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miércoles 18/5/22

¿Unidad sindical?

El amigo Pepe Álvarez, secretario general de UGT de Catalunya, ha levantado una cierta polvareda con unas declaraciones que los medios de comunicación han titulado “UGT de Catalunya considera la fusión con CCOO”. Sin embargo, las palabras reales de Álvarez no son tan terminantes como expresa el conductismo del titular del diario.

El amigo Pepe Álvarez, secretario general de UGT de Catalunya, ha levantado una cierta polvareda con unas declaraciones que los medios de comunicación han titulado “UGT de Catalunya considera la fusión con CCOO”. Sin embargo, las palabras reales de Álvarez no son tan terminantes como expresa el conductismo del titular del diario. Léase con detenimiento y se caerá en la cuenta de lo que realmente dice y quiere decir con toda la sensatez del mundo. No obstante, dirigentes de ambos sindicatos han salido raudos a declarar que “ese tema no está en la agenda”. Lo que viene a ser una respuesta más administrativa que de contenidos. Comoquiera que, en anteriores ocasiones, se me ha respondido de manera similar deseo intervenir en ese asunto desde la comodidad de ver la función desde el gallinero.

Nadie en su sano juicio propondría la unidad sindical orgánica para ahora mismo. Por lo tanto, la respuesta de “no está en la agenda” es de aproximado sentido común, incluso estando limitada por no apuntar si es deseable y conveniente. En mi caso, ya que considero que es deseable la unidad sindical orgánica, intentaré concretar cómo veo las cosas para que, gradualmente, se vaya abriendo un camino unitario del sindicalismo confederal en nuestro país que no debe circunscribirse solamente a los dos grandes sindicato sino al mayor número de ellos que así lo deseen.  Las buenas palabras de Pepe Álvarez me incitan a ello, pero antes necesito hacer unas consideraciones previas. Más adelante me meteré en esa harina, repito: desde la comodidad de estar en el gallinero de la función.    

Primero. Las situaciones de crisis han propiciado históricamente dos situaciones sindicales contradictorias: una, el enfrentamiento de los sindicatos, que se ha trasladado al movimiento de los trabajadores, generando momentos de escisión y ruptura; dos, pero también han favorecido momentos de unidad sindical, incluso orgánica. Quienes conocen la historia del sindicalismo lo saben perfectamente. Como la primera opción (enfrentamiento, escisión y ruptura) es indeseable, me referiré a la segunda.

La Confederación Europea de Sindicatos (CES) nació en 1973 como una reacción contra la crisis del petróleo que hizo sus estragos en Europa. Andando el tiempo, Comisiones Obreras –tras el levantamiento de algunos vetos— ingresó en la CES en diciembre de 1990. La Central Sindical Mundial, de igual manera, es el resultado de la fusión de organizaciones internacionales en noviembre de 2004 (Congreso de Viena). Comisiones Obreras y UGT son miembros fundadores junto a otras organizaciones de nuestro país. Lo que equivale a decir que el gran peso de nuestro sindicalismo confederal  comparte la misma casa en Europa y el mundo, aunque en España vive en habitaciones diferentes. Pero que ambos sindicatos vivan en habitaciones diferentes en España no ha sido óbice para que, desde hace ya muchos años, practiquen una envidiable unidad de acción, que es ejemplar en el panorama sindical europeo.   

Segundo. Este proceso unitario español es, en buena parte, responsable de no pocas conquistas así en los convenios colectivos como en las concertaciones ante los poderes públicos. Por otro lado, la sostenida y consistente unidad de acción está dando la cara en defensa de la condición de vida y trabajo del conjunto asalariado durante los últimos tres años con una serie de grandes movilizaciones contra los ataques a las políticas del Estado de bienestar y los recortes de todo tipo, tanto del Gobierno central como de no pocas administraciones autonómicas y locales. Y a mi juicio, dicha unidad de acción es un elemento que anima y concita los elevados niveles de participación en el conflicto social. Esta unidad es, pues, beneficiosa.  Más todavía, pone las bases de un proyecto gradual más ambicioso. Mejor dicho, debería poner esas bases.

Tercero. Pero el proyecto de unidad orgánica (eso que administrativamente se llama fusión) no es deseable para ahora mismo. Me esforzaré en dar las razones: sería una opción burocrática, superestructural, hecha de prisa y corriendo. Es más, sería el resultado de una operación que implicaría sólo y solamente a los grupos dirigentes de ambas organizaciones, dejando al margen a millones de personas que ni siquiera se sentirían sentimentalmente vinculadas a la fusión. Hacer las cosas así (cosa que nadie plantea, por supuesto) sería una posterior fuente de conflictos que daría motivos a situaciones confusas  y, tal vez, de vuelta a la anterior casa.  Dicho en plata: por ahí, ni por pienso. 

Cuarto. Así pues, descartada la fusión ahora y para ahora, si se piensa que la unidad sindical orgánica ¿de qué manera es posible y deseable avanzar gradualmente hacia ese objetivo? Lo primero y principal, elevando todavía más los niveles actuales de unidad de acción con el apoyo masivo del conjunto asalariado. Y después …

… y después abrir un debate sobre los temas substanciales que presiden y conforman la acción colectiva del sindicalismo confederal. A saber:

– Carácter de la negociación colectiva, desde la plena independencia y autonomía del sujeto social;

– Las formas de representación y representatividad del sujeto social tanto las de naturaleza interna como las que le significarían como sujeto extrovertido y próximo;

– El carácter de las estructuras y los grupos dirigentes…

Como mínimo. Con lo que resulta que estaríamos en un proceso de duración imprevisible, ante una navegación que –aunque su puerto no sabemos a cuántas millas está– se cuenta, al menos, con un aproximado cuaderno de bitácora.

Quinto. Si por otra parte ese rumbo es firme, no sería descartable que una serie de aparatos (Fundaciones, gabinetes técnicos, instrumentos de tutela…) fueran fusionándose gradualmente.

Sea como fuere, la gran operación no puede ser cosa de (es una forma de hablar) Pedro y Pablo. En ella deben estar implicados no sólo los afiliados sino aquellos que potencialmente podrían estarlo.

Por último, me permito un aviso para navegantes: lo peor sería que, acuciados por dificultades mil, nos viéramos obligados a una fusión a trancas y barrancas. Lo que podría suceder al no tener en la agenda nada previsto.  De ahí que las palabras de Pepe Álvarez tengan el valor de haber revisitado el tema. 

¿Unidad sindical?
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