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lunes. 27.06.2022

El estadounidense Harvey Cleckley perfiló la definición de la maldad, vista desde un punto de vista clínico, en su libro “La Máscara de la Cordura”, publicado en 1941. En él define como malas: aquellas personas con un encanto superficial, egocéntricas, con una menor reacción afectiva, un razonamiento insuficiente, que no aprenden de la experiencia, no pueden amar, son mentirosas patológicas y unas personas fantasiosas que se inventan historias; inteligentes y manipuladoras que no tienen sentido de la culpa o remordimiento y que actúan bajo unos códigos éticos propios, diferentes de los del resto de la sociedad. Según Staub, para hablar del término maldad se deben dar conjuntamente en las conductas las siguientes características: Acciones intensamente dañinas, que implican dolor, sufrimiento y pérdida de la vida o de potencial personal y humano; ser reacciones ante un estímulo desencadenante que el agente percibe como adverso o ataque o amenaza o frustración; son conductas extremadamente dañinas, que resultan desproporcionadas con respecto a cualquier provocación; la cualidad distintiva de la maldad es su duración o repetición en el tiempo y todo ello ocurre cuando el agente excluye moralmente al otro y lo convierte en prescindible o irrelevante.

La sombra, una idea de la Psicología Analítica o Psicología Profunda, fundada por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, es un concepto que éste denominó como uno de los arquetipos esenciales del inconsciente personal. El arquetipo se refiere a la existencia de mitos universales repetidos a lo largo de la historia, temas culturales comunes e inconscientes de la humanidad (el denominado inconsciente colectivo); también se refiere a ciertas pautas de comportamiento adquiridos por vivencias individuales básicas. Son arquetipos la sombra, la máscara, el héroe, la bruja, el viejo sabio, el alma o el mal, por ejemplo. Jung afirmaba que la mente humana se compone de diferentes contrapuestos que generan tensión psicológica al oscilar entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la parte femenina y masculina de cada persona, etcétera, opuestos que siempre se implican mutuamente. La sombra representa el lado oscuro de nuestra personalidad, donde se esconden los instintos más primitivos de nuestro pasado evolutivo y los aspectos rechazados por nuestra mente consciente y social. Este lado oscuro se manifiesta en nuestros miedos, frustraciones e inseguridades cuando surge la confrontación entre nuestra identificación con ciertos valores que una cultura nos ha impuesto, y ciertas actitudes y rasgos inconscientes de nuestra personalidad que el Yo consciente rechaza por no reconocerlos como propios. La sombra personal es la parte psíquica de nuestra personalidad no asumida por nuestro consciente social predominante. Es el aspecto que consideramos negativo de nuestra personalidad que está contiguo a la conciencia y que no desaparece, se mantiene oculto y al acecho la mayor parte del tiempo, manifestándose cuando hay algún altercado molesto o situación conflictiva con los demás que genera emociones intensas. La sombra personal se va desarrollando desde la infancia a partir de nuestras experiencias y aprendizaje social, donde vamos desechando aquellas ideas o conductas que no consideramos adecuadas, según las normas morales y el contexto cultural en el que nos hemos educado. Cuando un niño tiene un pensamiento o conducta que cree que es inaceptable para la sociedad en que vive, sentirá un chispazo de ansiedad tan desagradable que termina reprimiendo o adormeciendo esa parte de sí mismo que considera prohibida. Y para rellenar ese vacío el niño crea un falso Yo, cuya función es mitigar el sufrimiento por la pérdida de su integridad original, su totalidad individual. Si a un niño se le enseña que existen “malos pensamientos”, se le estarán inculcando un miedo moral hacia su propio mundo interior, que tratará de anestesiar y extirpar de su experiencia interna. La gran mayoría de los seres humanos cargan desde la infancia con una gran cantidad de sufrimiento inconsciente que no han sabido aliviar. Todas las personas llevan dentro un ángel y un demonio, una parte correcta, noble y amable (nuestra máscara social consciente) y otra parte oscura, reprimida y generalmente inexplorada que alberga instintos heredados (como la rabia, la violencia, el odio, la mentira, la vergüenza, los celos, la culpa y en general la maldad).

Albert Einstein dijo: ”el mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”

Hace más de 100 años que el psicólogo Charles Spearman abordó el tema de la inteligencia humana. Así, y según este enfoque conocido como la teoría bifactorial, cada uno de nosotros disponemos de lo que se conoce como factor G, entendido como esa inteligencia general que recoge el conjunto de nuestras habilidades cognitivas. Partiendo de esta misma idea, el psicólogo de orientación cognitiva. Morten Moshagen de la Universidad de Ulm y sus colaboradores, decidieron investigar si en el campo de la maldad humana, al igual que ocurre con la inteligencia, hay también un factor general presente en cada uno de nosotros. Un factor donde haya personas que puntúen más alto y otras más bajo. Así, tras realizar un estudio con una amplia muestra de 2500 personas, los resultados fueron francamente significativos. Hallaron estos autores un componente general al que llamaron factor D, conformado por lo que denominaron como 9 rasgos oscuros, esos que solo puntúan más alto en personas con comportamiento malvado y agresivo. El factor D define la tendencia psicológica a situar los propios intereses, deseos o motivaciones personales por encima de cualquier otro aspecto, ya sean personas o cualquier otro tipo circunstancia. Los 9 rasgos oscuros del factor D son:

            1) El Egoísmo. Entendido como la preocupación excesiva por los propios intereses.

            2) El Maquiavelismo. Define a la persona con comportamientos manipulativos, frialdad emocional y mentalidad estratégica en busca de intereses propios.

            3) La Ausencia de ética y sentido moral. En cualquiera de sus acciones.

            4) El Narcisismo. Hace referencia a la admiración excesiva por la propia persona y búsqueda continuada del propio beneficio.

            5) El Tener derecho. Hace referencia a la convicción por la cual una persona se siente merecedora de más derechos y concesiones que los demás.

            6) La Psicopatía. Caracterizada por déficit afectivo, baja empatía, insensibilidad, tendencia a la mentira e impulsividad.

            7) El Sadismo. Comportamientos donde no se duda en infligir dolor a los demás mediante cualquier tipo de agresión, ya sea sexual o psicológico. Estos actos, además, les genera placer y sensación de dominio.

            8) El Interés social y material. Búsqueda constante de ganancias, ya sean refuerzos sociales, objetos materiales, reconocimiento o éxito.

            9) La Malevolencia. Preferencia por hacer el mal, ya sea mediante la agresión, el abuso, el robo o la humillación. 

El factor D puede entenderse como esa personalidad oscura donde quedan integrados gran parte de estos rasgos. Así, el hecho que más caracteriza a la maldad humana es que no solo busca en todo momento el propio beneficio sin tener en cuenta los derechos de los demás. Las personas caracterizadas por este factor D, encuentran además justificación en sus propios actos. 

En la historia, hay números ejemplos de seres humanos malvados, por ejemplo, tenemos sin duda a personajes tan significativos como lo fueron Hitler o Stalin o en otro ámbito Charles Manson, que fueron perpetradores del mal, personajes que impulsaron a otros a cometer violentos crímenes. Pero también el mal se aprecia en ciertas figuras más cercanas como pueden ser directivos de diversas organizaciones, está presente en las esferas políticas, en padres o madres que maltratan a sus hijos y hasta en  niños y adolescentes que acosan, humillan y agreden a sus compañeros de clase o incluso a sus padres entre otros.

Por último, compartir esta reflexión de Albert Einstein: ”el mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”.

Aspectos emocionales de la maldad: el factor D