lunes 18/10/21

Una nueva esperanza colectiva en Colombia

NUEVATRIBUNA.ES - 31.5.2010...con un gobierno señalado por los informes de Naciones Unidas y Amnistía Internacional por violación de Derechos Humanos.
NUEVATRIBUNA.ES - 31.5.2010

...con un gobierno señalado por los informes de Naciones Unidas y Amnistía Internacional por violación de Derechos Humanos. La ”Seguridad democrática” ha sobrepasado los límites de la legalidad dañando aún más las débiles instituciones y la llamada parapolítica ha infiltrado el poder legislativo - al menos con la pasividad del ejecutivo - acentuando la corrupción instalada en la sociedad. El Uribismo sigue ahí y se ha expresado en las urnas.

Pero también es cierto que a pesar de los datos no hay resignación de la inmensa mayoría de la población para que este sea el destino de un país lleno de oportunidades y en lucha permanente por cambiar este sino. No es tampoco la primera vez que surge una esperanza colectiva movilizadora de los anhelos más sentidos en el país. Lo fue la “séptima papeleta” promovida por el movimiento estudiantil, que propició el referéndum para la Asamblea Constituyente que modificó la constitución colombiana con 103 años de antigüedad e inadecuada para los nuevos tiempos, en ese histórico 11 de marzo de 1990. Dos días antes, el M-19 había suscrito con el gobierno colombiano el acuerdo para la dejación de armas después de una larga negociación. Esta votación consistió en depositar un voto adicional en las elecciones parlamentarias y municipales, permitiendo a la ciudadanía pronunciarse a favor o en contra de una Asamblea Constituyente que estaba en los acuerdos de Paz, cuyo proyecto no salió adelante en el congreso.

Los jóvenes de la séptima papeleta estaban convencidos de que entonces la paz era posible y de que una Asamblea Constituyente era el camino para lograr ese nuevo consenso social y político como en verdad lo fue con la entrega de las armas y la incorporación a la vida civil de parte de la insurgencia guerrillera. Pero aquella esperanza colectiva terminó el 26 de Abril de ese mismo año, con el asesinato hasta hoy no esclarecido del candidato a la presidencia de la AD-M19, Carlos Pizarro León Gómez. Protagonistas directos de aquella fatalidad y tragedia son los candidatos para estos comicios Gustavo Petro y Rafael Pardo, entonces Consejero Presidencial para la paz del gobierno del liberal Barco y quien obtiene una baja votación, siendo uno de los derrotados de esta contienda electoral.

Lo que sigue hasta hoy es difícil resumirlo, pero todos los testigos de esta historia coincidimos en que ha tocado fondo en degradación de la vida humana, en barbarie, en concentración del poder y exclusión social y política, en definitiva en desesperanza e infelicidad para el pueblo colombiano. Años fallidos de negociaciones interminables acabaron con la esperanza de la paz.

Los jóvenes de hoy -los de la marea verde y la mockusmanía- se movilizan por el derecho a la vida y por la recuperación de la “legalidad democrática”. Cuentan con armas más potentes: las nuevas tecnologías y las redes sociales en internet facilitando el trabajo horizontal. La democracia deliberativa y participativa es posible con una profunda transformación cultural, recogiendo las banderas del humanismo y partiendo de que ninguna ideología o propuesta política justifica el sacrificio de la vida humana con el lema "la vida es sagrada". Acabar con la corrupción para invertir en lo social, la educación y el cambio cultural son las propuestas del candidato a la presidencia del Partido Verde, fundado el 25 de noviembre del 2005 por sobrevivientes de aquel primer proceso. La nueva organización ha quedado a 25 puntos de Santos, logrando pasar a la segunda vuelta en unas elecciones que serán recordadas por el desfase entre el pronóstico de las encuestas y el resultado final de la votación.

El Partido Verde asume una posición pacifista, no fundamentalista frente al conflicto colombiano elevando como principio de su acción política que el fin no justifica los medios, el no al “todo vale". Sin embargo no logró movilizar la abstención, que se mantuvo en un 51,6%, ni a los nuevos votantes, los jóvenes.

La segunda vuelta para esta nueva esperanza colectiva, encabezada por Antanas Mockus, debe ser verde limón. Los resultados y la segunda vuelta claman generosidad y responsabilidad del amplio abanico democrático. La consigna “la Unión hace la fuerza”, agitada infinidad de veces en la marea verde, ahora más que nunca requiere coherencia. Ninguna divergencia justificaría el no ponerse de acuerdo, aunque los escrutinios no coincidan con las encuestas y las conclusiones de los medios de comunicación - muy posicionados con Santos - sean pronosticar que éste será el presidente.

No puede repetirse la exclusión de otras épocas para no negociar en lo social o lo agrario con posiciones de la izquierda democrática. Con un 9.6% de votos a favor de la candidatura de Gustavo Petro, no estimado por las encuestas, no debe abandonarse a los escépticos que no votan y hay que buscar su participación.

La convergencia de Mockus y Fajardo no debe interrumpirse, es el camino. No hay que tener miedo a construir juntos ni a la pluralidad. Se necesita aproximación programática amplia con compromiso ético eficaz. Es la única manera de avanzar en el triunfo para no defraudar esa esperanza colectiva. Aún puede ser.

Yolanda Villavicencio M. es diputada Socialista Asamblea de Madrid. Es licenciada en Económicas y Ciencias Empresariales, especialista en Cooperación Internacional al Desarrollo, especialista en Mujer y Desarrollo, máster en Migraciones y Relaciones Intracomunitarias y en los últimos ocho años ha dirigido la entidad AESCO, especializada en migraciones, cooperación al desarrollo y codesarrollo.

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