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domingo 29/5/22

La presidenta Aguirre y la impostura política

En relación con la polémica que rodea los últimos días a la presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre por su proceder en los atentados de Bombay, me viene a la memoria el día en el que al final de una reunión en una sede sindical de Madrid hubo de retrasarse la comparecencia pública de los asistentes, porque la Sra Aguirre exigió que la subieran al lugar donde iba a celebrarse, un pequeño taburete que llevaba preparado en su coche
En relación con la polémica que rodea los últimos días a la presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre por su proceder en los atentados de Bombay, me viene a la memoria el día en el que al final de una reunión en una sede sindical de Madrid hubo de retrasarse la comparecencia pública de los asistentes, porque la Sra Aguirre exigió que la subieran al lugar donde iba a celebrarse, un pequeño taburete que llevaba preparado en su coche oficial.

El motivo, la comparecencia tenía que ser de pie, y Esperanza Aguirre era algo más baja que sus acompañantes, en este caso los secretarios generales de Madrid de U.G.T. y de CC.OO.

No pude evitar la asociación al ver a la presidenta compareciendo apresuradamente en el patio de la Real Casa de Correos, inmediatamente después de aterrizar, de vuelta de Bombay, tuve la sensación de que la anécdota de entonces se elevaba a categoría ahora, mientras un cierto pudor daba paso a un indisimulado sentimiento de vergüenza ajena.

La vergüenza ajena, que suele producirse cuando se contempla a un adulto, adulta en este caso, adoptando una posición infantil en busca de la recompensa por haber sido lista y haberse librado de una buena. Desconozco cual es la valoración de este gesto entre los aduladores y los incondicionales, quizá vean en él a la mujer heroica e indomable que sale de todas, la lideresa fuerte que necesita la España que fue.

Yo vi, a pesar de la sonrisa forzada, la cara más fea de la política, la que necesita de la impostura para mantener el crédito. La que oculta el verdadero rostro del terror que algunas cámaras captaron en el asiento trasero del coche que trasladaba a Esperanza Aguirre al aeropuerto de Bombay minutos después de la masacre, que costó la vida a cerca de 200 personas.

Los profesionales de la política deberían reflexionar, que es lo vulnerable, lo que mas nos aproxima y lo que merece el reconocimiento de los demás.

Hubiera terminado aquí sino fuera porque la presidenta parece haberse gustado en el papel de impostora y en la segunda entrega ha querido ir un poquito más allá y ha deslizado la idea de que estando en Bombay, es como si hubiera estado en el 11-S y en el 11-M y en el 7-J.

Esta manipulación ya no produce el sentimiento benevolente de la vergüenza ajena, sino el desprecio más rotundo, por el mínimo respeto a quienes sí estuvieron y lejos del mundo virtual en el que parece que vivimos, dejaron la vida, unos, demasiados, parte de sus cuerpos, muchos cientos, y miles de anónimos espantando su propio miedo, acudieron a socorrer, a salvar la vida en muchos casos, a quienes habían tenido menos suerte, hombres y mujeres de toda condición, sin ninguna relevancia pública y que con toda seguridad hubieran necesitado con mas razones que Esperanza Aguirre un micrófono para curar sus secuelas.

Pedro Reyes

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