jueves. 04.06.2026
DESCONFIANZA EN LAS INSTITUCIONES

Escepticismo autoinmune: la corrosión silenciosa de la confianza social

(recreación por IA de filósofos del posmodernismo[i])
Recreación por IA de filósofos del posmodernismo [i]

Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna

 

En un mundo cada vez más polarizado y desconfiado, el escepticismo se ha convertido en una herramienta de doble filo que amenaza con socavar los cimientos mismos de nuestra sociedad. Lo que una vez fue una saludable actitud de cuestionamiento crítico, hoy se ha transformado en una suerte de “escepticismo autoinmune”, un fenómeno que, como su contraparte médica, ataca las propias defensas del organismo social.

  1. El legado de la sospecha
  2. La izquierda y la estrategia de la sospecha
  3. Las medias verdades: el arma silenciosa
  4. Las medias verdades: una mentira integral
  5. El precio de la desconfianza
  6. En busca de un equilibrio

La Real Academia Española define el escepticismo como la “desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo”. Sin embargo, en el contexto actual, esta definición se queda corta para describir el alcance y las consecuencias de una actitud que ha trascendido el ámbito filosófico para instalarse en el corazón mismo de nuestras interacciones sociales y políticas.

La desconfianza sistemática en las instituciones, por ejemplo, no necesariamente conduce a su mejora, sino que puede abrir la puerta a alternativas autoritarias o populistas

El legado de la sospecha

Los llamados “filósofos de la sospecha” -MarxFreud y Nietzsche- sentaron las bases para una crítica profunda de las estructuras de poder y las narrativas dominantes. Sus herederos intelectuales, los pensadores posmodernos como LyotardFoucaultDerridaBaudrillard y Rorty, llevaron estas ideas aún más lejos, cuestionando la existencia misma de verdades absolutas y promoviendo una visión del mundo basada en la deconstrucción y el relativismo.

Este enfoque, que en su momento fue revolucionario y necesario para desafiar dogmas establecidos, ha derivado en lo que algunos críticos denominan “discursos débiles”. La proliferación de estas narrativas ha tenido un efecto paradójico: en lugar de empoderar a la sociedad para cuestionar el poder, ha generado un clima de desconfianza generalizada que erosiona tanto a las instituciones como a quienes las desafían.

La izquierda y la estrategia de la sospecha

Cierta izquierda, la que enarbola sus discursos y sus (meta)relatos bajo el paraguas de ser más radical o “woke” que nadie, ha adoptado el escepticismo como estrategia fundamental. Sin embargo, lo que debería ser una táctica puntual para desenmascarar injusticias se ha convertido en un modus operandi que corroe indiscriminadamente.

El movimiento woke, con su obsesión por la identidad y la deconstrucción de los grandes discursos, ha abrazado el escepticismo como una herramienta política. Al negar la existencia de verdades universales, esta corriente ideológica ha debilitado los lazos sociales y esta generando una fragmentación sin precedentes.

Como señala Sahra Wagenknecht en su libro “Los engreídos”, esta actitud ya ha provocado consecuencias no deseadas, pero previsibles.

El problema radica en que, al cuestionar todo sin discriminación, se crea un vacío de confianza que puede ser ocupado por fuerzas aún más perniciosas. La desconfianza sistemática en las instituciones, por ejemplo, no necesariamente conduce a su mejora, sino que puede abrir la puerta a alternativas autoritarias o populistas que se presentan como soluciones simples a problemas complejos.

Esta manipulación sutil del lenguaje y los hechos es particularmente peligrosa en la era de la información instantánea y las redes sociales

Las medias verdades: el arma silenciosa

En este contexto de escepticismo exacerbado, las medias verdades se han convertido en un arma particularmente efectiva. Como señala Álex Grijelmo en su artículo “Mentir con datos verdaderos”, publicado en El País, la omisión selectiva de información puede transformar una verdad en una mentira elaborada.

Un ejemplo ilustrativo es la frase “solo el pueblo salva al pueblo”. Esta afirmación, otrora revolucionaria y poética, adquiere un nuevo significado en el contexto actual. Si se analiza desde la perspectiva fiscal, podría reformularse como “solo el pueblo, con un sistema justo y progresivo de impuestos, salva al pueblo”. Esta versión más completa reconoce la realidad de que la mayor parte de la carga fiscal recae sobre la ciudadanía no empresarial, a través de impuestos directos, indirectos y cotizaciones.

Esta manipulación sutil del lenguaje y los hechos es particularmente peligrosa en la era de la información instantánea y las redes sociales. Las medias verdades se propagan rápidamente, alimentando el ciclo de desconfianza y escepticismo que ya de por sí caracteriza a nuestra sociedad.

Las medias verdades: una mentira integral

El escepticismo, cuando se convierte en una estrategia política, corroe todo lo que toca. Las instituciones, los valores, los consensos sociales... nada escapa a su voracidad. Y lo más grave es que esta corrosión afecta tanto a lo bueno como a lo malo. Al negar la legitimidad de cualquier poder, el escepticismo radical acaba fortaleciendo a los más poderosos, aquellos que no necesitan de legitimidad para ejercer su dominio.

El escepticismo autoinmune se alimenta de las medias verdades, de esas afirmaciones que, aunque contienen un núcleo de verdad, son manipuladas para servir a una agenda ideológica.

Es necesario recuperar un pensamiento crítico que no se limite a negar, sino que sea capaz de construir. Un pensamiento que, sin renunciar a la duda, sea capaz de encontrar puntos en común y de construir consensos.

Debemos aprender a distinguir entre el escepticismo sano, que nos impulsa a cuestionar las verdades establecidas, y el escepticismo corrosivo, que dando pábulo a las post-verdades (bulos y mentiras, en lenguaje llano), todo lo niega.

Necesitamos recuperar la confianza en la razón, en la ciencia y en las instituciones.

Recreación satírica por IA de filósofos del posmodernismo
Recreación satírica por IA de filósofos del posmodernismo

El precio de la desconfianza

El escepticismo autoinmune tiene un costo social elevado. La erosión constante de la confianza en las instituciones, los medios de comunicación y entre los propios ciudadanos crea un terreno fértil para la polarización y el extremismo. En un mundo donde todo es cuestionable, la verdad se convierte en una mercancía negociable, y la realidad objetiva se diluye en un mar de interpretaciones subjetivas.

Las medias verdades se propagan rápidamente, alimentando el ciclo de desconfianza y escepticismo que ya de por sí caracteriza a nuestra sociedad

Este fenómeno no solo afecta a la esfera política, sino que permea todos los aspectos de la vida social. La ciencia, la educación, la cultura e incluso las relaciones interpersonales se ven afectadas por esta actitud de sospecha permanente. El resultado es una sociedad fragmentada, incapaz de construir consensos y vulnerable a la manipulación.

En busca de un equilibrio

La solución a este dilema no es, por supuesto, un retorno a la credulidad ingenua. El escepticismo sano y el pensamiento crítico siguen siendo herramientas fundamentales para el progreso social y científico. El desafío radica en encontrar un equilibrio entre la duda constructiva y la confianza necesaria para el funcionamiento de una sociedad cohesionada.

Este equilibrio requiere un esfuerzo consciente por parte de todos los actores sociales. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de proporcionar información veraz y contextualizada. Los líderes políticos deben trabajar para reconstruir la confianza en las instituciones a través de la transparencia y la rendición de cuentas. Y los ciudadanos deben cultivar un escepticismo informado, capaz de cuestionar sin caer en la paranoia o el cinismo.

Como reflexionaba Antonio Machado en 1937, en tiempos de crisis, “los señoritos invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva”. En el contexto actual, podríamos decir que el pueblo compra y salva la sociedad no con su sangre, sino con sus impuestos y, sobre todo, con su capacidad para mantener un tejido social basado en la confianza mutua.

El escepticismo autoinmune es un desafío complejo que requiere una respuesta igualmente sofisticada. Sólo a través de un esfuerzo colectivo por recuperar la confianza, con mayor empeño y ahínco a más poder y responsabilidad de tenga, sin renunciar al pensamiento crítico, manteniendo el escepticismo fuera del nihilismo, podremos construir una sociedad más empoderada ante agentes perturbadores o situaciones adversas y capaz de enfrentar los desafíos del futuro. En este empeño, la verdad completa, no las medias verdades, debe ser nuestra guía y nuestro objetivo.


[i] OpenArt does not claim any rights to the images generated. The generations are not copyrighted by default. As currently directed by the U.S. Copyright Office, any AI-generated image automatically falls in the public domain. You may use, modify and distribute the images commercially or non-commercially, as long as you do not consciously use it to create illegal or unethical content.

Escepticismo autoinmune: la corrosión silenciosa de la confianza social