martes. 16.04.2024

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Asisto cada día más sorprendido a la vida política de España. Puedo usar para definirlo todos y cada uno de los sinónimos que tengo a mano para darle más énfasis a mi estado de ánimo: estupefacto, pasmado, extrañado, atónito, boquiabierto, suspenso, sobrecogido, impresionado, helado, frío, asombrado, turbado, desconcertado, petrificado, patidifuso, clavado, cuajado, etc.

El ruido -ensordecedor en el Congreso de los Diputados o el Senado- está superando los decibelios de otras legislaturas, como la de la corrupción del PSOE con Felipe González, la de Aznar mintiendo, la de ZP y los recortes o la de la Gürtel de Rajoy.

Pasamos del 'caso Koldo’ al del novio de Ayuso en un santiamén, con la ley de amnistía siempre presente como campo de batalla inmortal de unos y otros.

Hoy todavía un Aznar arrugado sigue alimentando la teoría de la conspiración, riéndose de la memoria de las 192 personas que perdieron la vida el 11M con metáforas de desiertos lejanos

El frentismo de la inmensa mayoría de los medios -en especial, los que controla el PP- es señal de la debilidad nuestro sistema democrático.

Thomas Jefferson, uno de los padres de la Constitución americana, hizo en 1787 la siguiente reflexión: “Si tuviera que decidir si debemos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no vacilaría ni un instante en preferir esto segundo”.

Aquí lamentablemente parece que vamos camino de prescindir de los medios como garantes de una prensa libre, independiente y sin ningún tipo de censura o coerción, con una libertad de opinión, conciencia y de expresión muy debilitada.

Sin ningún género de dudas, con una prensa como Dios manda, otro gallo nos cantaría.

El último episodio, el bulo (admitido) que se inventó y difundió el jefe de gabinete de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, contra unos periodistas de El País y las amenazadas a una periodista de Eldiario.es para meter palos en la rueda en la investigación sobre los trajines del novio de Ayuso, es acto tan grave que debiera estar tipificado en el Código Penal.

Pero es más grave si cabe la posición del PP, que no ha reprobado en ningún momento a este siniestro personaje, y de los medios que han recibido este asunto con omertá como si se tratara de un asunto familiar en el sentido más siciliano de la palabra.

En un país con una prensa libre e independiente, MAR estaría sembrando lechuguinos en el huerto de Alcalá Meco o sencillamente en el redondo de la calle.

¿De dónde viene esta desfachatez? ¿De dónde viene este mentir con tanto descaro y desvergüenza?

Viendo los distintos especiales sobre los 20 años del 11M, sobre todo el de Jordi Évole, queda muy claro que “el acta fundacional” (palabras de Pedro Sánchez) de este proceder infame lo firmó José María Aznar cuando mintió a sabiendas, atribuyendo los atentados a ETA cuando todo el mundo sabía ya que se trataba de los islamistas.

Además, cabe recordar que esos primeros días la inmensa mayoría de los medios, salvo La Voz de Galicia, se dejaron llevar por la versión del Gobierno. Y los españoles tuvimos que enterarnos de la verdad a través de los medios de comunicación extranjeros. 

Hasta una entrevista con George W. Bush censuraron en TVE para que se mantuviera abierta hasta la jornada electoral la tesis de ETA.

Hoy todavía un Aznar arrugado sigue alimentando la teoría de la conspiración, riéndose de la memoria de las 192 personas que perdieron la vida el 11M con metáforas de desiertos lejanos. 

Y el PP en la España del tralará.

La España del tralará