domingo. 21.04.2024
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Víctor Moreno | Foto: Euskalerriairratia.eus

Víctor Moreno ha publicado recientemente el libro titulado “Eduardo Aizpún, el presidente “olvidado” de Osasuna. Un navarro ejemplar”. En esta entrevista nos cuenta algunos de sus contenidos que, aunque en primera instancia puede parecer que el libro va sobre fútbol, no es así. Se trata, más bien, de una biografía sobre una figura que fue importante en la fundación de Osasuna en 1920, pero mucho más como juez instructor y Fiscal de Tasas, durante la II República y en el Franquismo, respectivamente.

Brevemente, ¿quién fue Eduardo Aizpún Andueza?

Era hijo del oficial de la Audiencia de Pamplona, Simón Aizpún y de Paula Andueza, una familia prolífica formada por diez hijos, cinco varones y cinco mujeres. Nació en Pamplona en 1895 y murió en Barcelona en 1974. 

Estudió bachillerato en Pamplona y la carrera de abogado en Salamanca, obteniendo el título de licenciado en 1918. Tanto en bachillerato como en su carrera universitaria obtuvo siempre calificaciones extraordinarias. Fue soldado de cuota en Larrache (África) .

Casó en 1929 con María Carmen Terés de Aguinaco, navarra de Marcilla, con quien tuvo cuatro hijos: Eduardo, Antonio José, José Ignacio y María del Carmen.

Ejerció como juez instructor en Tafalla y en Ejea de los Caballeros y de Fiscal de Tasas den Guipúzcoa y Barcelona.

Lo llamaron “huracán Aizpún”. Fue un portento físico. Además, vistiendo y posando como futbolista podría haber vivido como modelo

El libro sorprende por el estudio minucioso que se hace de los compañeros de estudio de Aizpún, tanto en su época de estudiante de bachillerato como de derecho en Salamanca.

Es que al estudiar esas etapas me topé con un detalle curioso. Los compañeros de estudios de Aizpún en el instituto de Pamplona serían los grandes protagonistas de la política en Navarra durante la Dictadura, la II República, la Guerra y el Franquismo. En Salamanca, sería compañero de Gil Robles, fundador de la CEDA. Durante ese tiempo convivió con quienes en muy poco tiempo serían golpistas y otros asesinados. Algunos de esos compañeros serían también jueces que tendrían el mismo recorrido profesional que el propio Aizpún, como M. Valcárcel. Y ahí estaban, por ejemplo, Víctor Eúsa y Natalio Cayuela. El primero fue miembro de la Junta Carlista Central de Guerra en 1936 y el segundo asesinado ese mismo año. Cuando estalla la guerra en Pamplona, todos se conocían muy bien y sabían de qué pie cojeaba cada uno. A unos les fue bien haber sido amigos desde niños; en cambio, para otros, fue su perdición.

¿Y su faceta como futbolista?

Lo llamaron “huracán Aizpún”. Fue un portento físico. Además, vistiendo y posando como futbolista podría haber vivido como modelo. Tenía la pose de un dandy. No hay crónica deportiva que no alabe su juego, ni su categoría como “shooter”. Siendo estudiante en Salamanca (1913-1918), fue de los que animó el cotarro futbolístico de la ciudad donde el fútbol estaba en cierne. Jugó en el Club Deportivo, junto con el hijo de Unamuno, Pablo. Luego, lo hizo en el Sporting Club. Y siempre de un modo sobresaliente y comportamiento ejemplar.

Hay que señalar que fue su hermano Marcos, cinco años mayor, quien lo inició e introdujo en el mundo del fútbol. Marcos, periodista de El Pueblo Navarro, fue el gran teórico del football navarro a principios del siglo XX. Fue jugador, entrenador y secretario del Pamplona C. F., donde Eduardo lo hacía como jugador. También, jugaría en el Iruña.

En 1920, cuando se fundó el club, Aizpún tenía ya 25 años y ya se ganaba la vida como juez. Su participación como jugador fue, por tanto, muy corta. En diciembre de 1924, fue nombrado presidente honorario del club.

Terminado este periplo, exactamente a partir de 1926, Aizpún dejó de mantener relación alguna con el C. A. Osasuna. Ni siquiera cuando el equipo subió a primera división en la temporada 1934-1935, ni cuando se celebraron las bodas de plata, ni en ningún asunto de importancia institucional del club, hizo acto de presencia en Pamplona para apoyar al equipo como sí hicieron distintos jugadores de la época primera. Cortó toda relación con el club. Su afición futbolística la sustituyó por la pelota y la moto.

Ni fue republicano, ni de izquierdas, ni inhabilitado como juez, ni, menos aún, represaliado ni ejecutado. Ocurrió más bien todo lo contrario

El título del libro tiene dos partes. Una hace referencia al olvido en que su figura se ha sumido y otra a su caracterización como navarro ejemplar. Empecemos por lo del olvido.

En la celebración del centenario del Club Atlético Osasuna, fundado en 1920, el periodista Félix Monreal afirmó que Eduardo Aizpún Andueza seguía siendo el “presidente olvidado de Osasuna” -de ahí el título-, y que la “información institucional del club seguía olvidando a quien fuera su primer mandatario, fundador y futbolista”. Y era verdad. 

Tanto que, a pesar de que por activa y por pasiva se había dicho y escrito que Aizpún fue el primer presidente de Osasuna, en la web oficial del club seguía figurando Joaquín Rasero, alias Quinito, como tal. Pero eso no era lo peor. Lo peor sería la cantidad de malentendidos o falsedades que han escrito sobre él en la celebración del centenario del club…

Por ejemplo…

Se ha a decir que Aizpún fue “republicano y de izquierdas, a quien terminada la guerra fue inhabilitado como juez”. En el periódico de El País, se llegó a sostener que “Eduardo Aizpún fue represaliado y ejecutado en 1936.” Lo mismo que Ignacio Perillán, que fue secretario del club, pero nunca fue presidente como también se decía en la noticia.

Pero ni fue republicano, ni de izquierdas, ni inhabilitado como juez, ni, menos aún, represaliado ni ejecutado. Ocurrió más bien todo lo contrario.

Pero en el libro se habla de sus servicios a la II República como juez contra activistas con dicho gobierno…

Así. Es. Como muchos otros jueces que no tenían nada de republicanos y que, cuando tuvieron ocasión de manifestar su apoyo al golpismo lo hicieron sin tapujos. Claro que Aizpún ejerció como juez, del mismo modo que lo hizo durante Dictadura de Primo de Rivera. Lo hizo como juez instructor en la ciudad de Tafalla y, posteriormente, en Ejea de los Caballeros. 

Y lo hizo como juez especial por mandato del gobierno republicano. Se limitó a cumplir una orden con el cometido de abrir expedientes en todo el territorio nacional para juzgar a quienes supuestamente se habían confabulado en un complot multitudinario en España contra la II República. Como él, tres jueces más. Cumplieron con el expediente y, cuando en 1936 dieron los militares africanistas el golpe, dos de ellos siguieron apoyando la República y otros dos se aliaron con los golpistas. Entre estos, Aizpún, por lo que de republicano había que dejarlo en suspense. Quizás, su problema estuvo en que el estallido de la guerra lo pilló en Ejea y no tuvo otra salida. Es una conjetura. Sin más. También, durante la República, figuró como presidente de la Junta de la Reforma Agraria constituida en Navarra para llevar adelante dicha reforma, fracasando en su intento de mediación para hacer compatibles los intereses de los campesinos y la patronal agraria navarra. 

Conviene repetir que, tanto en la dictadura de Rivera como en la II República, se limitó a cumplir con lo exigido por ambos gobiernos. Nunca se supo cuál era la opinión que tenía de ambos sistemas políticos. De hecho, jamás escribió un artículo sobre este asunto. Tampoco sobre asuntos estrictamente jurídicos, a pesar de que en Wikipedia se le presenta como jurista.

Que un golpista falangista calificase a Aizpún de “navarro ejemplar” era todo un mal presagio

Cuentas que estando en Ejea de los Caballeros se manifestó públicamente a favor del golpe… 

En efecto. Esta le pilló en Ejea de los Caballeros, donde se mantuvo desde 1935 a 1940 como juez instructor. A partir de 1937, incoó expedientes de incautación de bienes contra los rojos, socialistas y republicanos de las Cinco Villas (Zaragoza) en aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas. Lo que había defendido durante la II República era ahora por lo que perseguía, juzgaba y condenaba. 

En plena guerra civil, manifestó públicamente su adhesión a los golpistas, sintiéndose “profundamente emocionado” por la concesión de la Laureada a Navarra por Franco en 1937. Su adhesión al golpe la publicarían los periódicos Diario de Navarra y El Pensamiento Navarro. Mientras lo hacía, su hermano Marcos y la esposa de este Rosaura López, inspectora de educación, eran destituidos de sus cargos, el primero, y encarcelada la segunda por oponerse al Glorioso Movimiento Nacional.

Terminada la guerra, el régimen lo nombra Fiscal provincial de Tasas de Guipúzcoa, donde se mantuvo desde 1940 a 1943. ¿En qué consistía esta función?

La Fiscalía de Tasas fue uno de los organismos más importantes de la represión franquista durante el racionamiento y, según historiadores, el más odiado por la población española. La represión política no hubiera sido nada sin la represión económica. La ley de septiembre de 1940 estableció la Fiscalía Superior de Tasas para perseguir lo que se denominó “mercado” negro. Fue el organismo encargado de perseguir y castigar todo tipo de actos poco acordes con las leyes fascistas, considerados como delitos. El rigor punitivo fue tan duro que las responsabilidades criminales en esta materia fueron atribuidas en 1941 a los tribunales militares de Justicia. Se castigaba económicamente con sumas fabulosas, pero también con el internamiento en los campos de concentración establecidos por el régimen. El régimen franquista elevó el delito económico a la categoría de rebelión que se castigaba con la pena de muerte. El periódico Diario Vasco publicaría cada una de las circulares conminatorias del Fiscal y las multas impuestas a cientos de ciudadanos que, supuestamente, infringían las leyes. 

Hablar de republicanismo y de izquierdas de Aizpún es música celestial

De Guipúzcoa pasaría ser Fiscal Provincial de Tasas de Barcelona, lo que podía entenderse como un premio a su labor desarrollada en la provincia vasca.

Así podía interpretarse. En Barcelona ejerció como tal fiscal desde 1943 a 1967. Se mantuvo en el cargo hasta que le llegó la jubilación, a diferencia de los gobernadores militares que pasaron por Barcelona que sí “sufrieron” el traslado debido a causas nunca aclaradas. Más aún, algunos de ellos tuvieron serios problemas con el “estraperlo”, pero no hay modo de saber si Aizpún intervino en sus casos pidiendo o no su destitución.

Su vida en Barcelona le llevó a relacionarse con las autoridades franquistas de más alto rango: Gobernadores militares, Fiscales de la audiencia de Barcelona, jefes del Movimiento, Alcaldes de la ciudad Condal, al mismo tiempo que con las familias más poderosas económicas de Cataluña, lo que supuso un trampolín económico y social especialmente para sus hijos. Participó en todas las celebraciones religiosas y militares que hubo en Barcelona con la presencia de Franco y otras autoridades franquistas. .Sin descartar sus buenas relaciones con las autoridades religiosas de Barcelona como el cardenal Gregorio Modrego Casaus, uno de los firmantes de la Carta Colectiva de los Obispos a favor del golpe de estado, y que en 1953 oficiaría la boda de su hija, Carmen Aizpún Terés. Por lo que hablar de republicanismo y de izquierdas de Aizpún es música celestial.

Hay un capítulo que resulta estremecedor y que se lee con la respiración contenida. Me refiero a su intervención como capitán del Cuerpo Jurídico Militar en Ciudad Real. Se le califica como “juez carnicero”.

En efecto. En esta ciudad se llevó adelante una de las más bárbaras represiones conocidas después de terminada la guerra. Aizpún fue el juez instructor más importante de ese grupo de jueces, tanto por el número de casos en los que intervino como por los expedientes militares tramitados que terminaron condenando a la pena de muerte a prisioneros rojos, incluidas varias mujeres. Todo ello en el período de 1939 a 1943. Se levantó un entramado judicial con el fin de “juzgar” a quienes se habían mostrado opositores al golpe y habían sido rojos en las distintas huelgas tenidas durante la II República, en especial en 1934. Una venganza en toda regla.

En el libro atribuyo la expresión de juez carnicero al historiador Juan Carlos Buitrago Oliver, pero dicho historiador jamás lo calificó así. Buitrago, historiador y gran conocedor de lo sucedido en Ciudad Real en la Guerra Civil, cuenta con pelos y señales los casos en que intervino el juez Aizpún, pero nunca lo califica de carnicero. Deja al lector que saque sus propias conclusiones y yo, como lector de tales expedientes me responsabilizo de dicha calificación, y que, por error, atribuí a la cosecha del historiador Juan Carlos Buitrago. Desde aquí le presento mis disculpas. 

Después de leer el libro, uno se pregunta, entonces, ¿en qué aspecto de los posibles se puede considerar Eduardo Aizpún como “un navarro ejemplar”?

La expresión “navarro ejemplar” se la atribuyó el periodista de Diario de Navarra, periódico golpista, Ángel Goicoechea Reclusa, que, con el tiempo, sería presidente de Osasuna y alcalde de Pamplona. Que un golpista falangista calificase a Aizpún de “navarro ejemplar” era todo un mal presagio. Bien sabemos quiénes eran para Diario de Navarra los “navarros ejemplares”. El mismo periodista lo dejaría muy claro cuando escribió de los futbolistas, que fueron fieles a la República y que habían salido vivos del golpe y habían regresado a España: “No los queremos en casa. Los futbolistas por buenos que sean, si son antiespañoles , ya no tienen que hacer nada en España. Que se queden en Rusia”.

Aizpún fue un personaje muy taciturno. Jamás se le oyó opinar ni por escrito, ni oralmente sobre ningún acontecimiento, ni deportivo, ni jurídico

Llama la atención que, cuando murió, la prensa navarra no hiciera mención alguna de su muerte.

Cuando murió, no hubo ninguna necrológica navarra que comentase su óbito. El colmo estuvo en que ni la Junta Directiva del Club Atlético Osasuna le dedicó una sola línea, ni, tampoco, ofició una misa a quien, desde las páginas de Diario de Navarra, fue considerado como “navarro ejemplar”, fundador, futbolista y presidente de Osasuna. El olvido, en efecto, se había cernido sobre su tumba. 

Me gustaría que, finalmente, nos dieses un retrato del personaje.

Aizpún fue un personaje muy taciturno. Su mayor virtud -y probablemente su “pecado”-, fue la discreción, tanta que jamás se le oyó opinar ni por escrito, ni oralmente sobre ningún acontecimiento, ni deportivo, ni jurídico. 

Yo no he encontrado ningún documento alguno firmado por su pluma donde reflexionara sobre fútbol, política, la familia, los jueces, el sistema judicial o la Dictadura; tampoco, lo hizo para alabarla. Sí he localizado en la Universidad de Nevada una carta que remitió a un dirigente del PNV que se había interesado por un militante encarcelado de Pamplona pidiéndole su intervención por el preso nacionalista José Aguerre. El juez, entonces fiscal provincial de tasas en Guipúzcoa, le contestó al mes de recibir la misiva con buenas palabras que le era imposible hacer nada. Y, por supuesto, tampoco, he consignado ninguna carta o documento que atestigüe su intervención ante las autoridades policiales pidiendo la libertad de su cuñada Rosaura López, encarcelada; ni mediar palabra alguna por su hermano Marcos represaliado por el régimen. 

Eduardo Aizpún, el presidente “olvidado” de Osasuna. Un navarro ejemplar