martes. 25.06.2024

Se entiende por conducta prosocial toda conducta social positiva con o sin motivación altruista. Positiva significa que no daña, que no es agresiva. A su vez se entiende por motivación altruista el deseo de favorecer al otro con independencia del propio beneficio. Por el contrario, la motivación no altruista es aquella que espera o desea un beneficio propio además del, o por encima del, ajeno. Como se ve, la definición incluye un aspecto conductual (alude a conductas) y otro motivacional.

  1. Propuestas de definición
  2. Diferentes teorías
  3. Consejos para desarrollar la conducta prosocial

Debido a las diferencias de criterio sobre si incluir el factor motivacional en la definición, los autores consideran que existen dos tipos de conductas sociales positivas: las conductas que reportan un beneficio para ambas partes implicadas y las conductas que solo benefician a una de las partes.

Propuestas de definición

Una propuesta de definición que integra tanto la vertiente comportamental como la motivacional, afirma que toda conducta social positiva se efectúa para beneficiar a otro en presencia (o no) de motivación altruista, como por ejemplo dar, ayudar, cooperar, compartir, consolar, etc. Por su parte, Strayer propone una clasificación de cuatro tipos de actividades para clarificar el fenómeno de la conducta prosocial:

  1. Actividades de dar, compartir, intercambiar o cambiar objetos con otros individuos.
  2. Actividades cooperativas.
  3. Tareas y juegos de ayuda.
  4. Actividades empáticas hacia el otro

Se entiende por conducta prosocial toda conducta social positiva con o sin motivación altruista. Positiva significa que no daña, que no es agresiva

En relación con la evolución de la conducta prosocial, la investigación previa revela que mientras algunos resultados han documentado que la conducta prosocial se mantiene estable desde la mitad de la niñez hasta la adolescencia tardía; otros estudios señalan que la conducta prosocial disminuye en la adolescencia temprana para después aumentar en la adolescencia tardía. Adicionalmente se ha encontrado que a nivel intraindividual se observa durante la adolescencia el decremento y aumento subsecuente en los niveles de conducta prosocial previamente mencionados; mientras que a nivel interindividual las diferencias personales en conducta prosocial permanecen relativamente estables durante dicho periodo. Es decir, la conducta prosocial fluctúa intraindividualmente, pero las diferencias interindividuales se mantienen.

Respecto a las diferencias de género en la conducta prosocial, la literatura ha mostrado resultados divergentes. Algunos datos muestran diferencias en conducta prosocial en favor de las mujeres mientras que otros resultados muestran niveles equiparables de conducta prosocial entre hombres y mujeres y niveles más altos en los hombres que en las mujeres. También se han determinado diferencias culturales consistentes en una mayor tendencia a manifestar conducta prosocial hacia quienes comparten el mismo trasfondo cultural.

Mayor tendencia a manifestar conducta prosocial hacia quienes comparten el mismo trasfondo cultural

Se han realizado una serie de investigaciones donde se relacionaron la conducta prosocial y la antisocial con una serie de variables interpersonales, como por ejemplo sociabilidad, liderazgo, retraimiento social, agresividad, etc. Se encontraron algunas correlaciones significativas mediante el análisis factorial. Por ejemplo, a mayor refuerzos o incentivos de ayuda en el ámbito familiar, mayor socialización del individuo. También, se comprobó que no había una relación significativa entre conducta prosocial y miedos, pero sí una alta correlación entre socialización y felicidad. Se vio también muy poca relación entre conducta prosocial y creencias irracionales o prejuicios. la hipótesis de que las actitudes antisociales son un factor de riesgo que aumentan la probabilidad de realizar conductas antisociales y disminuyen la probabilidad de realizar conductas prosociales, se basa en que las actitudes antisociales mantienen una relación fuerte y directa con la conducta antisocial, por lo que actuarían como un factor de riego.

Diferentes teorías

A continuación, un resumen de la concepción de la conducta prosocial según las diferentes teorías:

· Teoría del aprendizaje social: comportamiento aprendido de otros, por imitación, adaptándose a una situación existente.

· Teoría de las normas sociales: resultado de las normas del dar y de la responsabilidad social.

· Teoría del intercambio social y de la equidad: comportamiento instrumental para obtener sucesivamente una recompensa y compensación de las injusticias y de los desequilibrios del sistema.

· Teoría de la atribución: resultado de la asignación de las disposiciones o situaciones realizadas.

· Reducción de la tensión: resultado de la imposibilidad de tolerar la turbación y la angustia provocadas por el sufrimiento de los demás.

· Mantenimiento/aumento de la autoestima: resultado del deseo/necesidad de aumentar o mantener la evaluación positiva del yo.

· Teoría cognitivo-evolutiva: expresión de un proceso moral de desarrollo.

· Teoría sociobiológica-evolutiva: comportamiento genéticamente determinado que tiene la función de salvaguardia de la especie

Factores de influencia

Existen numerosos factores o situaciones que favorecen o inhiben la ayuda:

· El número de espectadores en caso de emergencia.

· Observar o no la situación de ayuda e interpretarla como situación de emergencia.

· La capacidad para asumir la responsabilidad en esta situación.

· En general, las personas son más propensas a la ayuda cuando acaban de observar a otra persona que ayuda, o cuando tienen mucho tiempo disponible.

· Incluso el humor y la semejanza física tienen un peso en la predisposición a la ayuda.

Desde la psicología positiva se plantea que las habilidades bien desarrolladas, como la conducta prosocial, son las rutas que nos conducen a la felicidad

Consejos para desarrollar la conducta prosocial

Las investigaciones sugieren que para aumentar las conductas de ayuda o prosocialidad es necesario:

1. Reducir o eliminar los factores que los obstaculizan: reducir la ambigüedad y aumentar la responsabilidad, activar el sentimiento de culpa y la preocupación por la propia imagen.

2. Enseñar la prosocialidad y el altruismo: enseñar la inclusión moral, crear modelos de altruismo, aprender haciendo, atribuir el comportamiento altruista a motivaciones altruistas, conocer los mecanismos que regulan el altruismo.

3. Favorecer la acción de la norma de reciprocidad.

Desde la psicología positiva se plantea que las habilidades bien desarrolladas, como la conducta prosocial, son las rutas que nos conducen a la felicidad. Este comportamiento aumenta la probabilidad de generar una reciprocidad positiva, de calidad y solidaria en las relaciones interpersonales. Al ayudar a otros, el cerebro libera ciertas sustancias como la oxitocina, la dopamina y la serotonina que provocan bienestar, pero que a la vez contrarrestan el estrés e incluso ayudan a disminuir los síntomas de la depresión.

Por último, compartir esta reflexión de Francis Bacon: “La perfección de la propia conducta estriba en mantener cada cual su dignidad sin perjudicar la libertad ajena”.

La conducta prosocial nos conduce a la felicidad