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jueves. 18.08.2022

Todo un ajuste de cuentas

NUEVATRIBUNA.ES - 29.8.2010Uno creía que en los próximos Presupuestos iba a haber un ajuste de cuentas pero no tan literal. Es decir, que se pretendían afinar las partidas para contener el déficit y no cobrar réditos políticos de otra índole a la hora de sentarse a negociar el reparto de los euros.
NUEVATRIBUNA.ES - 29.8.2010

Uno creía que en los próximos Presupuestos iba a haber un ajuste de cuentas pero no tan literal. Es decir, que se pretendían afinar las partidas para contener el déficit y no cobrar réditos políticos de otra índole a la hora de sentarse a negociar el reparto de los euros. Sería demasiado fácil, a la par que cavernario, caer en la cantinela de considerar a Zapatero rehén de los nacionalismos pero, por otro lado, sería mentira asegurar que, a día de hoy, su futuro no está atado a las decisiones del PNV ya que a CiU le suena la cara de ZP pero hasta que pasen las elecciones catalanas no sabe de qué. Al menos sería tan falso no reparar en esta servidumbre como ver en ello un dilema para el presidente cuando ha sido él, por la vía de los hechos, quien ha orillado todos los posibles apoyos que no vinieran de la derecha vístase ésta con txapela o barretina.

Parece pues lógico que con una política escorada a la diestra sólo se trate de buscar al menos consuelo en esos brazos y, aún así, está por ver si ese supuesto pragmatismo sirve para algo más que tener a todos los grupos parlamentarios en contra, zamparte una huelga general, tener que adelantar las elecciones y luego encima perderlas. Una jugada maestra, vamos. Además de nada descabellada. Por el momento, lo que parece científicamente demostrado es que con la necesidad de recortar en torno al ocho por ciento los gastos la prórroga presupuestaria adquiere una inutilidad innegable. Todo ello, claro está, a la espera de lo que diga ‘The Economist’ sobre si debe ser Tomás Gómez quien coja las riendas de la negociación ante la escasa fortaleza del actual Gabinete al que apoya sin fisuras aunque parezca justo lo contrario.

Dicho esto sin ánimo de alterar lo más mínimo la hipersensible susceptibilidad de eso que se viene a denominar, con un misterio que para sí lo hubiera querido Agatha Christie, el entorno de Gómez. Al parecer, una vez logrado ese preeminente anhelo de ver cómo su líder se asoma a toda ventana mediática que se pone a tiro se debe considerar que ya sólo cabe el aplauso o la salida a hombros del plató en respuesta a ese acto de justicia histórica. No deja de ser más elocuente que curioso que por un lado se ensalce la virtualidad democrática de unas primarias, a las que se ha llegado por una falta de acuerdo previo y no por una cuestión de higiene orgánica por más que se insista, y que luego cualquier pronunciamiento explícito, siempre que no caiga del lado adecuado, se descalifique con dureza o se ponga bajo sospecha.

Si el proceso se abre para que los militantes madrileños opinen no se antoja muy coherente que a alguien que reúne esas condiciones, caso del ministro Rubalcaba, se le crucifique por adelantar sus afinidades salvo que el problema sea que, por ser quién es, tenga esa trascendencia mediática que el precandidato debe querer tener en régimen de monopolio. Si estás en contra es una interferencia pero sí estás a favor es fácil que te propongan para militante del año. Un afán de buscar enemigos donde ni siquiera debería haber adversarios que se plasma en iniciativas tan pintorescas como solicitar un ‘cara a cara’ cuando, hasta la saciedad, quien alumbra la ocurrencia nos ha asegurado que el proyecto político de ambos es idéntico ¿Entonces?

Igual ese es el problema. Así lo han entendido algunos. De ese modo, esa política que se comparte, la misma que busca con desespero una mano a la que agarrarse para sacar adelante los Presupuestos, es la que ha abocado a una huelga general que ni convoca la derecha, aunque se frote las manos con ella, ni los tertulianos ni los periodistas. Son los sindicatos de clase, entre ellos la fraternal UGT, quienes lo hacen porque, en el fondo, lo que se escribe en los artículos puede gustar más o gustar menos, pero lo que de verdad importa es lo que se escribe en el BOE. Eso afecta, para mal, a los trabajadores, a los pensionistas y a los parados les guste o no. Y mientras, la ministra Salgado se sigue pensando lo de subir los impuestos a los ricos porque, según ella, el efecto recaudatorio sería mínimo. A estas alturas el ideológico también.

Germán Temprano es escritor y periodista

Blog: JAULA DE GRILLOS

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