres…), Pablo Iglesias jugó hasta el último minuto con las esperanzas de la gente. Improvisó en la tribuna del Congreso una nueva oferta que le había sugerido un “destacado miembro del PSOE”, en una aventura bucanera que venía a justificar lo injustificable: una vicepresidencia y tres ministerios no fueron suficientes para colmar las ambiciones del líder. Y si he de ser sincero, muchos confiamos (con mayor o menor entusiasmo) en que la propuesta citada de gobierno de coalición iba a salvar la investidura. Me asalta una duda: ¿contó Iglesias con la aprobación del destacado miembro del PSOE para publicitar su mensaje?

Solo cabe que Unidas Podemos pacte un programa y vote la investidura de Sánchez, como mejor opción para la estabilidad y el desarrollo de las políticas públicas que el país necesita

Pues bien, me arriesgo a afirmar, que el tren del Gobierno al que se negó a subir Unidas Podemos, tardará en volver a pasar, si es que pasa. Ya no es posible una negociación con el mismo orden del día. La investidura, si se produce, deberá transitar por otros derroteros. Nunca por el de volver a pedir la abstención de las derechas más autoritarias, populistas y filibusteras de Europa. Cuando se decide gobernar con la ultraderecha es difícil, en democracia, dejar gobernar a la izquierda. Suya es la responsabilidad.

Solo veo una salida. Que la soberbia en vacaciones se relaje, y sea posible un acuerdo de programa y apoyo negociado desde fuera (Portugal). Algo similar a lo defendido por Izquierda Unida en un intento desesperado por evitar nuevas elecciones. Una posición, la de votar SÍ a la investidura a partir de un acuerdo programático, que lideró Garzón, en una dirección de IU mayoritariamente inclinada hacia la abstención (manda el PCE). A mi juicio, solo cabe que Unidas Podemos pacte un programa y/o vote la investidura de Pedro Sánchez, como mejor opción para la estabilidad y el desarrollo de las políticas públicas que el país necesita.

Y el PSOE que, no lo olvidemos, es el que debe seguir trabajando activamente por sacar adelante la investidura, que abandone la improvisación y la arrogancia y planifique con voluntad y método el diálogo y la negociación en las próximas semanas. De lo contrario, nos quedará una única salida, incomprensible para la ciudadanía progresista, la cita, otra vez, con las urnas el 10 de noviembre.

La naturaleza de los hombres soberbios