sábado 14.12.2019

El ‘Russicum’ Vaticano, ‘su’ nido de espías

El Vaticano, como todo Estado, tiene su servicio de seguridad, espionaje y contraespionaje.

Federico Lombardi, portavoz del Vaticano
Federico Lombardi, portavoz del Vaticano

El Vaticano, en tanto que Estado en la tierra, cuenta con una curia cardenalicia -corte- con ministros, secretaría de Estado, y embajadores, llamados “nuncios”,  y embajadas -nunciaturas- en otros países. Y como todo Estado, tiene su servicio de seguridad, espionaje y contraespionaje. Del primero hemos hablado en anteriores entregas, y de su red de espías distribuida por todo el mundo, cristiano y no cristiano, con mayor actividad en los últimos, sobre todo en la última época tras el telón de acero, hasta que éste con la reforma de Gorvachov, se abrió. En los países del Este, desde la revolución rusa, el comunismo significaba un claro peligro para la difusión y práctica de la fe católica, y la red desde Eslovenia, Checoslovaquia, Rumania, Hungría, Bulgaria, Polonia y Moscú se multiplicó, aumentando su actividad en tiempos del Papa Wojtyla, en connivencia con la CIA. Baste recordar, a tenor de lo dicho hasta ahora, que del sindicato Solidaridad de Lech Walesa sabía más el Papa Juan Pablo II que los gobiernos ruso y polaco. No era algo nuevo. Desde el mismo año de la revolución rusa, el Vaticano puso en marcha una red de espionaje que dirigía en aquel entonces uno de los principales espías que luego ascendió a Papa, Pío XII. Este papa, mientras era cardenal, de nombre de pila, Eugenio Pacelli, muy conocido en Inglaterra, Francia y Alemania, por sus relaciones con los diferentes jefes de estado y primeros ministros, realizó operaciones encubiertas en 1917 ( y en I Guerra Mundial), en contra de la revolución rusa y su sistema comunista.

TESTIMONIOS

Una de las manera más usuales de comunicación del Papa con el mundo católico, son las encíclicas (en círculo), especie de extensas “cartas circulares”, donde imparte doctrina que deben acatar sus feligreses y que aunque escritas en latín, su “idioma oficial diplomático”, son traducidas a las “lenguas vernáculas”. Pero otras veces los papas envían mensajes que van cifrados y es preciso que el destinatario, nuncios, cardenales y otros jerarcas en lugares peligrosos, jefes de Estado, etc., posean el código adecuado para su comprensión. En el III Reich, para descifrar esos mensajes por si iban en su contra o favorecían a los aliados, había un departamento especial, el Sicherheitsdienst, SD, creado en 1941 por el alto mando de las SS, Reinhard Heydrich, uno de los criminales más abyectos de Hitler. Su objetivo: luchar contra las operaciones de la Santa Alianza.

De este segundo espionaje hemos venido apuntando detalles sin mayor extensión, como la creación del servicio de contraespionaje, por escaparse al núcleo del presente reportaje.

Para las operaciones en los países tras el “telón de acero” fue creada por el Papa Pío XI una academia especial dedicada a la preparación de espías. Su nombre completo, “Pontificium Collegium Russicum” que empezó a funcionar en 1929. Este colegio, llevado en secreto por la Santa Sede hasta hace pocos años -hecho público por la desclasificación de archivos del KGB soviético- ocupa un edificio de fachada fucsia neoclásica del siglo XVIII en la Vía Carlino Cattaneo de Roma. Sus estudiantes, de intensa preparación en idiomas eslavos y ruso, y modernas técnicas de espionaje, son conscientes de que en cualquier momento podían ser enviados al extranjero a realizar tareas peligrosas. Así se confirma en las declaraciones de los interrogatorios por el servicio secreto ruso una vez apresados.

El investigador Nino Lo Bello, uno de los primeros en dar cuenta de dicho colegio, escribió: “No sólo aprenden a hablar el lenguaje, incluidos los dialectos de los países en los que se especializan, sino que también estudian de manera intensiva la historia, la economía, y los problemas políticos de estos países... Su preparación podría compararse con cualquier tipo de servicio especial para la Agencia Central de Inteligencia (CIA)”.

Esta información de agentes preparados por el "Russicum" fue confirmada en 1999 por la Unión de Ateos y Agnósticos italiana (UAAR). Y también fue revelada por Schmidt-Eenbaum en el libro "Los Servicios de Inteligencia de Norteamérica, Europa y Japón". Schmidt-Eenbaum es un reconocido experto alemán en el campo de los servicios especiales, autor de libros sobre las actividades de espías en Alemania.

Durante cinco años la investigadora Irina Osipova ha indagado, bajo el patrocinio del Vaticano, para lavar su mala imagen a tenor de las actividades secretas del Russicum, en los archivos del KGB desclasificados y expuestos parcialmente. Producto de sus pesquisas fue su libro publicado en 1999 bajo el título “Si el mundo os odia” donde hace un recuento de los “misioneros enviados” a Rusia por el Vaticano, detenidos, torturados y condenados a muerte por el régimen comunista. En él se ofrecen sus testimonios y declaraciones donde queda de manifiesto su formación en ese colegio y su actividad religiosa, política y económica: “El colegio Russicum -confiesa uno de sus ex rectores- formaba sacerdotes para luchar de forma intransigente contra el sistema comunista, el materialismo y el ateísmo... En 1939, en que partí de Roma hacia Polonia, habían obtenido el diploma 12 ó 13 alumnos”.  Durante la década anterior decenas de alumnos/misioneros fueron enviados a diferentes países, como Jan Kellner que pasó la frontera polaca con pasaporte falso, Tomasz Podzawa, Ivan Milner... incluso su primer rector Vendelin Javorka, y Jerzy Moskwa, que fueron detenidos, juzgados y condenados a muerte. El NKVD abrió una investigación sobre estas “actividades subversivas” que dirigía un tal Andrei Septcki, agente de la Santa Alianza al que servían y del recibían órdenes los agentes detenidos en los Urales. Según los expedientes de los juicios, los verbos claves de su misión eran “aclarar”, “informar” y “sobornar” con el objetivo de debilitar el régimen existente. El trabajo, pues, de estos “curas clandestinos” iba enfocado a los siguientes objetivos (resumidos): “Convertir” a los ortodoxos rusos al catolicismo para unificar la iglesia católica y la ortodoxa. “Aclarar e informar” de las operaciones del poder soviético hacia la iglesia y otras potencias occidentales (en colaboración con la CIA). “Descubrir” las condiciones de vida de los jefes y gerifaltes del partido y de los ciudadanos, desiguales en lujos y riquezas. “Sobornar” a mandos intermedios y funcionarios para conseguir cédulas de choque contra el sistema desde dentro.

La investigación del NKVD duró hasta 1942 en que pasó al KGB. En 1941 entró en la URSS el agente Pietro Leoni como capellán militar del ejército italiano. Era plena Segunda Guerra Mundial. Fue detenido en abril de 1945 y en junio condenado, así figura en su expediente: “la investigación del caso ha establecido que el acusado Pietro Leoni, por encargo del Vaticano, ha entrado en territorio soviético con el objetivo de realizar actividades de espionaje”. Algo parecido figura en el juicio y condena de Vendelin Javorka, ex rector del Colegium Russicum, donde se lee: “Es un agente del Vaticano. Confiesa que durante su permanencia en Roma iba a una escuela especial de espionaje... Durante un largo período ha sido rector del colegio Russicum... En 1941, con el pretexto de hacer propaganda católica en Rusia, Vendelin Javorka llegó a la Unión Soviética con encargos especiales de espionaje... no sólo religiosos sino políticos”. En sus memorias, Pietro Leoni cuenta cómo conoció a un detenido, miembro importante de una “organización contrarrevolucionaria”, llamado Goviachev, y cuenta que éste le invitó a tomar parte en sus reuniones clandestinas. “Cuando liberemos -le dijo Goviachev- a millones de detenidos, tendremos un poderoso ejército que servirá para conquistar la libertad de este pueblo... que gime bajo la tiranía de Stalin y del comunismo”.

Jerzy Moskwa fue detenido en enero de 1941, con pasaporte falso, y fusilado por espía acusado, junto a otros enviados del Papa, de “realizar actividades antisoviéticas con el objetivo de derrocar al poder vigente, y hacer propaganda antisoviética y derrotista en su entorno, trabajando como espía para los servicios secretos de información del Vaticano...”

Otros muchos testimonios de fuentes diversas corroboran la existencia de este colegio que ha mantenido oculto hasta hace poco la Santa Sede. A nadie escapa tampoco ya la colaboración intensa con el servicio de Inteligencia de los Estados Unidos, la famosa CIA. Una colaboración que no se podía ocultar desde el período entre guerras y que se intensificó durante la llamada “guerra fría”, esa “pugna callada” que pudo acabar en catástrofe nuclear con la “crisis de los misiles”, en la que por otra parte la labor de intermediario del Papa Juan XXIII fue fundamental para mantener la paz mundial (Ver mi artículo publicado en este diario el 10 de octubre de 2015: Revoluciones de octubre). Pero la colaboración entre la CIA y la Santa Alianza viene de antes, se puede fechar en los finales del siglo XIX, en el desastre de Cuba (1898), cuando España perdió sus últimas colonias. Y es que, como me dijo en cierta ocasión el Viejo Profesor y Alcalde de Madrid (fallecido en 1986), Enrique Tierno Galván: “Desengáñese, hijo, detrás de todo, están siempre los americanos”. Se refería a los Estados Unidos, claro, y eran los años 80, cuando todavía la globalización no había “aldeado” el mundo.

CUBA, LA “CIA” Y EL VATICANO 

Durante más de 70 años la inteligencia americana ha sido el aliado principal de la Santa Sede. Sus actividades conjuntas comenzaron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los americanos financiaron la creación del servicio secreto Católico Pro Deo. En 1945, el que luego llegara a ser, también con ayuda de la mafia, presidente de Italia, Julio Adreotti, se convirtió en el Secretario del Director de este servicio, Andrés Morliona, con cuyo patronazgo fue ascendiendo puestos en la Democracia Cristiana. Pero hasta llegar aquí, tema de la próxima y última entrega, el recorrido ha sido largo e intenso de la colaboración del Vaticano con los EE.UU y rompiendo con España, cuyos servicios Vaticano-españoles habían estado tan unidos desde Felipe II y la famosa Armada Invencible, como hemos apuntado.

Las modernas operaciones entre el Vaticano y la Inteligencia americana han sido vistas en los acontecimientos húngaros de 1956, durante la asunción al poder de Pinochet en Chile, de Videla en Argentina, así como la de otros dictadores suramericanos, y en diferentes "puntos calientes", como la revolución sandinista... Sin embargo, la mayor atención fue recibida por una operación convenida por Reagan y Juan Pablo II, el 7 de agosto de 1982, cuando ellos acordaron apoyar el movimiento Solidaridad en Polonia, del que hablaremos en el último episodio.

Pero vayamos a Cuba. No siempre la Santa Alianza ha colaborado a favor de España como hemos venido viendo en los reportajes anteriores. Como nota a destacar cabe mencionar el desastre español por el que perdimos las colonias y comenzó la decadencia del imperio español. Parece claro que la iglesia ha sido casi siempre fiel aliada de imperios -empezó con el imperio romano cuando Constantino declaró el cristianismo como religión oficial, y Teodosio (español de Cauca, Segovia) condena como herejes a los paganos que aún subsistían, tratando de favorecer esas alianzas. Un asunto que la historia ha pasado por alto y que no ha sido muy destacado, es la intervención en el conflicto de Cuba por el que España perdió esa colonia en 1898. El papado se mostró a favor de las pretensiones de los Estados Unidos que iniciaban de esta manea su poderío mundial controlando el Caribe, el Atlántico y el Pacífico, adueñándose también de las Islas Filipinas, pertenecientes al trono español. Uno de los principales artífices de esta trama independentista e imperialista, era monseñor John Ireland,  arzobispo simpatizante del partido republicano de los EE UU. Quería mantener la paz y buscar una solución diplomática. León XIII (1878-1903) y el secretario de Estado, Mariano Rampolla no querían que en las relaciones hispano-americanas y de estas entre el Vaticano, siguiera actuando el servicio secreto, y menos todavía en el conflicto de las posesiones en ultramar de España, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Pero el arzobispo deseaba congraciarse con ambos bandos, aunque al final se inclinó por favorecer a los Estados Unidos. Cuenta el investigador peruano Eric Frattini que “es difícil determinar las conexiones de John Ireland con la administración McKinley -presidente de los EE UU-, y cómo su nacionalismo influyó en los informes a la Santa Alianza de Roma. Lo que sí es cierto es que sus lealtades se inclinaron”... a favor de los Estados Unidos, porque el arzobispo “no querría hacer pensar a la administración McKinley y a los protestantes americanos que su arzobispo o sus conciudadanos católicos eran poco patriotas o incluso pro españoles”. John Ireland era arzobispo de Saint Paul, en Minnesota. A partir de ahí, se establecieron relaciones estrechas entre los Estados Unidos y el Vaticano, y aumentó la colaboración entre el servicio de espionaje norteamericano y el del Vaticano. Relación y colaboración que desde entonces se mantiene. Sus últimas intervenciones han abarcado los cinco continentes, destacando Polonia, Argentina, Nicaragua, los EE. UU, y las condenas a la iglesia suramericana y sus teólogos de la liberación, en conexión con la mafia, los paraísos fiscales donde iba a parar el dinero del IOR, los problemas del Banco Ambrosiano/Banco Vaticano, y el apoyo a comunidades y órdenes religiosas retrógradas, dado por Juan Pablo II. Durante su largo papado, aumentaron las actividades de espionaje, suspendidas hoy por el Papa Francisco.   

El ‘Russicum’ Vaticano, ‘su’ nido de espías
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