Necesidad de educación fiscal en nuestra escuela
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La ideología neoliberal nos ha impuesto unas determinadas creencias que nos hacen ver como naturales e incuestionables, y que hay que aceptar como auténticos dogmas de fe. No son creencias articuladas en un discurso trabado y coherente. Se manifiestan en unas actitudes instintivas, más emocionales que racionales.
Entre ellas: «Los impuestos son malos». “Donde mejor están los dineros es en el bolsillo de los ciudadanos”. “El Estado nos está masacrando a impuestos”. Es una aversión irreflexiva, como si el pagar impuestos fuera un expolio del Estado. Es frase repetida y asumida: «Hacienda me ha quitado 2.000 euros este año en la declaración de la renta». Es decir, que el cumplimiento de nuestras obligaciones fiscales lo vemos como un robo. Todo un ejemplo de falta de conciencia cívica.
El cumplimiento fiscal es una cuestión de ciudadanía. Los efectos del incumplimiento, es decir del fraude fiscal, perjudican a todos los ciudadanos
Los partidos de derecha y extremaderecha repiten el mantra de que los impuestos son malos para la economía. Si se reduce la presión fiscal tendrá más dinero la gente en su bolsillo, gastará más, aumentará el consumo, crecerá la economía y se crearán puestos de trabajo a tutiplén.
Nadie nos dice qué bolsillos se llenarán y si el mayor consumo supondrá una mejora de la calidad de vida. Igualmente que, de acuerdo con la tesis de que los beneficios de políticas económicas favorables a los más ricos, como desgravaciones fiscales, acabarán goteando hasta las clases más desfavorecidas.
Parece ser que los ricos son ricos en interés de los pobres y que gravar en exceso sus rentas nos perjudicará a todos. Vista la situación actual de injusticia y desigualdades crecientes, la teoría del goteo hacia abajo es un auténtico fraude.
El cumplimiento de nuestras obligaciones fiscales lo vemos como un robo. Todo un ejemplo de falta de conciencia cívica
Entiendo que es muy complicado erradicar este mensaje de odio visceral a los impuestos, ya que está muy enraizado en el sentir de buena parte de la sociedad española. Mas, sorprende que a muchos ciudadanos se les olviden las funciones de los impuestos. Sirven para mantener el Estado de bienestar. Es el principal instrumento de los Estados para redistribuir la riqueza y paliar las injusticias. Sin una política impositiva progresiva y redistribuidora es imposible garantizar la igualdad de oportunidades. La ideología neoliberal hace muy bien su trabajo. Ese sentimiento de animadversión sobre los impuestos lo refleja una anécdota que escuché en un programa reciente de televisión. Se estaba debatiendo el tema del Estado de bienestar. Uno de los economistas explicó muy bien que existían dos modelos políticos. El socialdemócrata escandinavo con un Estado de bienestar muy potente y una fuerte carga fiscal. Y el norteamericano, con un Estado de bienestar muy débil, hablar de Estado de bienestar es excesivo, y con unos impuestos muy bajos. Y otro economista, no sin cierta ironía, que existía un tercero: el de España, que es la pretensión de muchos ciudadanos españoles: un Estado de bienestar muy potente, como el socialdemócrata escandinavo, pero con impuestos muy bajos, como los de los países subsaharianos. Y no solo los impuestos sirven para sostener el Estado de bienestar, también, como estamos observando en estos momentos, para hacer frente a diferentes catástrofes, como la Dana, en las comunidades de Aragón, Castilla la Mancha y, especialmente en la valenciana. Y aquí surge una terrible paradoja. Poco ha, en este mismo medio, Juan Torres, publicaba el artículo Quienes no quieren impuestos para sostener el Estado, piden ahora que se les ayude:
“Bajo el mandato de quienes ahora reclaman al gobierno central la mayor ayuda solicitada, 31.402 millones de euros, en cualquier momento por una comunidad autónoma, la Comunidad Valenciana será la autonomía que más dinero deje de ingresar en 2024 por la reducción de impuestos como el tramo autonómico del IRPF o el de Sucesiones y Donaciones. En total, 495 millones de euros por esos conceptos, según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), y a los que hay que añadir los que también perderá por la reducción de otros impuestos, como el que recae sobre bienes inmuebles (IBI), o de algunas tasas municipales. Esta catástrofe supongo que les servirá de motivo de profunda reflexión a los defensores de la rebaja de impuestos”. Los beneficiados son unos 15.000 valencianos, sobre una población de más de 5 millones.
Muchos ciudadanos siguen argumentando, no sé si por ignorancia o egoísmo, que estamos sometidos a un auténtico infierno fiscal.
Yo tengo la impresión de que muchos ciudadanos siguen argumentando, no sé si por ignorancia o egoísmo, que estamos sometidos a un auténtico infierno fiscal. “Nos están masacrando a impuestos”, “No sé a dónde van los impuestos” pude oír a un grupo de jubilados de un pueblo cercano a Zaragoza. No pude aguantarme. Les pregunté: ¿cuántos jubilados hay en este pueblo? Y me dijo: unos 800. Saqué cuentas rápidamente, echándolas por lo bajo, les dije, que todos los meses entraban en el pueblo en pensiones sobre un millón de euros, por 14 pagas, eran unos 14 millones anuales. Se quedaron un poco sorprendidos. Seguí con mi argumentación: ¿este pueblo tiene instituto, centro de primaria y centro de salud y cuartel de la Guardia Civil? ¿Saben cuanto vale mantener estos servicios públicos? No me contestaron. Pero, seguí, hurgando: ¿los jubilados de este pueblo cuánto pagan por los medicamentos en la farmacia? ¿Cuántos han tenido que verse sometidos a alguna operación quirúrgica en el hospital público de la capital? ¿Cuántos cobran la dependencia? Se quedaron callados. Creo que no viene mal que todos nos hagamos estas preguntas. Es decir, conviene realizar pedagogía fiscal.
Para contrarrestar este discurso contra los impuestos, se podría hacer desde el ámbito educativo. En las enseñanzas preuniversitarias, en Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato, se da muy poca importancia a la educación fiscal. Si en ellas existe una educación para la salud, higiene y nutrición, consumo, una educación vial, o una educación en valores cívico-constitucionales, puede y debe existir una educación fiscal en las aulas de nuestras escuelas. Pero, en mis largos años como docente, la educación fiscal para construir una conciencia fiscal se le ha concedido muy poca importancia, cuando es clave a la hora de forjar una conciencia cívica. La educación fiscal no es más que una parte de la educación en valores constitucionales. Hay algunas materias en la ESO, como Economía Social; Economía y Emprendimiento; Educación en Valores Cívicos y Éticos; y en Bachillerato, Economía; Economía, Emprendimiento y Actividades Empresariales; y Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Observamos que se le da mucha importancia al tema del emprendimiento. Nos están imponiendo por activa, pasiva y perifrástica: la de emprendedor. Tenemos que ser emprendedores. Es el bálsamo de Fierabrás para todos los males que nos acucian. Es claro que el espíritu emprendedor y la iniciativa es necesaria. Pero para emprender se necesita formación, estímulos, entornos institucionales y una cultura que dé sentido a estas actitudes, aspectos que no se citan. Tantos elogios del emprendedor y de la reinvención no son en absoluto inocentes. Y mucho menos si nos fijamos en su procedencia. Tras este bombardeo mediático del emprendedor se esconde una perversa y malintencionada operación ideológica, del más estricto neoliberalismo, para convertir las desigualdades sociales en culpas personales. Sin embargo, la educación fiscal para forjar una conciencia fiscal escasamente aparece en el currículo de la ESO y Bachillerato. Solo en la materia de Economía social en la ESO aparece explícitamente como Competencia específica: “Comprender el estado de bienestar como garante democrático de los derechos sociales básicos, analizar las fuentes de ingresos y gastos del Estado; así como determinar el impacto para la sociedad de la desigualdad de la renta y estudiar las herramientas de redistribución”.
¿Los jubilados de este pueblo cuánto pagan por los medicamentos en la farmacia? ¿Cuántos han tenido que verse sometidos a alguna operación quirúrgica en el hospital público de la capital? ¿Cuántos cobran la dependencia? Se quedaron callados
A la hora de forjar esa conciencia fiscal en la escuela seguiré las reflexiones del artículo de María Luisa Delgado Lobo, del Instituto de Estudios Fiscales, titulado ¿Por qué una educación fiscal?
La conciencia fiscal (CF) pude considerarse como la percepción individual de cada ciudadana o ciudadano, en cuanto a la ética fiscal y la moral tributaria de la sociedad en la que vive y que le lleva al voluntario cumplimiento de sus obligaciones fiscales.
La CF, no es algo natural; es un producto social y, por tanto, resultado de la educación. El comportamiento fiscal correcto se aprende, como se puede aprender a controlar el egoísmo y la insolidaridad que subyacen a los comportamientos fraudulentos. Una mayor educación fiscal o cívico-tributaria en la enseñanza, a la vez que permite entender mejor el sistema fiscal conduce a un mayor cumplimiento tributario y una mayor ética fiscal.
Puede alguno pensar que la fiscalidad es un hecho que afecta solamente a los adultos, que llevan a cabo algún tipo de actividad económica sujeta a impuestos. Por ello, los jóvenes no tendrían que preocuparse por la fiscalidad. Ahora bien, ¿es cierto que los jóvenes no ejercen actividad económica alguna? ¿Puede decirse que los jóvenes son totalmente ajenos al hecho fiscal? ¿Debe el sistema educativo ignorar este hecho? La realidad parece indicar lo contrario.
El sistema educativo no debe ignorar el hecho fiscal, ya que tiene como función formar e informar a los jóvenes. Tarea doble, decisiva para la comunidad
Los jóvenes, desde edades muy tempranas, ya empiezan a incorporarse a la actividad económica y no sólo a través de la familia y la escuela, primeros grupos sociales de los que son miembros. Los jóvenes empiezan muy pronto a tomar decisiones económicas como consumidores de bienes y servicios. Aunque sean operaciones individuales a pequeña escala, no son por ello menos importantes, consideradas de forma global. Desde la vertiente de los ingresos públicos, su consumo está generando ingresos tributarios. Desde la vertiente del gasto público, la fiscalidad está posibilitando una igualdad de oportunidades en múltiples aspectos entre los que destacan la sanidad y la educación por ser los más visibles en estos estratos de edad. Sin esa inversión de solidaridad, que se efectúa desde el esfuerzo tributario aportado por los ciudadanos y que se gestiona a través de los diferentes organismos de las Administraciones Públicas, la vida cotidiana y las perspectivas de futuro de los jóvenes serían muy distintas. Es preciso hacerles conscientes de esta realidad. Lo que no es especialmente complejo.
El sistema educativo no debe ignorar el hecho fiscal, ya que tiene como función formar e informar a los jóvenes. Tarea doble, decisiva para la comunidad donde la vertiente formativa es tan importante como la informativa porque se refiere a la socialización, proceso mediante el cual los individuos aprenden a conformar su conducta a las normas vigentes en la sociedad donde viven.
Las normas fiscales forman parte del conjunto de normas sociales que debe cumplir un individuo adulto en una sociedad democrática. Un ciudadano que vive en este modelo social tendría que cumplir correctamente los requerimientos que el sistema fiscal le exige sin esperar a que se ejerciera sobre él la presión coactiva de la Administración. Las responsabilidades fiscales deberían formar parte del conjunto de valores que todo ciudadano tiene que asumir, respetar y defender.
El cumplimiento fiscal es una cuestión de ciudadanía. Los efectos del incumplimiento, es decir del fraude fiscal, perjudican a todos los ciudadanos pero especialmente a aquéllos que asumen sus responsabilidades sociales y cumplen correctamente sus obligaciones tributarias. El fraude fiscal es un fenómeno complejo basado en una mentalidad de derechos adquiridos sin ninguna contrapartida desde la vertiente de las obligaciones. Es, en definitiva, un problema de socialización inadecuada en los valores éticos de justicia y solidaridad.
Insisto la educación fiscal o tributaria, para forjar una conciencia fiscal en la escuela es muy reducida. En mis años como docente, la he tratado accidentalmente, sin que hubiera un programa curricular específico al respecto. Como tampoco he conocido que desde la Agencia Tributaria hay un programa desarrollando desde el año 2003 el Programa de Educación Cívico-Tributaria (PECT), cuyo objetivo es explicar a la ciudadanía más joven el impacto que el sistema fiscal, en su doble vertiente de ingresos y gastos públicos, tiene en su vida cotidiana y en sus perspectivas de futuro.
Gracias al personal formador existente en todo el territorio, se realizan diversas actuaciones como:
- Jornadas de puertas abiertas en las Delegaciones de Hacienda. durante las que se realiza una charla de duración y contenido variable en función de la edad de los escolares, aproximadamente de una hora y cuarto.
En dicha charla, fundamentada en los valores cívicos, se pone especial atención en los servicios públicos (educación, sanidad, infraestructuras, bibliotecas, bomberos, instalaciones deportivas, parques, alumbrado de las calles, etc.)
El debate está ilustrado por una presentación en PPT y, en los cursos superiores, con dos breves vídeos sobre la prevención del fraude fiscal. Por otra parte, los/as alumnos/as debaten sobre los abusos e ilegalidades de los defraudadores y el daño que éstos causan a toda la sociedad.
- Charlas impartidas por personal de la Agencia Tributaria en los colegios e institutos.
- Además, se invita a los/as alumnos/as a participar en un concurso de redacción y elaboración de piezas publicitarias en formato audiovisual o gráfico (cartel), con premios a nivel regional para los ganadores y finalistas. Los ganadores participarán posteriormente en el concurso nacional. El premio para el ganador es un ordenador portátil tanto para el/la alumno/a como para el Colegio. Y para los finalistas una tablet.
- Ambas actuaciones se realizan en los centros educativos que lo soliciten.
- Además en el Portal de Educación Cívico-Tributario hay materiales para profesores y alumnos.