viernes. 23.02.2024

Las conductas de riesgo son comportamientos que implican un efecto placentero e inmediato, pero carecen de una valoración de las consecuencias posteriores.

Es fundamental comprender qué mecanismos cognitivos guían a la asunción de conductas de riesgo. Los procesos cognitivos que se desarrollan ante estas conductas son interpretaciones mayoritariamente erróneas que aparecen de forma espontánea ante diferentes situaciones y que son aceptadas como verdaderas. Estas, a su vez, conducen a desarrollar emociones desagradables que perjudican la salud, las relaciones personales y el bienestar emocional.

Los adolescentes son el sector de la población más sensible a las influencias del entorno. Se trata de una etapa decisiva en la adquisición y consolidación de los estilos de vida, ya que se reafirman algunas tendencias comportamentales adquiridas en la infancia y se incorporan otras nuevas provenientes de dichos entornos de influencia.

  1. Conductas de riesgo más relevantes
  2. Conducta suicida
  3. Estudio de la Universidad de Carolina del Sur

Así pues, en la adolescencia se pueden iniciar una amplia gama de conductas de riesgo que afectan a la salud biopsicosocial de los chicos y chicas de esta etapa. Estas conductas son acciones voluntarias o involuntarias realizadas por un individuo o la comunidad que pueden llevar a consecuencias nocivas.

Con la adolescencia se pueden iniciar una amplia gama de conductas de riesgo que afectan a la salud biopsicosocial de los chicos y chicas

Conductas de riesgo más relevantes

Algunas de las conductas de riesgo más relevantes son:

· Consumo de drogas (especialmente alcohol, tabaco y marihuana)

El contacto de los adolescentes con las drogas aparece cada vez a edades más tempranas. El tabaco es la sustancia con la que tienen un contacto más precoz, situándose la edad media de inicio al consumo en los 13,20 años, seguido del alcohol con 13,70 años. Concretamente, el abuso de alcohol en la adolescencia se relaciona con problemas de salud, fracaso escolar, sexo no planificado, problemas legales, alteraciones afectivas e inicio de consumo de otras drogas.

· Relaciones sexuales precoces y sin medidas de protección

La mayoría de las personas inician su vida sexual durante la adolescencia. El número de abortos en esta etapa supera los 2,5 millones. Este incremento parece estar relacionado con una iniciación sexual más precoz, mayor número de parejas sexuales y el no uso del preservativo o de otras medidas anticonceptivas.

· Trastornos de la alimentación

La aparición de trastornos como la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa es mayor en la adolescencia dada la magnitud de los cambios biológicos, psicológicos y de redefinición del papel social en esta etapa de la vida, asociada a la preocupación por el culto a la belleza. Estos trastornos se asocian a conductas de riesgo como el suicidio, las autolesiones y problemas graves de salud que pueden conducir a la muerte.

· Conducta Antisocial

Los menores que manifiestan conductas antisociales se caracterizan, en general, por presentar conductas agresivas repetitivas, robos, provocación de incendios, vandalismo, y, en general, un quebrantamiento de las normas. Cuando los niños se convierten en adolescentes y adultos, sus problemas suelen continuar en forma de conducta criminal, alcoholismo, afectación psiquiátrica grave, dificultades de adaptación manifiestas en el trabajo y la familia y problemas interpersonales.

Conducta suicida

Capítulo especial merece la conducta suicida, que es un importante factor de riesgo en la adolescencia y, a su vez, es uno de los mayores tabúes. En realidad, es una de las primeras causas de mortalidad en esta población. La conducta suicida engloba varios fenómenos entre los cuales destacan el suicidio consumado, la tentativa suicida y la ideación o pensamiento suicida. Algunos signos de alerta relacionados con esta conducta de riesgo son:

· La desesperanza acerca del futuro.

· La ausencia de proyectos vitales a corto/medio plazo.

· El bajo estado de ánimo y baja autoestima.

· La alteración de los hábitos, del sueño, la alimentación o disminución del rendimiento académico.

· Las dificultades para compartir el malestar o sufrimiento con familia y/o amigos.

· El aislamiento.

· El cese de actividades que antes realizaba, o incapacidad de disfrutar de las mismas.

· Autolesiones (cortes en antebrazos, muslos…) normalmente realizadas con la finalidad de regular emociones negativas.

· Sufrimiento relacionado con acoso escolar, bullying.

· Experiencias traumáticas (abuso sexual, maltrato…) que generan gran sufrimiento.

El suicidio es un importante factor de riesgo en la adolescencia y es una de las primeras causas de mortalidad en esta población

Estudio de la Universidad de Carolina del Sur

Un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Medicina de Carolina del Sur (MUSC) ha descubierto un circuito cerebral que inhibe los comportamientos motivacionales, publicado recientemente en Nature Communications, y que está ubicado en una región del cerebro llamada tálamo.

Cuando está activo, puede prevenir el comportamiento de búsqueda de recompensas en un modelo preclínico. En el mismo modelo, el circuito de bloqueo o inhibición conduce a la búsqueda de recompensas incluso en contextos de alto riesgo. Es importante destacar que la administración de opioides provoca una interrupción inmediata y significativa del circuito, lo que se traduce en comportamientos de más riesgos.

Los hallazgos de este estudio abordan un área poco estudiada de la investigación de la adicción y enfatizan una nueva perspectiva para estudiar y tratar la adicción. Se puede pensar en el comportamiento como un automóvil que se mueve a través de una intersección después de detenerse en un semáforo. Para que el automóvil avance, se debe soltar el freno y se debe presionar el pedal del acelerador. En el pasado, la investigación sobre adicciones se ha centrado en gran medida en el pedal del acelerador, identificando regiones y circuitos cerebrales que promueven el comportamiento de búsqueda de recompensas en contextos peligrosos. Sin embargo, este enfoque no aborda un componente importante de la adicción: la incapacidad de evitar que ocurra un comportamiento de riesgo en primer lugar.

El circuito de bloqueo o inhibición conduce a la búsqueda de recompensas incluso en contextos de alto riesgo

Los investigadores de MUSC reconocieron la importancia de identificar estos circuitos de frenado del comportamiento y querían saber por qué eran defectuosos en la adicción: “evitamos comportarnos de manera inapropiada o tomar decisiones arriesgadas todos los días”, refiere James Otis, Ph.D., profesor asistente en el Departamento de Neurociencia de MUSC y autor principal del estudio, añade: "necesitamos entender cómo los circuitos existentes que normalmente detienen los comportamientos de riesgo se modifican para que sean menos efectivos".

Para encontrar un circuito de freno potencial, los investigadores se centraron en una región del cerebro llamada Tálamo, que se sabe que integra información ambiental e interna que guía la alimentación y la búsqueda de recompensas.

Examinaron la actividad cerebral en un modelo preclínico de comportamiento de búsqueda de recompensas utilizando un método de imagen avanzado llamado microscopía de fotones. Esta técnica de vanguardia permitió al equipo identificar células cerebrales individuales que se inhibieron durante la búsqueda de recompensas, como un freno que debe soltarse para avanzar.

Los investigadores reconocieron la importancia de identificar estos circuitos de frenado del comportamiento y querían saber por qué eran defectuosos en la adicción

Luego, los investigadores pudieron generar un mapa de circuitos miles de veces más preciso de lo que se podría haber logrado con métodos de imagen estándar, como la resonancia magnética. Cuando inhibieron artificialmente el circuito, descubrieron que el comportamiento de búsqueda de recompensas continuaba incluso en situaciones simuladas de alto riesgo que normalmente evitarían que sucediera el comportamiento. Los investigadores habían encontrado su freno.

Para abordar lo que podría conducir a un sistema de frenos defectuoso en el contexto de la adicción, el equipo se preguntó si las drogas de las que se abusa comúnmente, como los opioides, podrían interferir con la función del circuito: “sabemos desde hace mucho tiempo que el uso de opioides y el uso de otras drogas afectan fuertemente la capacidad humana de decir no, de no realizar acciones de riesgos”, dijo Otis, añadiendo: “después de que descubrimos que este circuito es realmente importante para suprimir conductas de riesgo, nos preguntamos si la heroína, un opioide y una droga común de abuso, podría cerrarlo e inducir a una decisión de riesgo, y descubrimos que ese es absolutamente el caso”.

El uso de opioides y el uso de otras drogas afectan fuertemente la capacidad humana de decir no, de no realizar acciones de riesgos

Si bien los investigadores esperaban encontrar que los opioides tuvieran un efecto en el circuito de una forma u otra, la magnitud del efecto que descubrieron fue sorprendente: “lo que fue realmente interesante para mí fue que una sola inyección de heroína podría conducir inmediatamente a decisiones más arriesgadas, descubrimos que se debe a que la heroína se une directamente a los receptores opioides en el circuito y cierra este freno”.

En el futuro, los investigadores pretenden determinar si este hallazgo es válido para otras sustancias de abuso, como el alcohol. También están realizando estudios para determinar por qué ciertas células cerebrales responden de manera diferente en presencia de opioides, con la esperanza de encontrar nuevos caminos para futuros tratamientos de la adicción, 

Por último, compartir esta reflexión de Aldous Huxley: “Pero yo no quiero la comodidad. Yo quiero a Dios, quiero la poesía, quiero el verdadero riesgo, quiero la libertad, quiero la bondad quiero el pecado”.

Conductas de riesgo en la adolescencia