martes. 28.05.2024

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Sabemos por la Física que, desde las partículas subatómicas, al átomo y cuerpos materiales en el espacio, cada componente emite una vibración electromagnética con una determinada frecuencia vibratoria que interactúa de una u otra forma con su entorno corpuscular, y con este al siguiente nivel de complejidad. Este proceso conduce a las diferentes formas materiales. En el mundo animal, pongamos por caso, partículas subatómicas forman átomos, átomos forman células, éstas, órganos, aparatos y cuerpos. Lo mismo sucede en cualquier organismo físico.

Según la ley de atracción universal, lo semejante atrae a lo semejante, y por ello formas de energía de una determinada frecuencia de emisión tienden a asociarse entre sí. Esto que afecta por igual al reino animal, al vegetal y al ser humano, en este último tiene una especial trascendencia, porque cada uno de nosotros, como seres de energía activa, emitimos en una frecuencia vibratoria personal determinado por nuestros pensamientos y sentimientos que se manifiestan en nuestra forma de ser y actuar con el mundo que nos rodea. Y esto lo determina finalmente.

Este mundo materializado dominado por la negatividad, de la que el sistema capitalista es una expresión criminal, repercute tanto contra nuestra salud orgánica y emocional como contra la paz mundial

Nuestra banda de frecuencias de emisión, que nos recuerda las de la radio, sintonizará con la de otros de parecida frecuencia vibratoria, lo que explica las amistades, parejas, partidos, religiones, clubs de futbol u otras, que forman agrupaciones energéticas parecidas a invisibles nubes dinámicas de fuerza de mayor o menor carga que interactúan entre sí, con el mundo animal, vegetal, mineral y con el campo magnético terrestre.

La energía resultante del conjunto estará o no en armonía con la de la Tierra como parte del sistema solar a cuyos planetas emite y de los cuales recibe correspondientemente. A la vez, el conjunto del sistema con el Sol al frente, emite y recibe de otros sistemas solares, sus planetas y sus campos magnéticos, pues ninguna energía se pierde, ni la que emite cada ser ni cualquier otra, y todo el conjunto actúa sometido a la ley general de emitir y recibir. No existe nada separado de nada más que en apariencia; todo cuanto es forma parte de todo cuanto es.

No se nos escapa que la frecuencia vibratoria de nuestras emisiones energéticas personales será de diferente calidad y signo. Pensamientos y emociones positivas como alegría, salud, amor, paz, amistad, etc. emiten en alta frecuencia y quienes emiten en esa banda tienden a unirse con sus semejantes vibratorios, mientras sucede lo mismo con los que emiten pensamientos de odio, desprecio, envidia, codicia, violencia y otros de baja frecuencia.

Aunque no pensemos en ello a menudo, solo tenemos que observar cuan fácilmente, `por ejemplo, las gentes pacíficas encuentran fácil relacionarse con otras gentes pacíficas, o los que aman la naturaleza con otros de su misma inclinación, etc. Por la misma regla, los malvados se encuentran a gusto entre los de su misma condición y aunque puedan enemistarse entre ellos a causa de su forma de pensar negativa o violenta, andan fácilmente enredados por esa atracción debida a la ley de semejanza de frecuencias. Formar bandas de forajidos, es muy diferente a formar bandas de música. Los primeros inventan equipos de fondos de inversión, forman partidos tiránicos o fanáticos, ejércitos invasores o genocidas, engañan a quienes pueden o dirigen medios de comunicación tendenciosos o mentirosos que alaban, silencian las maldades todos los anteriores y hasta las justifican, como pasa con los informativos al uso.

Los malvados se encuentran a gusto entre los de su misma condición y aunque puedan enemistarse entre ellos a causa de su forma de pensar negativa o violenta, andan fácilmente enredados por esa atracción

La coalición de formas de energía semejantes, aunque sus emisores se desconozcan entre sí, determina un mapa energético, que en el caso de nuestro actual mundo está cargado de negatividad. Ninguna energía se pierde, según nos descubrió Einstein, y por tanto, todas suman en el conjunto del Planeta formando su propio halo energético. Y como las que hoy predominan son negativas, al tomar el pulso a nuestro mundo vemos que este anda muy lejos de vibrar en alta frecuencia, y por tanto muy lejos de la bondad, la felicidad, la salud y todo eso que correspondería a la excelencia y al deseado ideal humano. y lo más grave es que esto no cesa de empeorar. No hay más que mirar lo que ocurre en Gaza o en Ucrania para darse cuenta de la baja calidad humana que la hace posible y lo consiente, tanto de los que cometen los crímenes como de los que los apoyan o miran para otro lado. 

Por desgracia, este mundo materializado dominado por la negatividad, de la que el sistema capitalista es una expresión criminal, repercute tanto contra nuestra propia salud orgánica y emocional como contra la paz mundial y no por último contra nuestro Planeta, hoy alterado y alterándonos sin cesar y sin que todavía podamos vislumbrar el final de tantas desgracias como esto trae consigo. Tal vez sea la hora de la humanidad para tomar conciencia de haber elegido un camino equivocado y de ser capaces cada uno de cambios personales que nos lleven a otro mundo tan posible como deseable. No es posible un mejor mundo sin mejores personas.

Modesta aportación a una 'Teoría del todo'