lunes 01.06.2020

¿Por qué no se callan?

Es incomprensible la actitud de algunos dirigentes del PSOE que discuten ante todos los micrófonos que les ponen por delante, sus discrepancias con el secretario general.

Estamos en un momento político inédito en los casi cuarenta años de democracia posfranquista. Los electores han decidido formar una situación compleja y novedosa que para resolverla se requiere talento político, prudencia y un difícil equilibrio entre los programas que cada partido se comprometió a cumplir y la necesidad de encontrar puntos de entendimiento. Una situación sumamente delicada que es contemplada por la ciudadanía con el máximo interés y donde los gestos y las declaraciones se analizan exhaustivamente para intentar averiguar por dónde se encamina el futuro. Eso sin contar la presión que pone la situación en Cataluña.

Los medios de comunicación y la miríada de comentaristas y tertulianos, opinan sin descanso con el objetivo de influir para que la solución sea acorde con sus intereses, por no hablar de los poderes económicos que nos aterran con las posibles alianzas contrarias a sus intereses. Todo el mundo presiona sin descanso. Y sin duda el más presionado es el PSOE y su secretario general Pedro Sánchez porque todos hemos entendido que  la solución está en manos de los socialistas. Sin duda los pasos que han dado hasta ahora indican, sin ningún género de dudas, que las ideas están claras  y han sido expresadas de forma reiterada: en ninguna circunstancia apoyar al Partido Popular; propuestas para reparar lo que el Gobierno de Rajoy ha destrozado; postura firme en contra del independentismo catalán; mano tendida para dialogar con la izquierda y con Ciudadanos, si se aviene, para formar un Gobierno estable. Es decir, una postura razonable cuyo éxito dependerá de que los demás también se pronuncien y  muevan ficha.

En estas circunstancias, es incomprensible la actitud de algunos dirigentes regionales del PSOE que discuten ante todos los micrófonos que les ponen por delante, sus discrepancias con el secretario general, como si sus planteamientos fueran distintos de los que se fijaron por su Comité Federal. Lo último, por ahora, ha sido la ayuda prestada para que los partidos catalanes puedan formar grupo parlamentario en el Senado. ¿Acaso no estamos hablando de la necesidad de favorecer el diálogo? ¿No ha expresado el PSOE su discrepancia con la actitud cerrada del PP, negándose a dialogar con los responsables políticos catalanes? ¿No se ha defendido hasta la saciedad que es necesario tender puentes y no abrir zanjas? Eso ha sido un gesto que supongo tendente a propiciar un clima en el que sea posible empezar a hablar, que no condiciona nada y que marca un cambio de rumbo absolutamente necesario y que ha sido defendido por el PSOE.  Causa una profunda preocupación que estos dirigentes lenguaraces demuestren tanta miopía política y no hayan entendido la gravedad de la situación y la enorme dificultad que entraña resolverla. Para justificar esta actitud se argumenta que en el  PSOE, y en la izquierda en general, se discute y confrontan distintas opiniones, y que eso es bueno porque resalta la pluralidad y la libertad de expresarlas. De acuerdo, pero todo tiene su espacio y su momento, en el máximo órgano de dirección se fijaron las líneas maestras que deben definir la estrategia política y es ahí donde se exponen las discrepancias, se argumentan y al final se acuerda democráticamente el camino a seguir, pero las circunstancias que van surgiendo las interpreta la dirección, que para eso está. Y que se sepa no se ha salido del guión aprobado. El momento de discrepar públicamente no es ahora, cuando comienza una etapa dónde se precisa de todo el margen de confianza y todo el apoyo posible. Se supone que, después de haber celebrado unas primarias, hace unos meses, se ha elegido a la persona más capacitada en la que depositar la confianza en su buen hacer, ahora le corresponde al secretario general y a la dirección resolver. Estoy convencido de que serán consultadas todas las baronías antes de dar pasos importantes, pero no en todos los casos, que se sepa el PSOE no es un partido asambleario ¿Qué se pretende cuando se manifiesta públicamente la discrepancia con algunas decisiones que se han tomado? ¿Acaso no se es consciente de la perplejidad y el desafecto que provocan en el electorado? O lo que es realmente grave ¿Se pretende impedir que Pedro Sánchez pueda formar Gobierno? La lealtad dicta que esas discrepancias se deben manifestar utilizando la línea directa que todos tienen con la dirección federal. Ya llegará el tiempo de los micrófonos, pero ahora toca estar públicamente callados y pensar que el futuro del Estado depende de la prudencia y del buen hacer de los socialistas. 

¿Por qué no se callan?