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miércoles. 28.09.2022

Estajanovismo y crisis de gobierno

NUEVATRIBUNA.ES - 13.4.2009La cultura del trabajo suele ser beneficiosa: sobre todo para aquellos que se benefician del trabajo ajeno.
NUEVATRIBUNA.ES - 13.4.2009

La cultura del trabajo suele ser beneficiosa: sobre todo para aquellos que se benefician del trabajo ajeno. Para quienes hemos elogiado a menudo el derecho a la pereza que esgrimía Paul Lafargue, no nos dejará de resultar pintoresca esa llamada a filas del presidente José Luis Rodríguez Zapatero a sus ministros para que suspendieran sus vacaciones de Semana Santa y se reincorporasen sin dilación a sus despachos para que la lucecita del Kremlin, que tanto elogiara Pablo Neruda, siguiera encendida en mitad de la noche.

Luego, ocurre lo que ocurre, que los ministros que aunque no lo parezcan son seres humanos y no suelen tener puñetera idea del movimiento sindical creado por el minero Aleksei Stajanov en la Unión Soviéticahacen novillos y se largan a la playa o al extranjero, y yo el primero por la senda del bañador, seguro que exclamó el flamante vicepresidente Manuel Chaves a quien pillaron in fraganti y de tal guisa en una playa de Huelva.

El estajanovismo propulsaba el aumento de la productividad laboral, basado en la propia iniciativa de los trabajadores: algo así como una hija mestiza de las huelgas a la japonesa y de la revolución permanente de León Troski. Aquella plusmarca de trabajo condujo a los soviets, claro está, a la perestroika y a la destrucción del muro de Berlín. Ya veo a los nuevos ministros haciendo horas extras para redactar proyectos que nadie podrá ejecutar porque los únicos que no la doblan son los fabricantes de euros, de dólares y de liquidez bancaria.

En España, aquella tradición soviética, tuvo un pálido reflejo en el servicio militar obligatorio. Era fama que, durante la mili, los reclutas tendrían que esforzarse denodadamente por parecer atareados cuando en rigor no lo estaban. De ahí que, a senso contrario y bajo la historia pendular que nos aflige, una de las frases más coreadas de la transición democrática fue la de “quien se mueva, no sale en la foto”.

En las fotos de los últimos días, salen muchos ministros reuniéndose. Como si no lo hubieran hecho en la vida. La noticia de primera plana debiera ser la calidad y no la cantidad. Lo importante no debieran ser el número de horas que se reúnen los próceres sino los resultados reales de tanto jaleo. Ni conviene olvidar que el mayor periodo de inmovilismo español estuvo paradójicamente dominado por el Glorioso Movimiento Nacional. Y que el potro de la fábula de Iriarte ya se quedó un tanto perplejo con el ajetreo de la ardilla, hasta el punto de preguntarle: “Tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, ¿son de alguna utilidad?”.

Mientras la oposición del Partido Popular amaga en falso con una moción de censura, cada día surgen nuevas voces que ante la contundencia de la crisis, apelan hacia unos nuevos Pactos de la Moncloa. ¿Sobre qué bases? ¿Con qué actores? Sabemos, hoy por hoy, lo que está haciendo el Gobierno pero ignoramos a ciencia cierta qué harían en su lugar los conservadores. ¿Cuántas horas de reunión y cuántas semanas santas serían precisas para conciliar la posición de la mayoría de este país con la de las organizaciones empresariales que sólo piensan en abaratar despidos o de un sistema financiero que sigue renqueante a pesar de las generosas inyecciones de fondos públicos que ha recibido?

Los sindicatos y muchos les apoyamos-- no están por la labor de que la carga de esta coyuntura vuelva a caer sobre los hombros de quienes trabajan en este país, a menudo haciendo horas que nadie paga, con contratos basura y sin derecho a primeras planas por el simple hecho de que no hayan podido tener vacaciones. Pero, eso sí, ignoro qué diría al respecto el pelma de Aleksei Stajanov.


Juan José Téllez es escritor y periodista, colaborador en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Fundador de varias revistas y colectivos contraculturales, ha recibido distintos premios periodísticos y literarios. Fue director del diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como periodista independiente para varios medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha firmado los libretos de varios espectáculos musicales relacionados en mayor o menor medida con el flamenco y la música étnica. También ha firmado guiones para numerosos documentales.

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