domingo 26/9/21

Ayuso, las pizzas y la hostelería

Madrid tiene la desgracia de que su actual presidenta es muy de pizza y cocacola. Así nos va.

Los parroquianos de Madrid somos más de zarajos, entresijos, mollejas blancas, gallinejas,chorrillos y botones, tiras, canutos y chicharrones; un par de albóndigas u albondiguillas; abadejo o bacalao, uséase, crujientes “soldaditos de Pavía”; un platito de callos con moje; esos caracoles de viña atrevidos de picante que “caracoles sin picante no hay quien los aguante”; esa tacita consomé de invierno; ese par de croquetitas; ese humedecerse las papilas gustativas a la sola vista de un buen escabechado o boquerones en vinagre; un cachitín de tortilla de patatas con debate sobre la cebolla; unas gambas cocidas o plancha; calamares romana con gomita limón; una cortecita; unos riñoncitos o higaditos con su ajo, perejil y bien tostados; patatas bravas pero bravas; patatas a lo pobre de fin de mes… Y alabado sea ese principio de mes con unos picos y una tapita de jamón de bellota, especial para vegetarianos, que eso es bellota pura…

Claro, para que no se atragante hay que tirar de un cortito, una caña o doble bien tirados; un Valdepeñas, un Rioja, un Ribera; un Rueda o Albariño, que ya no se halla Moriles o Savin con Casera (o sea gaseosa), o sifón, o “selz”; incluso un vermú con aceituna…

Vamos, que no tiene que venirnos la Ayuso a indispensarnos con nuestras sacrosantas parroquias y a infundiar en nombre de su concepto de libertad, basado en enviar pizzas y cocacolas a los niños más pobres para hincharlos a calorías y obesidad prematura. Apuesta siempre Ayuso por los poderosos, no por la tasca ni la parroquia del barrio, atléticos artesanos del yantar, incluso a cuatro reales.

La presidenta se deja llevar por Miguel Ángel Rodríguez, hombre más de respetables cubatas, que de suaves caldos. Y en su afán de atacar a Pedro Sánchez como sea, obviando los problemas de Madrid, han tomado a los hosteleros como bandera de sus líos partidistas. Ayuso quiere ser la Agustina de Aragón del vino tinto con sifón; la emperatriz del berberecho de lata; la diosa de la tapa… Pero vuelve a demostrar que es la reina del populismo liberticida, queriéndonos hacer creer que la libertad es irnos de cañas, de tapas o caldos. Como escribía hace poco Nicolás Sartorius “con Franco también se podía ir uno de cañas”…, salvo que estuvieras en la cárcel por luchar, precisamente, por la libertad.

Es sabido que Ayuso y el PP madrileño tienen buenas relaciones con determinados empresarios, también de hostelería, a los que la derecha madrileña ha espoleado (solo Dios sabe a cambio de qué) para entrar en la lucha electoral y hagan patética campaña por la Agustina de Aragón del vino tinto con sifón. Esta actitud es otra pata de esa bronca, ira y odio permanente que azuza la negociadora de vacunas rusas.

Más bares que Sanidad

Los parroquianos de estas tierras matritenses andan, andamos, estupefactos ante tamaña barbaridad que rompe secular tradición en las parroquias de la Villa y Corte y ciudades limítrofes. Eso sí, las cuentas le salen a su gurú. El número de profesionales de la medicina que trabajan en el Sistema Nacional de Salud (SNS) en Atención Primaria, Atención Hospitalaria, Servicios de urgencias y emergencias (112/061) y Especialistas en formación asciende a 24.179, según datos de 2019 del Ministerio de Sanidad.

En ese mismo año había 31.398 negocios de hostelería en la región de Madrid, que se repartían de la siguiente forma por subsectores: un 61% corresponde al subsector de bares (19.188 negocios), un 30% al subsector de restaurantes (9.482 negocios) y en un 9% al subsector del catering (2.728 negocios). A nivel nacional, el reparto de la restauración en 2019 es de un 65% del subsector de bares, un 29% de restaurantes y un 6% al subsector del catering, según el estudio anual de la asociación Hostelería Madrid, Tripadvisor y El Tenedor.

El personal sanitario, que en principio fueron héroes, se convirtieron, a ritmo de cacerola, en enemigos de la derecha gobernante. Pero… “¡cáspita!” - pensaron Rodríguez-Ayuso- “si nos inventamos que el socialcomunismo filoetarra de Pedro Sánchez arruina a la hostelería tenemos un sector enorme con nosotros, que hay más hosteleros que médicos, también gracias a los recortes de estos 26 años de gobiernos de derechas”. El hecho cierto es que el Gobierno de España ha posibilitado los ERTE y ha ayudado a autónomos el pasado año. Ahora viene una segunda remesa de 7.000 millones de euros de ayudas directas de entre 3.000 y 200.000 euros. Eso sí, justificando caídas de ingresos, que no todo el monte es orégano como es costumbre para determinados empresarios amigos del PP. Es decir, el Gobierno de España está otorgando ayudas directas mientras Ayuso no ha soltado ni un céntimo. Ni siquiera ha sido capaz de aprobar unos presupuestos en los que teóricamente se incluían estas ayudas porque le interesaba montar unas elecciones plebiscitarias en día laborable.

Parroquianos sin ira

Así las cosas ha surgido una iniciativa regional de  “parroquianos por una relación sana entre hosteleros y clientes de Madrid”, que está recogiendo firmas a través de change.org que consideran “del todo inapropiado, fullero y fuera de lugar que un grupo de empresarios se constituya en adalid de la hostelería madrileña en su conjunto como que doña Isabel Díaz Ayuso se erija en salvadora y redentora de la misma”.

El magnífico manifiesto de estos parroquianos sin ira, entre los que me incluyo, reza que

“más allá de lo chocante que pueda resultar un posicionamiento tan positivamente radical en la única Comunidad Autónoma donde el sector hostelero no ha recibido ayudas directas de su gobierno, nosotros, la parroquia usuaria de la hostelería capitalina, manifestamos de manera inequívoca nuestro deseo de volver al status anterior de máximo y mutuo respeto que siempre ha caracterizado la relación propietario-cliente en la hostelería madrileña, sin interferencias perversas, intereses particulares y/o espurios, ni adoctrinamiento político alguno”.

   Y remata: “Es gracia que esperamos alcanzar del sector hostelero al completo, que, temporalmente desviado en una fracción de sus nobilísimos y milenarios objetivos, se entretiene en campañas que la parroquia clientelar pudiera interpretar, quizá erróneamente, como un arrimo torticero a mefistofélicas mamandurrias, del todo ajenas a las normas de buenos usos y buena manufactura que desde tiempo inmemorial han venido presidiendo la honesta, gozosa y benéfica relación entre hosteleros y clientes madrileños”.

Veo entre los firmantes nombres de auténticos parroquianos, no consumidores de pizzas de factoría como Ayuso, y me he animado a animar para que las aguas vuelvan a la calma, que el mayor debate entre parroquias debe ser el sí o no a la cebolla en la tortilla de patatas; el aceite de oliva, el vegetal o la mantequilla; el Rioja o el Ribera… Creo que desde la OTAN no apoyaba yo un manifiesto, al menos con tanta convicción: https://www.change.org/p/personas-parroquianos-sin-ira.

Ayuso, las pizzas y la hostelería