PSICOLOGÍA

Intolerantes, fanáticos y guerreros sin atención psiquiátrica

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La intolerancia se ha convertido en una enfermedad social tan extendida como evidente y sangrante. En su esencia se encuentran algunos ingredientes que es bueno conocer para que no nos den gato por liebre o fascismo por democracia, por ejemplo.

  1. Uno de los principales ingredientes es el fanatismo
  2. Las colinas de los locos
  3. El fanatismo en la sociedad del espectáculo es muy peligroso
  4. Con la fuerza de la costumbre se quiere hacer digerir lo intolerable

Uno de los principales ingredientes es el fanatismo

El fanatismo está al orden del día, y sus muertos no cesan en todos los continentes. La mayoría lo son por la ambición y el deseo de poder de una minoría de locos y fanáticos del dinero y el reconocimiento social a los-as que molestan en extremo otras minorías muy distintas que les desenmascaran ante la opinión pública, a quienes procuran hacer callar por todos los medios legales o no y con toda clase de leyes y bulos. Y si no son suficientes para hacer callar a mensajeros-as de las verdades, ahí están los aparatos judiciales y policiales al servicio de su majestad el dólar con sus correspondientes gobiernos “dolarizados” o “eurodizados” (valga la expresión por una vez) fraternalmente unidos por la codicia.

Que los ricos muestran estos síntomas de desviación mental, no es exclusivo de esa minoría, y para desgracia suya y de muchos más tienen su público en las lindes de sus altas colinas

Las colinas de los locos

Como todos sabemos, nuestro mundo se halla bajo el control y el poder de ese 1 por ciento de individuos ricos hasta la obscenidad, indiferentes al daño que producen para conseguir y mantener sus paraísos de oro y sus vidas absurdas. Inmaduros o perversos en lo emocional, resultan verdaderos enfermos mentales por su fanatismo extremo y obsesivo por dinero y poder, que el ser demasiado y quererlo solo para sí les hace especialmente peligrosos para todos nosotros, los que no vivimos en la colina.

Si ese 1 por ciento de Midas lo desea, puede crear una crisis económica, un problema social, inventar un partido político que les represente- de hecho prácticamente todos son suyos- y hasta pueden desencadenar una guerra aquí o allá- y prácticamente todas llevan sus firmas – si eso les puede suponer ventajas sobre otros competidores del 1 por ciento. 

Su lema es tan simple como sus objetivos: la propiedad privada es sagrada. Y mientras afirman que la propiedad privada es sagrada, unos a otros intentan quitársela todos los días de sus vidas. La hipocresía es pareja a su ambición de fanáticos extravagantes. Ya lo descubrió Marx hace rato.

Que los ricos muestran estos síntomas de desviación mental, no es exclusivo de esa minoría, y para desgracia suya y de muchos más tienen su público en las lindes de sus altas colinas. En los años 70, creo recordar, se celebró en Madrid un Congreso internacional de psiquiatría que concluyó, entre otros asuntos, que los políticos gobernantes eran unos enfermos desde el punto de vista psiquiátrico. Y tal cosa no es de de extrañar para cualquiera cuando ve las tensiones a las que se ven sometidos entre la obediencia debida a sus ricos patronos que pagan sus campañas electorales, las demandas de sus ciudadanos y ciudadanas cuyos intereses son diametralmente opuestos a aquellos, el régimen de vida a que se ven obligados con tantos viajes, reuniones y situaciones no siempre agradables ni fáciles sobre las que tomar decisiones cada día, mientras tienen que estar atentos a la prensa, a los movimientos sociales y a otros grupos de presión de lo más variado. Y entre tanto, eso sí, sin perder la compostura, porque hasta el movimiento de sus cejas está siendo observado. Una vida de mierda al fin y al cabo, tan solo compensada por el amor al propio ego que quiere un poco del poder y del reconocimiento público de sus pagadores, aunque sean migajas colina abajo, si al final existe ese ansiado sillón giratorio que asegura jubilación dorada al que tantos aspiran.

Los ricos más ricos del mundo hacen sus guiones asesorados y servidos por fieles mayordomos y puestos en escena por sus mercenarios en gobiernos, iglesias, medios de creación de opiniones

El fanatismo en la sociedad del espectáculo es muy peligroso

Todo actor o actriz necesita hacer creíble el personaje que representa y para ello pondrá en escena palabras, gestos, acciones, y todo aquello que considere efectivo para que el espectador-a reaccione como corresponde a sus expectativas. Y actores y actrices como los-las gobernantes al uso son potencialmente peligrosos-as , y mucho.

Desde Guy Debord caímos en la cuenta de que vivíamos en una sociedad del espectáculo. El espectáculo es algo que debe ser preparado con tiempo. No se puede decidir y hacer; eso exige un proceso. Es el caso de la política como espectáculo y es el caso, por ejemplo, de la preparación a la población para una guerra con la necesidad de entrenarla para el momento que decidan sus creadores. Y ahora andan preparando una bien gorda precedida de guerras locales más pequeñas aunque sean igual de terribles para quien las sufre.

Los ricos más ricos del mundo hacen sus guiones asesorados y servidos por fieles mayordomos y puestos en escena por sus mercenarios en gobiernos, iglesias, medios de creación de opiniones como tabloides “por bulerías” la televisión y sus tertulianos, y las correspondientes redes de internet creadoras de mentiras y odios. El guion trata de guerrear por poder, energía y negocios miles siempre con armas por medio, en busca del predominio mundial. Porque eso tampoco se quiere compartir: hay que predominar, lo que significa conflictos seguros. Así es el fanatismo.

Con la fuerza de la costumbre se quiere hacer digerir lo intolerable

Observamos a diario cómo poco a poco nos están preparando para asumir lo que tiene que ver con toda guerra: indiferencia ante la muerte ajena a fuerza de ver todos los días, hasta ser costumbre, alguna de sus guerras fratricidas como ahora ocurre con el exterminio palestino, presente a la hora de las comidas principales. Lo mismo ocurre a fuerza de ver subir precios ya altos en todo lo básico; a fuerza de ver a los jóvenes sin vivienda y sin trabajo sin que nada de todo eso llegue a suponer problemas de Estado aunque se acompañe con otros males cotidianos de colas del hambre, pobreza del trabajador, restricciones de derechos de expresión y sociales, y todo cuanto les convenga para domesticar a las poblaciones y que acepten lo inaceptable por cualquier persona mentalmente sana. Si lo somos nosotros, nuestra victoria está asegurada, y así nuestras vidas, nuestra salud, y nuestro bienestar mundial, y eso, no hay que olvidarlo, nos va a exigir un trabajo muy intenso, porque el batallón de los virus sociales mentales está muy organizado y es muy perseverante, lo que solo se puede enfrentar con las ideas claras, la conciencia despierta y la misma perseverancia contra su maldad. Si nos dejamos, nos toman. Y si nos toman, dejamos nuestro destino en sus manos. No creo que eso sea muy recomendable sabiendo en qué manos estaríamos.

Es difícil olvidar aquel ensayo mundial de control personal hasta lo insólito con la excusa del covid. Les salió redondo, y descubrieron que podrían repetirlo sin problema en otras circunstancias. Así que ante las amenazas de una guerra mundial, como ahora, resulta llamativo el espectáculo con que los medios nos están bombardeando sin cesar creando un estado de alarma, miedo, odio y enfado cuya finalidad última parece ir encaminada a que las gentes deseen protección a cambio de derechos y libertades, se inclinen a aceptar un estado fascista o policial y apoyen cualquier medida extrema que se decrete. ¿Estamos preparados para responder a esto? Eso cada uno lo sabe.