TRIBUNA SOCIEDAD

Navidad: holocausto animal

Ecologistas y animalistas llevan razón cuando se oponen a la caza, los toros o los mataderos.

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¿Han mirado despacio los ojos de un animal? ¿Qué ven en ellos sino una vida a la que tienen tanto derecho como nosotros? ¿No sienten al mirar los ojos de su perro, su gato o cualquiera de sus mascotas, por ejemplo, una inocente mirada y esa fácil sumisión que sienten todos los animales ante nuestra especie, por reconocernos como a sus hermanos mayores esperando de nosotros al menos la protección, el amor, la fidelidad y la ayuda física o emocional que ellos mismos nos dan?

Ecologistas y animalistas llevan razón cuando se oponen a la caza, los toros, los mataderos, o a toda causa de degeneración climática

En Occidente celebramos cada año nuestras consumistas navidades entre belenes, villancicos, luces, árboles decorados, reuniones familiares y comilonas, y es raro que alguien se detenga a pensar qué tiene eso que ver realmente con el origen de la fiesta, convertida poco más que en un periodo vacacional y de consumo extraordinario de regalos, carne, pescado y dulces típicos y qué tiene que ver con la salud de los animales, la propia o la del Planeta. No es fácil, no, que alguien se pregunte si hay alguna relación entre su filete navideño y el cambio climático, que sin embargo son preguntas pertinentes, porque la Navidad es la gran fiesta anual del consumo, y también de carne. Y pocos serán seguramente los que piensen lo cara que nos sale esa carne, y no me refiero al precio, para nuestra salud en un amplio sentido- personal y colectiva- la economía mundial, la justicia social y la justicia climática. Ecologistas radicales, animalistas y defensores del derecho a la vida llevan razón cuando se oponen a la caza, las corridas de toros, los mataderos, o a toda causa de degeneración climática. Y veremos por qué.

Las cifras

En España, según la Cámara de Comercio de Cataluña se mataron este año 2.422.410 cerdos, (cerca de tres por habitante) aparte de ingentes cantidades de pollos, y en menor cantidad, pero con altas cifras, ovejas y vacas. Y el caso español no es otra “excepción ibérica” precisamente. En nuestra vecina Francia fueron llevados al matadero no hace mucho 4.486.480 animales, y en el mundo entero, siempre según la FAO, fueron 73.162.794.213, lo que es un número tremendo y que va creciendo parejo al nivel de desarrollo económico. A más desarrollo, más carne en las mesas.

¿Deberíamos comer animales?

Un león sin duda. Para nosotros, existiendo otras fuentes alternativas de proteínas y vitaminas, puede ser oportuna una reflexión sabiendo lo que sabemos sobre ellos. ¿Y qué es lo que sabemos? Comencemos por nuestras mascotas. Cuando se tiene o se ha tenido una de ellas, resulta fácil comprender que tratamos con seres inteligentes, fieles, agradecidos, bondadosos, alegres, intuitivos y felices si les dejamos. Y no solo eso, sino que vienen adornados con otras cualidades. Nos protegen, nos defienden, intentan comprendernos, y ser buenos compañeros de trabajo en tareas de fuerza o defensa y hasta en rescates a humanos o investigación policial, sin olvidar las emociones positivas que nos procuran su compañía y amor.

Cualquier animal está dispuesto a servirnos, pero no creo que convertirse en filete sea una de sus vocaciones

¿No deberíamos agradecerles su existencia y sus innumerables ayudas y servicios y sentir por ellos algo del mismo amor que cualquiera de ellos nos regala? Cualquier animal está dispuesto a servirnos, pero no creo que convertirse en filete sea una de sus vocaciones.

¿Quién piensa que hubiera tomado igualmente proteínas de haber elegido legumbres, frutos secos, o queso para los que no hay que matar a un anima mientras se afana en morder ese trozo de cadáver caliente y cuidadosamente aderezado sobre su mesa? Y todavía hay quien prefiere el cadáver sanguinolento y le dice al cocinero que lo quiere “poco hecho”, o come el pescado crudo. (Por cierto, los datos de más arriba proporcionados por la FAO no incluyen los pescados y mariscos que estos días de fiesta se consumen por toneladas diarias entre comidas de amigos, compañeros de trabajo o familiares. Se reúnen y se dicen: Es Navidad, comamos, bebamos y cantemos. Al fin y al cabo, es un aliciente más de estos días, pero ¿tiene eso algo que ver con Navidad?

No lo parece, y cada vez menos, pero se supone que se celebra la llegada de Cristo. Con su nacimiento precisamente entre animales y en un chamizo de mala muerte por no haber sido acogido entre los humanos para nacer, Cristo nos muestra su amor por el mundo animal y de paso ya nos avisa de la difícil acogida en este Planeta a quien siga Sus enseñanzas. A Él ya vimos cómo le fue, y posteriormente iríamos viendo persecuciones y asesinatos de cristianos en todas partes por los poderes civiles y hasta por las propias iglesias como la católica o la luterana disfrazadas, eso sí, de cristianas donde a veces se condenaba a cristianos por negarse a comer carne. A estas Iglesias descristianizadas en cambio, les va bien vistos sus innumerables privilegios otorgados por los Estados- mayormente ateos en la práctica- y a costa de nuestros bolsillos unos y otros. ¿Cómo no les va a ir bien si sus papas afirman no ser ecologistas ni pacifistas, sino partidarios de esas guerras justas –según ellos, no según Cristo- que tantos siglos llevan practicando con el mismo ardor bélico que los gobiernos, y tampoco están a favor de la paz con los animales -ni una palabra contra los mataderos, ni los cazadores- ni defienden, claro está, la alimentación vegana? Incluso en viernes Santo, si un católico pagaba una Bula a su párroco podía comer carne excepcionalmente en la España de Franco. No sé ahora, aunque no me extrañaría.

¿Qué dice la ciencia?

La llamada comunidad científica reconoce a las acciones humanas como causa del cambio climático acelerado, muy especialmente desde los años cuarenta del siglo pasado en adelante y añade que, aunque se retrocediese a los niveles de emisión de gases de efecto invernadero anteriores a la era industrial, el proceso es ya irreversible y nos dirigimos hacia una catástrofe climática. Afirman que ya se ha sobrepasado la capacidad de resistencia de la Tierra. Y la nuestra no puede andar muy lejos al fin y al cabo, ¿o es que somos marcianos? 

Según la FAO, la cantidad de metano procedente de la ganadería es 26 veces superior a la cantidad de CO2

En esta situación, y según la FAO, la cantidad de metano procedente de la ganadería es 26 veces superior a la cantidad de CO2, y contamina más que todos los motores del mundo. Pero la ganadería no es puesta en cuestión, y eso que su existencia es responsable de que el 70 por ciento de la superficie agrícola del mundo se tenga que dedicar a la producción de forraje, en detrimento de la alimentación humana, y de que el aumento continuo de macro granjas para satisfacer a una creciente parte de la población mundial que exige carne en los países emergentes, lleva a talar los bosques para convertirlos en terrenos de pasto con un ritmo imparable: una hectárea cada dos segundos. Si quieren hagan cuentas de lo que supone al día, al cabo de un año y al cabo de los siguientes. Esto de nuevo repercute sobre el clima, reduciendo la cantidad de oxígeno ambiental, disminuyendo las lluvias y aumentando la erosión de la Tierra. Por otra parte, es ingente la cantidad de agua que se precisa para mantener el ganado estabulado. Y estos efectos negativos aún tienen compañía: 

1. La carne está llena de venenos (DDT, antibióticos, hormonas, etc.)., que son disruptores orgánicos. Acidifica la microbiota intestinal, disminuye las defensas y favorece la aparición de cáncer.

2. Hace más agresivos a sus consumidores, favorece el aumento de la caza y la pesca masiva y predispone a aceptar como algo natural la muerte y el desamparo del mundo animal, ya sean aves, peces o animales terrestres.

Ya hay voces -pocas por desgracia- que reclaman un impuesto especial sobre la carne, pues al ser considerada como no imprescindible pasa a ser un artículo de lujo y un vicio como puede serlo el alcohol o el tabaco. Por otro lado, desde el punto de vista médico se ahorrarían muchas enfermedades metabólicas como por ejemplo artritis, colesterol, y el tantas veces mencionado cáncer. 

En conclusión: cada uno es libre de alimentarse como desee, como es natural, aunque parece razonable y hasta urgente que consultemos a nuestra conciencia espiritual, socioeconómica, política o ecológica sobre nuestras conductas con el mundo animal explotado y violentado de múltiples maneras y a gran escala por grandes fortunas y lo que todo eso significa para este Planeta y todas sus formas de vida, incluida la nuestra.

Sería deseable que entre los buenos propósitos del próximo año incluyéramos el respeto a la vida animal y no solo a la de nuestras mascotas. Seguro que mejoraría nuestra salud a todos los niveles: físicos, mentales y emocionales. Así que Feliz Navidad también para los animales.