miércoles 11.12.2019

El reto de la generatividad política de la izquierda

La crisis de la política no es tema nuevo en la sociedad española, pero la crisis económica y la aparición de movimientos de protesta e indignación como el #15M, han hecho de acelerador, poniendo patas arriba a toda la izquierda, y en particular a la izquierda gobernante. Los socialistas son los principales damnificados de este tsunami político, pero otras fuerzas como IU o ERC no están tampoco para tirar cohetes.

La crisis de la política no es tema nuevo en la sociedad española, pero la crisis económica y la aparición de movimientos de protesta e indignación como el #15M, han hecho de acelerador, poniendo patas arriba a toda la izquierda, y en particular a la izquierda gobernante. Los socialistas son los principales damnificados de este tsunami político, pero otras fuerzas como IU o ERC no están tampoco para tirar cohetes. La fragmentación sigue siendo letal para el centro izquierda, mientras la derecha crea más fácilmente "conferaciones" políticas entre partidos y grupos de interés para auparse en el poder.

En Cataluña, el PSC se enfrenta a un Congreso muy abierto, donde las bases del partido se han rebelado contra la dirección, y han emergido varias plataformas de militantes que intentan reconstruir el partido desde abajo. En el PSOE, la hemorragia parece que está contenida, pero no controlada. La elección de Rubalcaba como candidato a las próximas elecciones generales busca ser un salvavidas para evitar un naufragio electoral todavía mayor que del 22 de mayo. Una reto cuasi imposible según las tendencias y encuestas actuales, ante un electorado de izquierdas desmovilizado y desmoralizado que no entiende que los suyos sean precisamente los que proponen reformas que desmantelan una parte de las conquistas sociales conseguidas en las últimas décadas. Si hay un nuevo debacle electoral, sangrará la herida y el partido se verá abocado a un Congreso impredecible.

Rubalcaba y su recién elegido equipo de campaña, tienen un ejercicio complicado en los próximos meses. Po un lado tienen que ser capaces de ofrecer una alternativa renovada al programa político impulsado desde el gobierno y tutelado por los mercados. Al tiempo, deben ser la principal oposición de la oposición, con un PP que espera sentado a que lleguen las elecciones para que caiga el fruto maduro. Un ejercicio político francamente difícil, pero en el que si alguien está capacitado para afrontarlo, es precisamente Alfredo Pérez Rubalcaba, el mejor "político" del momento en términos de capacidad, experiencia, astucia y habilidades para nadar en aguas revueltas.

Sin embargo el reto de los actuales dirigentes socialistas y de la izquierda política no es solo salvar los muebles o conseguir perder con dignidad emulando la otrora dulce derrota socialista del año 1996. Las cosas son algo más complicadas. Se intuye una travesía del desierto larga y en condiciones extremas. Sin poder institucional local o autonómico, sin apoyos mediáticos sólidos, y sin poder económico alguno por el proceso de privatización de las Cajas de Ahorro. Así, el futuro de la izquierda pasará por su capacidad de regenerar su tejido político y social, esto es, de renacer con nuevas ideas y un nuevo discurso, con nuevas formas organizativas, y con nuevos liderazgos. Y eso no significa volver a buscar un “mirlo blanco” de treinta o cuarenta años. La respuesta no puede ser otra que la de construir un nuevo proyecto que quintaesencie e integre lo mejor de las generaciones políticas de los últimos treinta años, incorporando también savia nueva.

El profesor Jose Luis Álvarez lo ha definido muy bien estos días reflexionando entorno al hecho de que el gran examen del liderazgo de Rubalcaba no es simplemente electoral. Citando al psicoanalista Erik Erikson, nos ha recordado que el indicador de madurez de un adulto tardío a partir de los 60 años es la “generatividad”, esto es, la transmisión de valores a una nueva generación, y ayudar a esta a sucederle en puestos de responsabilidad. Y ese debería ser el reto ahora también en el terreno de la izquierda política. Zapatero y otros dirigentes territoriales, no ha dejado –por diversas razones- una generación de cuadros de gobierno creíbles tras de sí, algo que sí hizo el partido durante la transición y las primeras legislaturas de González. Muchos reclaman la vuelta de personalidades como Solana, Borrell, Bono, etc. Pero el futuro no se construye solo con la vuelta al pasado. No podemos permitirnos, ni tiene sentido “matar al hijo” que antes intentó “matar al padre”, como algunos reclaman.

Así pues, la elaboración del programa y de las listas para las ya cercanas elecciones generales, deberían pensarse en esos términos. Por un lado, ofrecer un programa electoral audaz, creativo, innovador y posible que vuelva a ilusionar a la sociedad. Por el otro, pensar que, sea cual sea el resultado, tenemos que regresar a la lógica de vertebrar métodos de transmisión de competencias políticas sin grandes saltos ni rupturas generacionales. Los que tienen hoy éxito en la sociedad, son aquellos que saben gestionar de forma inteligente la complejidad. Y a eso vamos abocados en la política, a la gestión de la complejidad extrema. Entornos que requieren de la elaboración de nuevas coherencias integradoras que van más allá de los grupos, los clanes o las trincheras, ya sean éstas generacionales o grupales.

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