domingo 12.07.2020

No existe un sistema sanitario público poderoso sin un sistema fiscal justo

 En el artículo anterior, titulado A la única cosa que debemos tener miedo es al miedo mismo,señalaba algunas ideas: la importancia de un liderazgo en una situación crítica como la actual; y a su vez mencionaba los recortes en la sanidad pública, especialmente en la Comunidad de Madrid, que lógicamente habrán tenido su incidencia a la hora de abordar la crisis del coronavirus. Me estremece el terrible sufrimiento actual en toda España, y especialmente  de la sociedad madrileña, donde es más dramático.  Igualmente indicaba que aquellos que realizaron tales recortes en la sanidad pública, cabe pensar que les servirá como motivo para una profunda reflexión.

La primera consecuencia de esta pandemia es que la mayoría de las fuerzas políticas, tal como acaban de expresar en el Congreso de los Diputados, el pasado 18 de marzo, para la aprobación del Real Decreto del estado de alarma, se comprometen a no llevar a cabo ningún recorte en la sanidad pública en el futuro. Me parece muy representativo y muy didáctico de este compromiso las palabras de JoanBaldoví: Cuando todo esto pase, que todos estos aplausos que van a resonar hoy en balcones y ventanas se conviertan en un refuerzo para nuestra sanidad pública, se conviertan en denuncias cada vez que alguien tenga la tentación de privatizar un cachito de nuestro Estado del bienestar...

No obstante tras haberme leído todas las intervenciones, voy a reflejar lo más significativo de algunas de ellas claramente comprometidas con el refuerzo de la sanidad pública. Y que todos los españoles deberíamos recordar.

Pedro Sánchez: Señorías, miremos al país que miremos, debemos comparar nuestra situación desde un claro punto de partida: España está en la primera fila de los sistemas sanitarios más eficaces y sólidos del mundo. Esto no es una cuestión de opinión, lo corroboran informes como el Índice de Seguridad Sanitaria Global de la Universidad Johns Hopkins, o el ranking de eficiencia sanitaria de la Organización Mundial de la Salud. Tengo la impresión de que nos han convencido que tenemos un sistema de salud entre los mejores del mundo. Es cierto. Pero no deberíamos olvidar los recortes en los últimos en sanidad tanto desde derecha que desde izquierda, que lo han debilitado. Y que se ha mantenido gracias al esfuerzo y voluntarismo de los profesionales de la sanidad. Algo que mostraré reproduciendo al final un artículo publicado recientemente en El Periódico de Aragón, titulado En defensa de la sanidad pública. Es un artículo que refleja unas experiencias personales,  cargado de sentimiento y  de agradecimiento a todo el personal sanitario del Hospital Clínico Universitario "Lozano Blesa" de Zaragoza.

Continúa Sánchez: Lo que sí debe ser preventivo y anticipatorio, señorías, funcionando como dique de contención de pandemias como la del coronavirus, es nuestro Estado del bienestar. Dique de contención sanitario, por supuesto, con una sanidad pública bien dimensionada y bien implantada en todo el territorio. Por eso, quiero anunciarles, señorías, que cuando pase esta situación de emergencia —que va a pasar— el Gobierno impulsará una comisión de estudio y evaluación que analice con rigor la situación en la que se encuentra la sanidad pública en nuestro país y elabore un libro blanco a fin de realizar los ajustes y cambios que se revelen necesarios.Esta puede ser la primera lección de esta emergencia: protejamos nuestro sistema público de salud y reforcemos nuestro Estado del bienestar. Es el bien más precioso que poseemos como país, es la mayor conquista de nuestra democracia, junto con ella misma, con la democracia. Es el mayor logro colectivo que atesoramos y tenemos que defenderlo. Señorías, no podemos seguir rehuyendo, o tergiversando, la vinculación entre el Estado del bienestar y su financiación. No podemos seguir ignorando que una buena sanidad requiere un uso racional y muy eficiente de los recursos, pero también requiere de una financiación que solo puede proveer un sistema fiscal justo y también eficiente. No existe un sistema sanitario público poderoso sin un sistema fiscal justo. No lo olvidemos jamás.

Es muy clara la intervención de Sánchez en defensa de la sanidad pública, pero añade algo fundamental cual es vincular el Estado de bienestar con financiación, lo que requiere un sistema fiscal justo y eficiente. Tal afirmación no hace sino mostrar el incumplimiento de nuestra Constitución, en concreto del artículo 31.1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio.2. El gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía.

 Me parece también muy interesante la intervención de Sánchez en la réplica a los intervinientes, especialmente porque recuerda el origen del Estado de bienestar: Tenemos que estar unidos para robustecer nuestro Estado del bienestar —me parece que esa es una de las grandes lecciones que tenemos que sacar de esta crisis— no para desmantelarlo, y tenemos que estar unidos para crear espacios públicos y no para cerrarlos, izquierda y derecha, conservadores y progresistas. Ya se hizo en el pasado, señorías; después de la Segunda Guerra Mundial, los socialdemócratas, los demócrata-cristianos, que estaban en desacuerdo en muchísimas cosas, se pusieron de acuerdo en lo fundamental: vivimos en una sociedad y tenemos que proteger unos derechos universales reconocidos para todos, y que afortunadamente después de cuarenta años están reconocidos en nuestra Constitución, para los que tienen mucho y para los que no tienen nada. Por tanto, ¿qué necesitamos? Necesitamos una sanidad pública de calidad, que no le ponga precio a la vida, que nos salve a todas y a todos; una protección que llegue a todas y a todos; una educación pública que iguale las oportunidades personales; un sistema de pensiones y de dependencia que nos asegure una vejez digna. … me gustaría subrayar hoy: que es el momento de lo público; es el momento de lo público, del Estado del bienestar y de sus cuatro pilares. Lo hicimos, tenemos que hacerlo, ha llegado el momento de hacerlo. EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA.

Estando de acuerdo a lo expuesto, algunas intervenciones de otras fuerzas políticas aportan algunas ideas nuevas, que merecen la pena reseñarlas.

Pablo Casado: Quiero homenajear a nuestros héroes, héroes de batas blancas y de trajes verdes, los profesionales sanitarios, que están arriesgando su salud para cuidar de los demás en circunstancias durísimas de trabajo. Ellos representan la mejor versión del pueblo español. Su entrega y dedicación son nuestro mejor espejo y todo un orgullo nacional. Desde aquí me comprometo a promover mejoras en su remuneración y condiciones laborales, y pido al Gobierno que lo haga ya, en especial en lo referido a los residentes.

Pablo Echenique: Creo que la comisión que ha anunciado para analizar el funcionamiento de la sanidad pública es una buena idea, pero me permito sugerirle que esta comisión analice también la participación de la sanidad privada en la lucha contra la epidemia y si la privatización parcial del sistema ha contribuido, quizás, a debilitarlo.

Santiago Romero de los Comunes en Galicia: Los recortes han supuesto que el gasto en sanidad se reduzca medio punto de PIB en los últimos diez años. Se ha deteriorado la sanidad pública para hacer crecer el sector privado sanitario, y como ejemplo la Comunidad de Madrid: de los treinta y tres hospitales públicos, cinco tienen gestión privada y sus tratamientos son hasta seis veces más caros para las arcas públicas, y la sanidad pública madrileña ha perdido más de 5000 profesionales en los últimos diez años. Los recortes y privatizaciones en la sanidad han provocado que hoy carezcamos de los medios y del personal para dar una respuesta eficaz a esta emergencia. Por eso apoyamos al Gobierno en todas las medidas que adopte para reforzar el sistema sanitario, que debe dejar de funcionar pensando en enriquecer a unos pocos, porque en democracia la salud no puede ser un negocio.

Gabriel Rufián: Gente siendo atendida en pasillos o enfermeras con una bolsa de basura —con una bolsa de basura— como única protección son quejas que ya nos hacen llegar. Espero, sobre todo, que después de esto, la derecha y la no tan derecha española y catalana se lo piensen muy mucho antes de volver a recortar en sanidad. Solo hay una receta: gasto social, gasto social y gasto social. El mejor aplauso a la sanidad es no recortar nunca, jamás. Proponemos una reducción del presupuesto militar en un 40 % para dedicarlo íntegramente al sistema público de salud. Que nadie se asuste, quedaría al mismo nivel de los Gobiernos de alguien tan poco sospechoso de ser un pacifista como José María Aznar…

 Iñigo Errejón: Creemos que hay que redoblar los esfuerzos en la sanidad; todo el que conoce a un profesional sanitario habrá escuchado decir que están desbordados por las horas, desbordados por la falta de recursos y de muchos materiales. Esto, ¿quién lo paga? Si el Estado incurre en más gastos y no nos dice de dónde va a sacar más ingresos, esto se puede transformar a la vuelta de la esquina en más recortes. Yo creo que toda España entiende que esta es la hora de la solidaridad. Por eso decimos que es el momento de un impuesto de solidaridad cívica para las grandes fortunas, de recuperar el impuesto, de dar marcha adelante y garantizar el impuesto a las grandes tecnológicas, que no han perdido durante estos días de crisis, y de garantizar la tasa Tobin para los movimientos del capital financiero.

Quiero destacar otras  ideas. La falta de cooperación internacional para combatir esta pandemia. Lo dice muy claro Aitor Esteban del PNV: Yo estoy de acuerdo con usted en que lo que va a salvar la situación es lo público. Ahora bien, me parece que crisis como estas, pandemias como estas —y usted lo ha dicho también— superan las fronteras, es algo globalizado, y yo creo, señor presidente, que cuando pase esto tenemos que plantearnos seriamente —me gustaría que usted llevara la iniciativa— la creación de un sistema internacional de alerta y prevención de crisis sanitarias. No existe hoy por hoy, pero que todo esto se pueda prevenir, que la colaboración internacional se dé desde un primer momento es absolutamente fundamental para que no lleguemos al punto que hemos llegado ahora, porque aquí lo que va a dar solución a problemas como el que nos enfrentamos es el conocimiento compartido y una mayor cooperación en el plano internacional.

Tomás Guitarte de Teruel Existe expresa la misma idea que Esteban: Los ciudadanos esperábamos de las instituciones de que nos hemos dotado —las nacionales, las europeas y, por qué no decirlo, de las mundiales— que nos defendiesen de situaciones como esta, que nos defendiesen o que, al menos, intentasen evitarlas, pero no ha sido así o no está siendo así. Realmente, parte de la función de las instituciones sería esta labor de prevención. Lo ha citado antes mi compañero, pero ya en abril de 2015, después de la crisis del ébola, Bill Gates, una de las personalidades más respetadas e influyentes del planeta, advirtió que la humanidad no estaba preparada para una pandemia o para una crisis vírica. Permítanme que tome sus palabras; él comentó: Cuando era niño, el desastre que más nos preocupaba era una guerra nuclear; hoy, si algo mata a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, lo más probable es que sea un virus y no una guerra. Y planteó que era necesaria la creación de un sistema mundial de salud que prevenga y combata las pandemias. Para eso, para eso, para esa labor queremos las instituciones, para esa labor de prevención, pero también las locales, las nuestras.

Dejo para el final el papel lamentable e insolidario de las instituciones de la Unión Europea. Lo expresa muy bien JoanBaldoví: La Unión Europea se ha comportado como una madrastrona, que siempre nos exige sacrificios, pero que nunca está a la altura cuando tiene que ser generosa. AciertaBaldoví. Por ello, si ya cada vez más se expande un sentimiento euroescéptico, el desarrollo de esta pandemia lo va a incrementar en tal grado, que, quizá, ponga punto final a este proyecto de la Unión Europea.

EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA

El Periódico de Aragón 7/12/2019

Hace 6 años en este periódico escribía un artículo titulado Hubo un día que…. La motivación de su redacción me la propició la estancia de un familiar directo en el Hospital Clínico Universitario "Lozano Blesa" de Zaragoza, en la planta 1ª de Angiología y Cirugía Vascular. Comentaba que desde el ingreso la atención humana y profesional exquisita. Los médicos/as explicándote con gran tacto el proceso de la enfermedad. Los enfermeros/as día y noche tratando con gran cariño a los enfermos, tarea, a veces, no fácil al estar aquejados algunos de problemas psicológicos. Su presencia permanente cambiando goteros o sondas; proporcionando calmantes, midiendo la tensión, la temperatura, el azúcar o inyectando insulina. Las auxiliares cambiando pañales y la ropa. Los celadores atentísimos. Las limpiadoras dejando unas habitaciones y pasillos impecables. Pude constatar los numerosos medios humanos y materiales para superar la enfermedad. Obviamente señalaba que todos estos servicios cuestan dinero. Es una obviedad: naturalmente hay que pagar impuestos. Hecho que a algunos españoles se nos olvida. Me sirvió para reafirmarme en la convicción que ya tenía muy clara: el Servicio Nacional de Salud, era la auténtica joya de la corona de nuestro Estado de bienestar, del que todos los españoles podíamos disfrutar sin discriminación alguna en condiciones de igualdad en un ejercicio de solidaridad de toda la ciudadanía. Por ello, me parecía una vergonzosa falta de ética la enfermiza obsesión de nuestra actual clase política dirigente en privatizar la sanidad pública. Muy enojado  decía  que no nos vengan con milongas, ya que su  pretensión no era proporcionar un mejor servicio a la ciudadanía. Lo que había detrás era el hacer negocio con un derecho fundamental, ya que los 70.000 millones del presupuesto sanitario del 2013  era una tarta apetecible para capitales ávidos de inversión. Está en nuestras manos, advertía, el impedir que consigan sus espurios objetivos. Si les dejamos hacer, es probable que en un futuro no muy lejano nos veamos obligados a contar a nuestros nietos: hubo un día que los españoles disfrutaban de un servicio sanitario universal.

Ahora mismo por la estancia reciente en el mismo Hospital Clínico Universitario "Lozano Blesa" de Zaragoza de un familiar directo, mi esposa, aquejada de un cáncer de mama, cuya evolución es positiva, me reafirmó todavía más en lo que expresé hace 6 años. El trato de todo el personal sanitario, como entonces, extraordinario, desde el diagnóstico, el preoperatorio, el ingreso, la operación quirúrgica, las curas, las consultas oncológicas, las ecografías, los goteros. A todos ellos mi más profunda enhorabuena. También he pensado  en el gran costo económico que exige el tratamiento de determinadas enfermedades. Y, aunque sea acusado de reincidente, este servicio público, es decir accesible a todos, insisto a todos, exige pagar impuestos. No hay otra opción. Por eso sorprende la auténtica obsesión de algunas fuerzas políticas de llevar a cabo una rebaja indiscriminada de impuestos, desde sucesiones, patrimonio, donaciones, IRPF, sociedades, etc. Y una gran parte de la ciudadanía tal propuesta la asume y la aplaude irresponsablemente. Mas, aquí hay trampa. ¿Qué es lo que se esconde tras ese afán de desprestigiar y reducir los impuestos? Muy claro, reducir lo público y allá donde el Estado mengua crecen las oportunidades de negocio privado. Esto es más claro que el agua cristalina.  Deteriorar la educación y la sanidad públicas es oportunidad de lucro para la iniciativa privada. Reducir las pensiones negocio para los fondos privados de pensiones. ¿Qué significa privatización? La privatización le quita al Estado la capacidad y la responsabilidad  para reparar y mejorar las condiciones de la gente; elimina también la responsabilidad de la conciencia de sus conciudadanos, al desvincularse de los problemas comunes. Es el sálvese quien pueda.  Lo único que queda es la caridad. Pero esta es una respuesta inadecuada ante tanta desigualdad e injusticia. De manera que aunque la privatización tuviera el éxito económico que se le atribuye (por cierto, más que dudoso), sigue siendo una catástrofe moral. Sorprende que a muchos ciudadanos se les olviden las funciones de los impuestos. Es  el principal instrumento de los Estados para redistribuir la riqueza y paliar las injusticias. Sin una política impositiva progresiva y redistribuidora es imposible garantizar la igualdad de oportunidades. 

 Termino con las palabras de Rafael Matesanz, el creador y director hasta 2017 de la Organización Nacional de Trasplantes, organismo coordinador de carácter técnico, perteneciente al Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, y al que los españoles podemos recurrir en caso de necesidad.  “El que seamos líderes a nivel mundial es el resultado de la combinación tres cosas, una especie de trípode: un modelo organizativo; coordinadores de trasplantes en los hospitales muy bien entrenados, que saben cómo consultar a las familias y cómo detectar posibles donantes; y un Sistema Nacional de Salud realmente potente y que atiende a toda la población. Esto último es muy importante porque el mensaje “todo el mundo debe dar porque todo el mundo puede recibir” se asienta sobre la población española que, a su vez, es muy generosa. No sería así si faltara alguna de estas tres patas.

No existe un sistema sanitario público poderoso sin un sistema fiscal justo