viernes 06.12.2019

Yo no soy un patriota

Asumo impávido que se me diga que no soy un patriota. Lo sé desde hace tiempo. Y ahora, nuevamente, daré una prueba de lo que digo. Creo que es una inmundicia que la Federación Nacional de Furbo (así la llama su eterno presidente) ofrezca una prima de 300.

Asumo impávido que se me diga que no soy un patriota. Lo sé desde hace tiempo. Y ahora, nuevamente, daré una prueba de lo que digo. Creo que es una inmundicia que la Federación Nacional de Furbo (así la llama su eterno presidente) ofrezca una prima de 300.000 euros (que se escriba así: trescientos mil), o esa, para los que peinan canas 50 millones de pesetas (que se escribe así cincuenta millones) a los futbolistas de la Roja en el caso que ganen la Europa de fútbol.

Creo que es una desmesura desvergonzada, incluso al margen de los tiempos que corren y una pérdida total del sentido de los límites. Naturalmente, si algún político o persona pública de cualquier cofradía dijera lo mismo sería acusado de aproximadamente alta traición. Así es que serán más lo que callen (algunos muy gustosamente) que los que digan, incluso, un tímido “Hombre, me parece que …”.

Y fíjense hasta qué punto no soy un patriota que me parece de perlas esa idea que, según parece, están cocinando dos próceres del fútbol bussines, Pérez y Rosell (puestos naturalmente por orden alfabético): la posibilidad de que la final de la copa del rey se juegue en China. Nada que objetar: si el negocio es una actividad desterritorializada, si estamos en el mundo de la globalización ¿qué sentido tiene que dicha copa u otros eventos similares se jueguen en los provincianos lugares de toda la vida?

Por lo demás, si esa copichuela se jugara en Pekín cabría la posibilidad de que, andando el tiempo, los espectadores organizaran una pitada al himno nacional de China y a sus autoridades.

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