#TEMP
jueves 26/5/22

Naturaleza, cabrona

Tener buen crédito es un seguro de vida. Mantenerlo no es fácil, incluso es mucho más difícil que lograrlo. Y conseguirlo, no siempre es consecuencia de algún proceso racionalmente explicable.  En muchas ocasiones nos quedamos perplejos de que algunos gocen del estatus de indiscutibles, con la apariencia de estar muy lejos de merecerlo y no haber hecho mucho, o más bien parecer haber realizado bien poco, para lograrlo.

Tener buen crédito es un seguro de vida. Mantenerlo no es fácil, incluso es mucho más difícil que lograrlo. Y conseguirlo, no siempre es consecuencia de algún proceso racionalmente explicable.  En muchas ocasiones nos quedamos perplejos de que algunos gocen del estatus de indiscutibles, con la apariencia de estar muy lejos de merecerlo y no haber hecho mucho, o más bien parecer haber realizado bien poco, para lograrlo. Ocurre con frecuencia con los triunfadores; en muchos casos conocerlos de cerca supone quedar perplejos de cómo es posible que, tal como es o parecer ser, haya escalado hasta donde está. En el caso de los empresarios es demasiado frecuente: ¿cómo puede haber hecho tantas perras, este tío, si parece tener tan pocas luces?  Es un interrogante harto frecuente. Son estos casos los más fáciles de detectar, por cuanto el éxito se suele observar (exhibición de logros en forma de coches, chalets, ritmo de vida) y contrasta con la personalidad y los rasgos de su perfil, que se suele poner de manifiesto cuando toma café en la misma barra del bar que los demás, en la misma cafetería de siempre, que es donde salen a relucir sus dotaciones personales. Tiene crédito. Y se le concede, a partir de un determinado momento, de forma automática.  Y no se cambia de parecer, así como así. Es como si imprimiera carácter.

La Naturaleza tiene buen crédito. Lo “natural” suele ser una referencia de bondad intrínseca. Lo artificial, lo humano, aquello en lo que el hombre, o la mujer, han intervenido, tiene perdido el partido de la bondad, frente a lo natural. Los humanos somos garantía de fracaso, de contaminación, de desastre, de poco recomendable, de agresión a lo impecable natural.  Cada vez que veo, escucho o percibo la defensa a ultranza de lo “natural”, me pongo en guardia. Por ejemplo, el producto que se propone “solamente contiene productos naturales”, como garantía de bondad, de efectividad, de imposibilidad de agresión. Pero ¿contiene estricnina (usado como matarratas), que se encuentra en la nuez vómica?, pongamos por caso. Si así fuera, el tal producto natural, ya saben, nefasto. ¿contiene el producto natural denominado almorta, que pese al hambre que ha combatido, en especial en la invasión francesa y en la posguerra, su harina, comida habitualmente en forma de gachas, provoca latirismo? ¿Qué decir de las muy naturales setas, bocado delicioso o ángel de la muerte?

La inmensa mayoría de productos vegetales contiene componentes tóxicos: glucósidos cianogénicos (amigdalina, etc) en mandioca, melocotón, albaricoque, almendras amargas; aminas vasoactivas (dopamina, epinefrina, etc) en frutas (plátanos, cítricos) , tomate maduro y cebada; dioscorina (batata); carotatoxina (zanahoria, apio); latirógenos (almorta). Es la cultura la que nos salva, no “lo natural”, porque ya pagaron antecesores nuestros, para fijar las cantidades, componentes de dietas y en general nuestra alimentación actual, para evitar la toxicidad. Pero este es el auténtico crédito de “lo natural”, no la garantía de su “naturalidad”, sino la ingesta recomendada por la cultura, que, en defensa de la raza humana concretó la dosis recomendable. Lo “natural” per se, no es garantía de bondad. Lo humano, tampoco, por abusos constatados. Pero no nos equivoquemos, de no ser por el filtro humano, “lo natural” no ofrece garantía alguna.

Todavía más, afirmaremos: “La Naturaleza es una cabrona” Seguimos otorgando respeto, por mucho que nos haya desencantado. Es más, no nos atrevemos a poner en entredicho su crédito. Pero pensemos: ¿puede tener crédito una Naturaleza que sacude un territorio, echando abajo las viviendas de los vecinos y atemorizarlos hasta límites insoportables? ¿Puede otorgársele buen crédito a una Naturaleza, que tras haber sembrado el caos con un terremoto, no se le ocurre otra cosa mejor que azotar de nuevo, al mismo territorio, esta vez anegándolo de agua, barro, inmundicia, matando gente, animales y arrasando cultivos, todo lo cual lleva a la gente a la miseria, mucha de ella casi en la indigencia, ya desde el primer envite? Esto es Lorca, ahora mismo. Esa Naturaleza, que algunos admiran, ha golpeado sin compasión. Esa madre Naturaleza, para otros, se ha conducido como una mala madre que ha engullido a sus hijos y enseres. Esa Naturaleza, que otros ensalzan, ha sembrado destrucción y miseria.

Cuando la imitamos, los pobres humanos, solamente vamos buscando los mecanismos que aseguran la supervivencia. La Ciencia y la tecnología acuden a ello para triunfar. En eso es una maestra. Pero tengamos presente que lo que vemos, examinamos y estudiamos es lo que queda, y lo que buscamos, por tanto, es lo que ha triunfado en esa lucha a vida o muerte que han mantenido los antecesores. Nos equivocamos si lo que percibimos es la bondad natural, dado que hubieron cadáveres anteriores para dar lugar al presente. La lucha por la vida es la constante de los seres vivos que nos precedieron, en la forma de nuestra especie, o en anteriores versiones. Nunca se puede tratar de visiones bondadosas, sino de formas de vencer a la muerte. Piénsenlo bien, la Naturaleza, resulta ser una auténtica cabrona. Si alguien lo duda, que piense en Lorca. Por cierto, los gobernantes, nacionales y regionales que todavía tienen algún crédito, cosa igualmente inexplicable, es difícil creer que remediarán algo; antes ya no lo hicieron ¿por qué podemos pensar que ahora serán capaces de hacerlo?

Naturaleza, cabrona
Comentarios