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miércoles. 06.07.2022

El Consejo Europeo del 9D: buenos deseos, malos e insuficientes instrumentos

Por fin llegó la reunión del Consejo del anhelado 9 de diciembre con el fin de… -¿qué fin exactamente?-, y el resultado cuando menos es decepcionante, pero no fallido del todo. En el comunicado del Consejo se habla se “adoptar las medidas en respuesta de la deuda soberana” y de “ir hacia una unión económica más fuerte”.

Por fin llegó la reunión del Consejo del anhelado 9 de diciembre con el fin de… -¿qué fin exactamente?-, y el resultado cuando menos es decepcionante, pero no fallido del todo. En el comunicado del Consejo se habla se “adoptar las medidas en respuesta de la deuda soberana” y de “ir hacia una unión económica más fuerte”. Para estos fines un tanto etéreos se habla de dos tipos de medidas: a) un nuevo pacto fiscal basado en la coordinación (¡qué menos!); b) se habla de instrumentos (no se dice que sean nuevos) de desarrollo y de estabilización ante los retos a corto plazo. Ya de entrada no parece muy ambiciosos los instrumentos en función de los fines, pero más aún cuando se entra ya en el contenido. En primer lugar lo de pacto fiscal es mentira, porque se trata en todo caso de un pacto –sí es que lo es– presupuestario (yearly budgetary plans) por más que se siga luego hablando de “unión fiscal estable” (fiscal union stability), porque cuando ya se habla de la medida concreta resulta sorpresivamente que nada de tema fiscal, sino de que el presupuesto de los gobiernos (general government budgets) no podrán exceder del 0,5% del PIB. Ello significa para el caso español que el presupuesto del total de las Administraciones Públicas no podrían superar apenas la cantidad de 5.000 millones de euros. Una bagatela si se quisiera –como en el caso actual- compensar la caída de la demanda agregada del sector privado (consumo más inversiones privadas más saldo neto comercial exterior). Con ese porcentaje no da ni para ajustes contables del sector exterior que siempre los hay. Una cifra absolutamente ridícula. Si Keynes lo viera se descojonaría de la risa y pensaría que habríamos vuelto al nivel de conocimiento que tenían los economistas de los años 20 cuando la biblia económica era Los Principios de Economía de Alfred Marshall. Casi un siglo después, los cenutrios europeos y sus asesores económicos no se han enterado de nada, ni de la teoría desarrollada desde entonces, ni de cómo F. D. Roosevelt abordó la crisis del 29 del siglo pasado, haciendo caso omiso también –aunque no siempre– de los economistas de entonces. Solo que entonces aún no se había escrito la obra de Keynes (La teoría de la demanda efectiva, 1936) ni la de Kalecki (La dinámica económica, 1954). En plena crisis y el instrumental que se les ocurre es reducir el déficit, es decir, el gasto público. Porque esto es lo que quieren decir o lo que representa en la práctica, porque no se habla para nada de aumentar los ingresos fiscales aumentado los tipos existentes, implementando nuevos impuestos o combatiendo el fraude fiscal (especialmente alto precisamente en Portugal, España, Italia y Grecia). Más tarde se habla en el comunicado de los mecanismos de castigo (sanctions) para el caso de que los países sobrepasaran el 3% de déficit. En compensación se habla del “adelanto” del Mecanismo de Estabilidad Europea (ESM) a julio del 2012. Lo de adelanto es porque se pensaba dejar para el 2013, es decir, es un adelanto respecto a lo que se había programado. También se habla de un “rápido despliegue” del fondo EFSF. Todo ello para convencer por las buenas al Banco Central Europeo de que actúe como “agente” en las “operaciones de mercado”, es decir, para ver si de una puñetera vez se decide a comprar deuda soberana al mismo ritmo y oportunidad que lo hace la Reserva Federal yanqui y el resto de los bancos centrales del mundo que tienen moneda propia. Me salto lo de los mecanismos de toma de decisiones y sus exigencias, donde, por cierto, Rajoy, aún sin gobernar, ya ha cosechado su primer fracaso al exigir un porcentaje que obligara a incluir a España. Lo que resulta decepcionante es cuando se habla de las cantidades, porque se insinúa reconsiderar lo adecuado del techo de 500.000 millones de euros (500 billions yanquis) para el conjunto de “EFSF/ESM”. Es una cifra ridícula porque, por ejemplo, se aprobó en su día –el 7 de mayo del 2010– un paquete de ayuda para Grecia de 110.000 millones de euros, país que representa el 1% de la Unión Europea. Pensemos que España e Italia juntas representan casi el 30% del PIB de la Unión Económica. En esa proporción, el fondo debería estar constituido por 3.300.000 millones de euros, es decir, 6,6 veces más que ese techo que -¡menos mal!- dice el Consejo que hay que sobrepasar. Por cierto, que lo de la ayuda a Grecia no sirvió de nada porque, si antes estaba mal, ahora está peor. Para despistar se habla de un recurso al FMI de 270.000 millones de euros, pero eso depende de FMI como es obvio, que es una institución mundial y no exclusivamente europea.

La cuestión es que no se trata de techo, ni de fondos, ni de castigos. Sólo hay dos temas básicos que dilucidar a corto plazo, vamos, para ahora mismo: 1) olvidarse de los déficits a corto plazo porque la única medida para reactivar la economía es precisamente la contraria: aumentar los déficits para compensar la caída de la demanda agregada del sector privado; 2) que el Banco Central Europeo se comporte de verdad como un banco público y compre deuda soberana con la mayor naturalidad del mundo y, a ser posible, que lo haga sin avisar y sin acostumbrar a los especuladores (los mercados) para pillarlos cogidos en sus operaciones bajistas (cuando venden deuda soberana que no tienen). Mientras no se haga ambas cosas da igual el tamaño del o de los fondos disponibles, porque los especuladores eso no les va a asustar. Y ya más tranquilamente hay que abordar el tema de los eurobonos y lo de un sistema fiscal único para toda la Unión Económica o, al menos, para la UE de los 17. La única buena noticia es que el Reino Unido se haya quedado fuera del acuerdo del 9 de septiembre. Desde el mismo nacimiento del Mercado Común los británicos –sus gobiernos– han intentado boicotear la construcción europea, bien al principio desde fuera y luego desde dentro, aunque no dentro del todo (manteniendo la moneda propia). Lo del primer ministro conservador Cameron buscando un privilegio para la City ha sido una sinvergonzería, y la teutona (Merkel) y el gabacho (Sarcozy) han tenido la disculpa y justificación –las dos a la vez y mira que eso es difícil- de darle al tory una patada en el borde del Canal y se han quedado aislados, esta vez ellos, los british, y no el continente. Yo no tengo nada contra los británicos, pero si se está en un sitio hay que estarlo a las duras y a las maduras, sin privilegios. Permitir que permaneciera en la Unión Económica con moneda propia ya fue un error, y ese error se va a corregir por la inercia y la lógica de los hechos, haciendo que los países que no estén en el euro no les merezca la pena estar en la Unión Económica. Hubiera sido mejor que ello fuera así desde la instauración de la moneda única, pero ya se sabe que la política recorre todos los errores posibles hasta dar con lo acertado cuando los políticos se convierten en rehenes de sus mentiras y sus electores cómplices de sus engaños.

El Consejo Europeo del 9D: buenos deseos, malos e insuficientes instrumentos
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