miércoles. 24.07.2024
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Estos no son tiempos para andarse con rodeos, porque son muy malos tiempos. Truena una tormenta histórica, rayos amenazantes cruzan los cielos del mundo, y no solo los  que lanza Elon Musk, ese rico chiflado que no sabe qué hacer con tanto dinero. Por desgracia, este sujeto no está solo en el equipo de chiflados peligrosos para la salud pública (un recuerdo a los dueños de las “vacunas” Covid) . Ese equipo tiene mucho que ver también con salud social, evolución cultural, ética y moral pública y privada  y otros valores relacionados con el desarrollo de una conciencia libre, de la seguridad personal y la habitabilidad del Planeta.

Ese equipo pequeñito de acaparadores siniestros de tendencias psicopáticas, sociópatas o ambas juntas, profesen la religión que digan o encabecen siglas de partidos que se dicen esto o lo otro, forman un equipo mal avenido. Andan unidos y a la vez en conflicto por un interés compartido con tres lados iguales como los triángulos equiláteros. Tres motivos de existencia: poder, tener y destacar sobre el resto, les unen y les enfrentan. Y como ninguno de esos pilares puede existir sin los demás, cada miembro del equipo, por más que ocupen posiciones y niveles de poder diferentes, los quiere todos para sí. Por ello hacen guerras comerciales, guerras coloniales, promueven guerras civiles o desencadenan guerras mundiales con tal de sacar tajada. Y cuentan siempre con muchos buenos constructores de discursos y excelentes guardaespaldas.

Ahora mismo ya nos están preparando a marchas forzadas la siguiente masacre mientras mantienen otras 52 -con Gaza a la cabeza como modelo del peor genocidio concebible- secundados por muchos individuos y organizaciones de imitadores y de aduladores, que inundan pantallas y encabezan titulares desde donde controlan a multitudes atontadas por la sociedad del espectáculo y las tormentas de bulos y mentiras a todo trapo emanadas de sus diversos medios de desinformación programada en Oriente o en Occidente. Gracias a esta hipnosis colectiva se puede explicar la tolerancia mundial a la existencia de estos tipos, por más que haya brotes de protesta muy poderosos de la parte más consciente y despierta de esta maltrecha humanidad, muy al contrario de lo que hacen sus vergonzosos gobernantes de conciencia pétrea.

¿Qué es preciso hacer entonces? ¿Esperar un milagro o ponernos manos a la obra?

El grado de asentamiento/consentimiento/admiración colectiva a ese equipo de individuos ricos y encumbrados es tal en nuestro Planeta que solo una revolución social puede hacerles bajar de los cielos dorados en que se mueven como diosecillos más allá del bien y del mal. Por desgracia para todos nosotros sin excepción, esa revolución es hoy es impensable por largos años y más nos vale que si acontece sea pacífica, porque de las violentas ya tenemos demasiadas malas experiencias. ¿Qué es preciso hacer entonces? ¿Esperar un milagro o ponernos manos a la obra? Porque de una cosa podemos estar seguros: que con ir votando y votando en este sistema esperando que alguien venga a curar nuestras heridas sociales, lo único que podremos conseguir son vacunas falsas y tiritas de mala calidad y escasa duración.

Una revolución pacífica sólo puede nacer desde una conciencia personal y colectiva pacífica, que es la conciencia evolucionada de una masa crítica que comparte los valores básicos del amor, la cooperación, la libertad, la unidad y la justicia, cuya ausencia generalizada en nuestro mundo produce muchas heridas sociales y muertes prematuras. Valores pacíficos incorporados a la vida personal, hoy minoritarios, son los únicos que pueden cambiar nuestro mundo y hacer imposible la existencia de quienes hoy lo dominan. Cada uno de esos valores de naturaleza espiritual y altruista, son muy diferentes de los que forman “la condición humana”, que no es otra que la condición del Ego entre egos.

Estamos aún lejos de vivir masivamente los principios revolucionarios que ya nos enseñó Jesús de Nazaret, y que los místicos y profetas de todas las épocas practicaron y enseñaron mientras les dejaron vivir y que compartieron otros revolucionarios como Gandhi o Luther King, Krishnamurti, Tolstoi, Einstein y muchos más que ustedes conocen y que harían interminable esta lista. Desde sus personales situaciones, todos ellos intentaron incorporar esos valores de progreso civilizador a sus existencias y nos mostraron que ese era el camino de la verdadera paz y de la verdadera justicia.

Si hay algo que repugna a esa infrahumana clase de supermillonarios laicos o religiosos, es el poder de la verdad

No hace falta recordar con detalle cómo actuaron en cada época los esbirros del Sistema contra muchos de ellos. Hoy volverían a hacerles lo mismo, pues, ¿quiénes de los que dominan el mundo político, económico o que dirigen religiones, se llamen como se llamen, podría hoy soportar que un Jesús o un Gandhi, vinieran a “alborotar” multitudes? Serían calificados de terroristas, de visionarios ilusos, de soñadores románticos, de locos, o de lo que mejor conviniera para anular su influencia y anularles personalmente siguiendo la vieja criminal tradición de tantos Herodes, Judas, y otros representantes o sicarios del Poder rico como en el mundo han sido y siguen siendo. Pues si hay algo que repugna a esa infrahumana clase de supermillonarios laicos o religiosos, es el poder de la verdad. La verdad les pone al descubierto, porque viven de la mentira. Pasó con el Nazareno y sigue pasando hoy con quienes intentan defender la verdad como sucede con los cristianos originarios en Alemania, o con periodistas como Julián Assange o Pablo González. Uno, libre, pero callado y advertido. El otro, simplemente enjaulado como un animal que piensa en contra. La verdad es revolucionaria y el antídoto del ego. Por eso es peligrosa para quienes desean imponer sus privilegios, su yo, yo, su mí para mí. Cuidado con ellos.

¿Para cuándo la revolución social?