martes. 23.04.2024

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“Amiguito del alma” es una frase que, tras la famosa grabación telefónica entre Francisco Camps y “el Bigotes”, no anuncia nada bueno.

Durante los doce años que me correspondió pasar ocupando cargos públicos, siempre traté de usted a todos los chóferes que trabajaban conmigo. Por dos razones fundamentales: como muestra de respeto; y para mantener una prudente distancia, independientemente de que creo que mantuve con todos ellos una relación amigable y cordial.

Por amplio que sea un coche oficial, la distancia entre el puesto del conductor y el puesto del usuario del vehículo siempre es muy corta. Y es muy fácil confundir el tipo de relación. El chófer oye todas las conversaciones que se mantienen dentro, sea con acompañantes o sea por teléfono. Sabe casi todo de tu vida: adónde vas, porque él te lleva; casi todas tus costumbres y tus horarios; tus amistades, tus afinidades y -a un poco avispado que sea- puede reunir datos suficientes como para intuir tus problemas, tanto profesionales como personales.

No es políticamente adecuado que Ábalos, cuya inocencia en el caso nadie ha puesto legalmente en duda, no purgue su error, con una dimisión honrosa

Hacéis muchos kilómetros juntos, a veces en viajes de cierta duración, como para que, si no se establece una prudente reserva, puede saltar fácilmente la confidencia, y a veces hasta la complicidad. No es que no trates ni hables con él (se puede hacer y mantener una cordialidad), pero es peligroso para ambos que lo impliques en tu vida y en tus asuntos: y mucho más en los oficiales. Además, esa familiaridad o complicidad se percibe de lejos, y es muy fácil que se traspase a tu entorno y a las personas que dependen de ti, propiciando una especie de “licencia para todo”, porque mucha gente va a recibir las propuestas de tu manifiesto amigo como planteamientos que proceden de ti.

El tal Koldo, convertido en factotum, e incluso en buscavidas no es un caso aislado. Sobre el tema podría contarnos mucho Alberto Núñez Feijoo, si se atreviera a hablar, por fin sobre el difunto Manuel Cruz López que, siendo chófer de Romay Becaría en la Xunta de Galicia, fue quien le puso en contacto con Marcial Dorado, y quien propició los contratos del Servicio Galego de Salud (SERGAS), que dirigía Feijoo, con las empresas de Dorado (alguna de ellas con participación del chófer Cruz López) para el suministro de gasóleo para la calefacción de hospitales y centros de salud gallegos: un asunto más grave si cabe que la amistad con un narco.

Por la avalancha de informaciones (por dios, que obsesión, y qué inusual transparencia de los medios judiciales para dar detalles…) que van apareciendo sobre el llamado “caso Koldo”, a mí me quedan dos cosas claras: no es un negocio en el que Ábalos estuviera implicado (de lo contrario habría más de un juez, más de un fiscal, y una jauría de periodistas y diputados abalanzándose contra él), ni parece que el propio Koldo fuera más que un intermediario, que siguió actuando como tal, y a la desesperada, cuando algunos casos salieron mal, como el de Baleares. Y hay una tercera conclusión: el sector público afectado parece que actuó con rectitud; como en el caso del govern balear, que retiró las mascarillas que no cumplían las especificaciones del contrato y, aunque tarde, presentó una reclamación sobre el incumplimiento. Quedando, sin embargo, en nebulosa el desenlace, cuando el govern del Partido Popular en Baleares parece que deja pasar los plazos sin realizar acciones efectivas para hacer viable la reclamación presentada por el govern de Armengol.

No es éticamente adecuado que Feijoo, cuya inocencia en los casos recordados sí ha sido puesta en duda en el Parlamento de Galicia, y jamás aclarada, se quiera ahora convertir en el inquisidor de la decencia absoluta

Dicho sea todo ello, salvando las sorpresas que puedan surgir cuando se conozcan todos los datos de una investigación que se supone realizada en sus elementos fundamentales.

Lo que sí está claro es que hay que evitar las amistades peligrosas; y más en lo público. Porque unas veces esas amistades te llevan a colocarlas en puestos públicos en los que tal vez sólo tengan un papel de ‘comisarios políticos’, y otras te llevan a amistades más peligrosas, directamente con contratistas a quienes les estás firmando adjudicaciones, y con quienes viajas, convives, y te expones a estar codeándote con personajes del mundo de la delincuencia (sea por contrabando o sea por narcotráfico).

Me he centrado en dos casos. Uno, porque es de plena actualidad, en que lo que parece por ahora es que José Luís Ábalos -aunque él no lo entienda- cometió la imprudencia de excederse en la confianza de la que el tal Koldo abusó, o sencillamente se la dio. Algo que políticamente (Ábalos lo sabe, porque es un experimentado político) se suele pagar sin remedio. Otro, porque Núñez Feijoo, que últimamente se ha acostumbrado a meterse en todos los charcos, ha tomado la bandera para intentar sacar ventaja contra Sánchez. Sin percatarse (por Dios qué asesores tiene que no saben advertirle cuando se arrima a algún peligro) de que se está convirtiendo en el Torquemada de una causa en la que él fue un pionero de la herejía que trata.

Con muchos ingredientes peligrosos, y que el tiempo no ha borrado: amistad con un turbio personaje, Manuel Cruz López que en paz descanse, que participaba en empresas adjudicatarias de contratos del organismo que el propio Feijoo dirigía. Contratos que él mismo no supo o no quiso atreverse a presentar ante el Parlamento de Galicia. Manuel Cruz que le llevó -y él se dejó gustosamente- a otra amistad peligrosa con un socio del chofer, que resultó ser sucesivamente contrabandista y narcotraficante; y adjudicatario de contratos que Feijoo había firmado, o que se dilucidaron en el organismo que dirigía. Una amistad tan estrecha (de la que es imposible que Feijoo no estuviera al tanto) que llevó al tal Manuel Cruz -con un agresivo pasado de guerrillero de cristo rey en Ferrol, con ataques comprobados a obreros e intelectuales de izquierdas- a tener cita para presentarse ante la Audiencia Nacional por un caso de blanqueo de dinero relacionado con el amigo narco. Declaración que no llegó a producirse porque falleció en 1999 en un extraño y nocturno accidente de tráfico, por el que ni siquiera se le practicó la autopsia.

No es políticamente adecuado que Ábalos, cuya inocencia en el caso nadie ha puesto legalmente en duda, no purgue su error, con una dimisión honrosa, ni lo es que utilice un escaño de la representación de la soberanía nacional como muleta para articular su defensa. Y no es éticamente adecuado que Feijoo, cuya inocencia en los casos recordados sí ha sido puesta en duda en el Parlamento de Galicia, y jamás aclarada, se quiera ahora convertir en el inquisidor de la decencia absoluta (precisamente en un tipo de casos cuya actuación en el pasado fue todo menos ejemplar), aprovechando también indebidamente para ello 137 escaños en el Congreso de los Diputados.

Chóferes del alma…