jueves. 04.06.2026
TRIBUNA GEOPOLÍTICA

'Si vis pacem'… Paz, Ley y Defensa en tiempos inciertos

En las últimas semanas, el debate sobre la seguridad europea ha dejado de ser una abstracción estratégica para convertirse en una cuestión inmediata.

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Europa ante el espejo de su defensa: entre el eslogan, la ley y la responsabilidad. Como mutatis mutandis reza la vieja máxima, que hoy cobra más vigencia que nunca: Si vis pacem para legem. Et para quisquis eas defendit (Si quieres la paz, prepara la ley. Y prepara a quienes deban defenderla).

  1. El fin de la abstracción: La crisis del Mediterráneo Oriental
  2. La trampa de la «explicación total»: Arendt y la rigidez ideológica
  3. El peso de la ley: La ilegalidad de Epic Fury
  4. Entre el eslogan y la responsabilidad: «No a la guerra» vs. «No a esta guerra»
  5. Si vis pacem para legem: La construcción de una paz efectiva

El fin de la abstracción: La crisis del Mediterráneo Oriental

En las últimas semanas, el debate sobre la seguridad europea ha dejado de ser una abstracción estratégica para convertirse en una cuestión inmediata. El estruendo de los misiles sobre Oriente Próximo, derivados de la Operación Epic Fury, y el zumbido de drones -específicamente los de tipo Shahed- en el Mediterráneo oriental han situado a Europa -y de forma particular a la isla de Chipre- en un escenario que obliga a repensar no solo su capacidad militar, sino también los fundamentos políticos y jurídicos de su acción exterior.

(Monument aux Morts Pacifiste, de Saint-Martin-d'Estréaux[1])
Monument aux Morts Pacifiste,
de Saint-Martin-d'Estréaux [1]

Más allá de la controversia sobre el origen del conflicto, lo relevante para la Unión Europea es que la amenaza ha dejado de ser periférica. Cuando un incidente militar alcanza territorio vinculado a un Estado miembro como Chipre, que ostenta la presidencia rotatoria del bloque, el discurso político ya no puede limitarse a la condena genérica de la guerra. Debe afrontar una pregunta más exigente: qué significa, en la práctica, defender la legalidad internacional y la seguridad colectiva frente a agresiones que ya golpean suelo europeo.

La trampa de la «explicación total»: Arendt y la rigidez ideológica

La filósofa Hannah Arendt advirtió contra lo que denominaba la “reivindicación de la explicación total”: la tentación de reducir la complejidad del mundo a un esquema ideológico cerrado. Según Arendt, las ideologías son sistemas que pretenden explicar el curso total de la historia -pasado, presente y futuro- a partir de una única premisa axiomática, volviéndose independientes de toda experiencia y realidad. En la coyuntura actual de 2026, esa inclinación se traduce en la facilidad con la que el debate público se refugia en consignas y en la "comodidad de la trinchera" que evita el contacto con los hechos.

El conocido “No a la guerra” expresa una aspiración legítima, pero resulta insuficiente cuando la realidad exige distinguir entre agresión, legalidad y defensa. La ideología, como "lógica de una idea", funciona a menudo como un corsé mental que nos inmuniza frente al sentido común y la pluralidad de los acontecimientos, sustituyendo la acción política genuina por una coherencia interna ficticia.

La Europa de 2026 empieza a descubrir que la estabilidad requiere alcanzar más pronto que tarde la capacidad efectiva de defender la ley cuando esta es puesta a prueba

El peso de la ley: La ilegalidad de Epic Fury

Porque una de las verdades incómodas de este momento es precisamente jurídica. Bajo el prisma del derecho internacional, la intervención militar estadounidense en Irán -sin mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ni en respuesta a un ataque inminente- plantea pocas dudas acerca de su absoluta ilegalidad a la luz del principio de prohibición del uso de la fuerza recogido en la Carta de la ONU.

En este contexto, es imperativo calificar como ilegales los objetivos estratégicos enumerados por el secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, para la Operación Epic Fury: la destrucción de los misiles ofensivos iraníes, el desmantelamiento de su producción de misiles, la aniquilación de su marina y otras infraestructuras de seguridad, y la eliminación definitiva de su capacidad nuclear.

Al tratarse de una guerra preventiva que vulnera la soberanía de un Estado sin la justificación de la legítima defensa bajo el Artículo 51, estos fines constituyen un acto de agresión. Señalarlo no es una toma de partido ideológica, sino una exigencia de coherencia con el orden normativo que Europa dice que quiere y debe defender.

Entre el eslogan y la responsabilidad: «No a la guerra» vs. «No a esta guerra»

Sin embargo, el reconocimiento de esa posible ilegalidad no puede convertirse en coartada para la inacción cuando la guerra alcanza suelo europeo. Aquí emerge la distinción crucial entre el eslogan y la política: no es lo mismo decir “No a la guerra” que decir “No a esta guerra”. Lo primero es una formulación genérica, útil en términos simbólicos y para el fácil enganche electoral; lo segundo implica un juicio concreto sobre responsabilidades y deberes, reconociendo que la defensa de un socio agredido no es una opción, sino una obligación legal.

España encarna hoy esa tensión. El Gobierno de Pedro Sánchez ha mantenido una posición retórica prudente, en línea con una tradición política reacia a la intervención militar, llegando a abanderar el "No a la guerra" frente a las presiones de Washington. Pero, al mismo tiempo, ha dejado abierta la puerta a contribuir a la defensa de socios europeos si la situación lo exige, preparando un "menú" de opciones que incluye el envío de baterías NASAMS o fragatas F-100.

En esta transición, resulta un error fundamental eludir la necesidad de explicar a la ciudadanía que el "no a esta guerra" -la defensa ante una agresión injustificada contra nuestros socios- puede implicar una participación en el conflicto. Es imperativo comunicar que defender los estándares democráticos y los derechos humanos en los que creemos como sociedad no es un ejercicio retórico gratuito, sino un compromiso que exige asumir responsabilidades y costes, tanto materiales como humanos.

Omitir esta explicación honesta es un error que debilita la confianza pública; la madurez de nuestra democracia depende de reconocer que la protección de nuestros valores fundamentales conlleva un sacrificio que, como sociedad responsable, debemos estar dispuestos a sostener. Más que una contradicción, se trata de una evolución: del pacifismo declarativo a una concepción más exigente de la responsabilidad internacional que prioriza la defensa de los principios básicos de convivencia

Si vis pacem para legem: La construcción de una paz efectiva

El caso de Chipre ilustra con claridad este giro. El ataque con drones contra la base de Akrotiri ha activado mecanismos de cooperación defensiva en el seno europeo. La respuesta de varios países, mediante el despliegue de sistemas antiaéreos por parte de Grecia y Francia, apunta a una lógica distinta de la intervención ofensiva: contener, disuadir y proteger. En este punto, la discusión deja de ser abstracta. Los tratados europeos incluyen compromisos de defensa mutua que, si no se traducen en acciones concretas, corren el riesgo de convertirse en declaraciones simbólicas.

Como recordaba Arendt, las ideologías tienden a ignorar la experiencia, pero la política debe adaptarse a la realidad de 2026, marcada por amenazas híbridas que exigen respuestas técnicas coordinadas. Las opciones que se barajan -desde radares desplegables hasta capacidades de guerra electrónica- no representan una renuncia al ideal de paz, sino su condición de posibilidad.

La cuestión de fondo es si la Unión Europea puede sostener un orden basado en normas sin los medios necesariamente coercitivos, incluso letales, para hacerlas respetar. La moderación no puede confundirse con ambigüedad. La paz no es solo ausencia de guerra, sino presencia efectiva de la ley. Y la ley, en un entorno hostil, requiere algo más que proclamaciones; necesita voluntad de defensa porque, sin ese respaldo, la arquitectura normativa se vuelve vacía. En última instancia, debemos abrazar esta vieja nueva premisa: Si vis pacem para legem. Et para quisquis eas defendit.

La Europa de 2026 empieza a descubrir que la estabilidad requiere alcanzar más pronto que tarde la capacidad efectiva de defender la ley cuando esta es puesta a prueba.


[1] Imagen disponible bajo la licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International. AutorLliurepensactua.

'Si vis pacem'… Paz, Ley y Defensa en tiempos inciertos