lunes 01.06.2020

Dinero largo, ideas cortas

Montañas de dinero a la busca de más dinero nos aboca a una situación descrita como trampa de liquidez, que en la actualidad va más allá de lo previsto por el propio Keynes, pues está desbordando la posibilidad de control de la misma

Algunos comentaristas coetáneos de los Beatles, los Animals y los Stones tomaron prestada la sentencia de Schopenhauer sobre la relación del tamaño de las melenas de algunas personas y la potencia de las ideas que defienden (pelos largos, ideas cortas). El filósofo alemán se equivocaba respecto del valor de las ideas femeninas tanto como los presentadores del BBC sobre el futuro de la naciente música pop británica de los años 60.

Pero fue necesario que el bamboleo de las caderas propio del beat desplazase con su alegría a la inveterada sobriedad victoriana dominadora hasta la fecha de la música de entretenimiento. Eso mismo acabó sucediendo con la pujanza revolucionaria del pensamiento feminista. Ángela Davis y los sucesivos movimientos en favor de la emancipación de la mujer acabaron configurando un nuevo mundo, una nueva forma de vivir y una nueva forma de organizar las sociedades en las que la presencia de la mujer va a jugar un papel transformador que todavía hoy no ha finalizado. Ello demuestra que basta desprejuiciarse para disponer de una herramienta de transformación potente. Las mujeres están transformando el mundo del mismo modo que el pop alteró la moral hipócrita encerrada en un pacto social esterilizado e incapaz. Los pelos y las ideas no están relacionados de manera inversa. Simplemente están correlacionados, gente con pelo largo o corto tiene ideas cortas o largas, eso es todo.

¡Qué pena que no ocurra lo mismo con la extensión de la pasta, del dinero que se dispone! Lo que parece un hecho cierto es que la largura del dinero se relaciona de manera exclusiva con ideas menguantes, de hecho se relaciona tan solo con una: incrementar el dinero que ya se posee. Y esto no da para mucho, lo tengo muy constatado, mi actividad profesional me pone en contacto con decenas de directivos obsesionados por la cuenta de resultados, la cuenta en la que se apuntan pérdidas y ganancias. Su obsesión llega a tal punto que llegan a olvidar que el nombre de cuenta de resultados proviene de la acción de los resultados de hacer algo distinto a mirar la cuenta y llorar si la cosa no va bien. Y las cosas no van bien cuando uno se exime de hacer algo relevante. Todo apunta a que el dinero y las ideas no mezclan bien, es necesario un elemento conjuntivo. Supongo que por esa razón se producen tantos encuentros entre inversores con dinero y pocas ideas, y creadores con ideas pero faltos de dinero. Y esto es lo que ocurre en el nivel micro, el lugar en el que se encuentran bolsas de dinero desorientadas e ideas (a veces descabelladas) huérfanas.

Pero ¿qué ocurre en el nivel macro, en la primera división de la pasta? Pues lo que tenemos es una inundación de liquidez, un exceso de dinero que busca y no encuentra su manera de vivir. Años y años de intereses al préstamo de dinero cercanos a cero (incluso por debajo) más la inundación de liquidez provocada por  los bancos centrales de Japón, USA y ahora Europa para revertir la crisis que la deuda fácil generó, ha convertido al mundo en una enorme laguna de dinero que se está putrefactando convirtiéndola en una ciénaga en la que la vida y las ideas mueren por la falta de oxígeno que el dinero a espuertas tapona.

Sé que suena extraño que en un mundo con tantas carencias y con tanto sufrimiento como el actual no tengamos claro que el abundantísimo dinero debería destinarse a paliar el dolor que inflige. Y acentúa su gravedad el que hasta sabemos cómo hacerlo, se trata de invertir en educación, en sanidad y en energía renovable. Con ello es más que suficiente. Pero invertir en esto supone de hecho una inversión mucho más grande, radical, pues se trata de invertir el orden que permite que el dinero siga encapsulado en paquetes controlados por gente que no tiene las ideas claras y que, lo que es peor, cuando las tienen dan pavor. Y sí, me refiero a Trump, a Putin, Xi Jinping, al emir Salman Abdulaziz… (ponga aquí el nombre del zoquete que más le irrite)  

Montañas de dinero a la busca de más dinero nos aboca a una situación descrita como trampa de liquidez, que en la actualidad va más allá de lo previsto por el propio Keynes, pues está desbordando la posibilidad de control de la misma. Los bancos centrales no lo proclaman públicamente para evitar el pánico, pero saben que el comportamiento de la inflación resulta aterrador y ya sin munición para corregirla. Estamos en un proceso de deflación y el dinero se amontona en cuentas amodorradas. Expandir la demanda como solución no es cosa sencilla, como ahora va a comprender la señora Báez pidiendo a las empresas que suban los salarios después de haber dinamitado el único instrumento para ello: la negociación colectiva.  

Lo que necesitamos no es tanto dinero  como ideas valiosas sobre las que apostar. Rescatar el planeta y recuperar la dignidad humana son ideas largas, de largo recorrido, tan largo que pueden solventar los grandes problemas: la degradación, la desigualdad y la intolerancia alineando bajo este paradigma las ideas grandes y pequeñas que a él nos acercan.

Por qué no se hace es una cuestión estrictamente ideológica. Los dueños del dinero prefieren sucumbir en su pocilga antes que aceptar que [email protected] de los pelos largos tienen razón, una vez más.

Dinero largo, ideas cortas